Cuando la tecnología de los auriculares nos puede afectar la salud

Por: José Miguel Ávila Pérez
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El volumen y el tiempo de uso de los auriculares son los factores claves de los que depende el daño auditivo. Foto: Archivo

Una afirmación se ha vuelto viral en las redes sociales, por estos días, al comparar el uso prolongado de auriculares Bluetooth con “ponerse un microondas en la cabeza”.

La preocupación surge porque estos dispositivos utilizan radiofrecuencia para transmitir información de manera inalámbrica y permanecen muy cerca de la cabeza durante su uso.

Sin embargo, la exposición depende de la potencia del dispositivo. Un estudio que midió situaciones reales encontró que los auriculares Bluetooth producían niveles de exposición entre 10 y 400 veces menores que los teléfonos móviles colocados junto al oído.

Esto significa que no son equivalentes a un microondas, cuya potencia y funcionamiento son completamente diferentes.

La Organización Mundial de la Salud continúa evaluando los posibles efectos de la exposición a campos de radiofrecuencia y señala que todavía existen áreas que requieren investigación.

Las revisiones disponibles tampoco permiten afirmar que los dispositivos Bluetooth causen daño cerebral por su uso habitual.

De hecho, un estudio experimental con auriculares Bluetooth no encontró efectos a corto plazo sobre la actividad del nervio auditivo en las condiciones analizadas.

¿Será esta teoría alarmista? La verdad sobre la exposición a radiofrecuencia no esta definitivamente resuelta, pero sí pone en contexto la comparación alarmista de la imagen.

Por ahora, la evidencia disponible no respalda decir que usar auriculares Bluetooth sea como colocar un microondas sobre la cabeza.

La investigación continúa para conocer mejor los efectos de exposiciones prolongadas y de las nuevas tecnologías inalámbricas.

De todos modos recuerdo, en una visita a la Clínica de Audición en la ciudad de Holguín, que me aconsejaron utilizar, lo menos posible, los audífonos para cuidar la salud de mis oídos. Sin embargo, no hay peor sordo que el que no quiere oír.

Un uso extralimitado de los auriculares puede provocar no solo un daño auditivo, sino otros problemas como infecciones. En concreto, Manuel Mozota, responsable del Grupo de Trabajo de Otorrinolaringología de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), subraya que una utilización excesiva de los cascos puede perjudicar a la audición a través de dos procesos.

«Uno de ellos es por el trauma acústico que producen las ondas sonoras al chocar contra el tímpano y al estimular en exceso al nervio auditivo. Esto depende fundamentalmente de la intensidad y de la duración del estímulo», explica el especialista.

El otro mecanismo al que hace referencia Núñez es aquel que se debe al roce de los auriculares, a la falta de transpiración o a la suciedad que se acumula. La mala aireación puede provocar un exceso de humedad, desembocando en ocasiones en una micosis. Asimismo, es posible que la falta de asepsia (ausencia de gérmenes) sea la responsable de infecciones bacterianas.

En el caso de la micosis (infección producida por hongos), se puede producir cuando coinciden varios factores, a los que alude Faustino Núñez Batalla, presidente de la Comisión de Audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL):

  • Uso prolongado de los auriculares (más de una hora al día).
  • Clima caluroso.
  • Presencia de humedad en los conductos auditivos (por ejemplo, al salir de la ducha o de la piscina).
  • Empleo de los auriculares de una persona que sufre micosis.

¿Cuál es el tiempo recomendable de uso de los auriculares?

El volumen y el tiempo de exposición son los factores claves de los que depende el daño auditivo. En este sentido, Núñez nombra la regla de los 60: «Los auriculares a intensidades sonoras altas se asocian a la pérdida auditiva cuando se mantiene una intensidad más alta del 60 por ciento del volumen del dispositivo durante más de 60 minutos al día».

Mozota añade que hay que tener en cuenta la calidad de los aparatos que usemos, si estos se meten en el conducto auditivo externo o, por el contrario, no se introducen y tienen un almohadillado. Estos últimos son los más recomendables debido a que aíslan al oído del sonido exterior y evitan subir el volumen más de lo necesario. Por el contrario, los auriculares de inserción son los que más cerca se encuentran del tímpano, aumentando la presión sonora, así como el riesgo de daño auditivo.

José Miguel Ávila Pérez
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