Fútbol: cuando la pasión no se rompe ni se apaga

Por: Alvaro Raúl Suárez Leyva
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Foto: Álvaro Suárez

Dicen que el fútbol es una religión sin ateos, pero en Cuba es además un milagro cotidiano. En esta cita de Copa Mundial de la FIFA 2026 —donde la marea roja de la selección española vuelve a despertar pasiones encontradas y eufóricas en todo el archipiélago, con su victoria ante la también amada selección argentina— el país entero se detiene o, mejor dicho, se transforma.

Pese a la compleja situación económica, la escasez de recursos y los persistentes apagones que a menudo amenazan con apagar la pantalla en el minuto noventa, la afición cubana demuestra que la pasión futbolera no depende de una conexión eléctrica, sino del corazón.

Cuando la luz se va justo antes del pitazo inicial, florece la inventiva. Un televisor alimentado por una batería o una planta, la radio a pilas sintonizada a todo volumen en el portal, o la aglomeración fraterna en la casa del vecino que logró mantener la señal, convierten cualquier esquina en una pequeña grada del estadio.

Nadie se queda sin saber cómo va el partido; el grito de gol se transmite de boca en boca, de balcón a balcón, como una chispa que enciende la noche.

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Infografía: Álvaro Suárez

Un deporte que se respira en el barrio

Pero la verdadera magia de este deporte en Cuba no nace en las pantallas ni se limita a las aulas de las Escuelas de Iniciación Deportiva (EIDE). La auténtica cantera cubana está en el barrio.

Allí, donde el terreno puede ser una calle asfaltada, un canchón de tierra o un pedazo de hierba irregular, el fútbol se juega con las reglas de la creatividad:

·         Las porterías improvisadas: Dos piedras, dos chancletas o un par de palos clavados en la tierra bastan para delimitar el sagrado espacio del gol.

·         Indumentaria con historia: Unos zapatos desgastados, unos tenis «remendados» o simplemente los pies descalzos sobre la tierra tibia son suficientes para correr tras el balón.

·         El valor del uniforme: Aunque una camiseta oficial de la selección de España o de cualquier club sea hoy un lujo casi inalcanzable, siempre aparece una camiseta raída con el número pintado a mano o el orgullo de lucir los colores que representan el amor por la camiseta.

Más que un juego, un refugio

En medio de las vicisitudes diarias, el fútbol actúa en la sociedad cubana como un catalizador de alegría, un espacio de escape y hermandad. No importa cuán duro haya sido el día o cuántas horas de apagón aguarden al regresar a casa: cuando la pelota rueda, las preocupaciones quedan fuera del terreno improvisado.

El pitazo final de un Mundial puede declarar a un campeón en la cancha oficial, pero en las calles de Holguín y de toda Cuba, el verdadero triunfo es de esa gente que, sin más aditamentos que un balón y muchas ganas, sigue demostrando que la pasión no se rompe ni se apaga.

Alvaro Raúl Suárez Leyva