Ciclón Subtropical

Inicio de temporada ciclónica en Cuba, la alerta temprana de los vientos

Este 1ro de junio, Cuba da inicio oficialmente a una nueva temporada ciclónica en el Atlántico Norte, el Golfo de México y el mar Caribe. Para las familias cubanas, esta fecha no es un simple recordatorio en el calendario; es un llamado anual a la memoria, la previsión y la unidad.

En la provincia de Holguín, este inicio de campaña meteorológica se vive con una sensibilidad especial, pues la tierra oriental aún guarda las cicatrices frescas y profundas del paso del huracán Melissa.

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Es necesario analizar lo que la ciencia nos adelanta. El Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología (INSMET) ha emitido un pronóstico moderadamente favorable. Se prevé una temporada menos activa de lo normal.

De acuerdo con los especialistas, el factor determinante detrás de este comportamiento será el desarrollo del fenómeno El Niño, un evento climático que históricamente actúa como un freno para la actividad ciclónica en nuestra región.

Sin embargo, una temporada menos activa nunca debe traducirse en calma total o descuido. El peligro de que Cuba sea afectada por al menos un huracán se mantiene en un 40 %, una cifra que supera el promedio histórico del 35 %. En consecuencia, este porcentaje no es una invitación a la tranquilidad, sino un mandato imperativo para la preparación desde el hogar.

Para comprender la urgencia de este llamado, basta con mirar la historia de nuestro territorio. Holguín conoce de cerca la furia de la naturaleza. Imposible olvidar septiembre de 2008, cuando el gigantesco huracán Ike, con categoría 4 y vientos de 230 kilómetros por hora, azotó las cercanías de Punta Lucrecia, dejando pérdidas materiales severas y el dolor de cuatro vidas perdidas en el oriente cubano.

En 2012, el huracán Sandy castigó con saña municipios como Mayarí, Cueto, Antilla, Banes, Urbano Noris, Báguanos y Rafael Freyre.

La herida más reciente y dolorosa la sufrimos el pasado 29 de octubre de 2025 con el impacto de Melissa. Aquella noche, el poderoso ciclón atravesó Santiago de Cuba y Holguín, provocando inundaciones masivas, deslizamientos de tierra en nuestras montañas y el colapso de infraestructuras vulnerables. Cientos de hogares holguineros quedaron bajo el agua.

El impacto social fue devastador, más de 193 escuelas sufrieron daños estructurales en municipios como Holguín, Cacocum, Gibara, Báguanos, Mayarí y Sagua de Tánamo.

Otras 100 instituciones sanitarias requirieron reconstrucción, mientras nuestros médicos batallaban en la fase posdesastre para contener brotes de arbovirosis y enfermedades diarreicas.

La memoria histórica de la Isla nos conecta con grandes tragedias, desde el catastrófico huracán de Santa Cruz del Sur en 1932 (con sus cerca de 3 000 muertes), el lento y errático Flora en 1963 —con el cual muchos comparan la devastación de Melissa—, hasta el destructivo Irma en 2017.

Nombres que, en definitiva, representan dolor, pero también la capacidad de levantarnos.

La Organización Meteorológica Mundial ya ha definido la lista de nombres para la temporada ciclónica de este 2026 (encabezada por Arthur, Bertha y Cristobal), la verdadera historia la escribirá la naturaleza y, sobre todo, nuestra capacidad de respuesta. Durante la primera mitad de junio, el peligro principal se concentra en el mar Caribe occidental, amenazando tradicionalmente a la zona occidental y a la Isla de la Juventud.

Por consiguiente, la alerta es general. Frente a este escenario, el principal escudo de Cuba no es la suerte, sino su pueblo organizado a través de la Defensa Civil. Ante la amenaza del huracán Melissa, la evacuación oportuna de más de 700 000 personas en apenas 48 horas demostró por qué nuestro sistema es reconocido a nivel global por la ONU.

El llamado hoy es a la acción familiar y comunitaria. Es el momento de revisar los techos, asegurar los desagües, proteger los depósitos de agua, alistar linternas, baterías, medicamentos esenciales y resguardar los documentos personales. Resulta mantener la disciplina informativa: informarse exclusivamente a través de los partes oficiales de nuestros meteorólogos y de los medios de prensa públicos, cerrándole el paso a los rumores malintencionados en las redes sociales.

Holguín conoce el sonido del viento y el olor de las crecidas que bajan de las sierras, pero también conoce la fuerza de la mano solidaria que reconstruye.

Este 1ro de junio la temporada ciclónica 2026 nos encuentra alertas, preparados y unidos. Porque en Cuba, la mayor certeza ante el peligro sigue siendo la organización de su gente.