Conferencia Jornada del Cariño en Holguín
Foto: Reynaldo Zaldivar

Ofrecen conferencia sobre Martí en Jornada del Cariño en Holguín

Ni reformista, ni anexionista: «José Martí fue un antimperialista lúcido y radical». Bajo esa premisa, el Dr.C. Alexander Abreu Pupo sacudió el auditorio de la Biblioteca Álex Urquiola en Holguín, durante una conferencia magistral que devolvió al Apóstol a su lugar más incómodo para el enemigo: el de la trinchera de las ideas.

La historia no se escribe con concesiones. Abreu Pupo inició su intervención evocando el dolor de Máximo Gómez ante la caída del Maestro en Dos Ríos. El Generalísimo no lloraba solo a un amigo, despedía al «alma del levantamiento». Pero esa autoridad moral no nació de la nada.

El conferencista situó el origen de esa firmeza en 1869. Con apenas 16 años, Martí enfrentó los grilletes y el presidio por llamar «apóstata» a quien traicionó sus ideales. Esa experiencia, lejos de doblegarlo, le dio las lecciones necesarias para una vida que él mismo auguraba corta, pero que debía ser aprovechada al máximo en función de la libertad de Cuba.

El escenario político de finales del siglo XIX era un campo de minas ideológico. Mientras el «Partido Liberal Autonomista» vendía la idea de una «independencia por evolución» —una espera paciente por la decadencia española—, Martí entendió que la soberanía no se hereda, se conquista.

El núcleo central del debate académico se concentró en desarticular los espejismos políticos que pretendían frenar la gesta libertadora, subrayando que Martí no dio tregua al reformismo ni a la denominada «libertad cómoda». Por consiguiente, el Apóstol centró sus esfuerzos en neutralizar el discurso del Partido Liberal Autonomista —que apostaba por una evolución pasiva frente a la decadencia española— bajo la convicción de que la soberanía nacional no podía ser el resultado de una espera biológica, sino de una conquista revolucionaria.

Esta estrategia de resistencia se materializó en la fundación de un partido político en pie y erguido, diseñado específicamente para salvaguardar la dignidad patria frente a quienes, por temor a perder sus fortunas personales, preferían la sombra del anexionismo antes que el sacrificio de la independencia absoluta.

La lucidez de Martí fue, en esencia, su capacidad de ver el futuro.

Abreu Pupo citó la carta de 1889 donde el Apóstol denunciaba el deseo de los Estados Unidos de tratar a nuestras naciones como «dependencias naturales».

Esta advertencia no ha perdido un ápice de fuerza. Según el académico, lo que Martí anunció hace 130 años es la raíz del bloqueo actual y de las estrategias de recolonización cultural.

Asimismo, denunció las versiones «acomodadas» de Martí que hoy pululan en el ecosistema digital, intentando presentarlo como un intelectual dócil.

Al cierre de la cuarta edición de la Jornada del Cariño «Martí en los holguineros», el mensaje quedó claro: no puede faltarnos Martí.

La conferencia fue un llamado a la coherencia. Al acercarnos al centenario de Fidel Castro en 2026, la figura del Apóstol se reafirma no como un busto de mármol, sino como el guía indispensable para entender que la independencia es un ejercicio cotidiano de dignidad.

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