Holguín, sede de las Romerías de Mayo. En el parque Calixto García, el bullicio no es el habitual de los jardines coloniales; es un murmullo denso, eléctrico, que precede a la tormenta de los tambores. Las miradas apuntan a la cumbre. Allá arriba, en la Loma de la Cruz, los 458 escalones esperan. Pero quienes parten hoy no buscan penitencia religiosa, buscan la herejía del arte.
Hoy comienza la edición 33 del Festival Mundial de Juventudes Artísticas, y aunque una conferencia de prensa oficial anuncia que se «honrará el pensamiento intelectual de Fidel Castro» o que la gala estará a cargo de Norberto Leyva Band, la historia real que se escribe en estas calles no está en los discursos. Está en las suelas gastadas de los jóvenes que, desde 1994, convierten esta ciudad en la Capital del Arte Joven de Cuba.
El origen: La cruz que se hizo Hacha
Para entender este suceso, hay que escarbar en el siglo XVIII. Por aquellos años, un fraile llamado Antonio José Alegre puso una cruz en la cima del cerro Bayado para espantar epidemias. Desde entonces, los holguineros subían por fe. Pero en 1994, en el «Período Especial», cuando Cuba se desmoronaba, un grupo de jóvenes de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) decidió que no se podía vivir solo de la fe religiosa; hacía falta fe en la juventud.
Así nació la resemantización. La cruz se transformó en el Hacha de Holguín, símbolo de la ciudad. La peregrinación católica se convirtió en la Pre-Romerías: una invasión pacífica y ruidosa de las arterias principales. Aquello no era una procesión, era un asalto simbólico a la modernidad y al silencio. Como recordó hace poco Alexis Triana, presidente de honor, el sueño era «sacar a ese cerro de su letargo». Tres décadas después, siguen subiendo.
La columna vertebral: Memoria nuestra y resiliencia
El desfile de esta noche no es solo una fiesta. Es la punta del iceberg de un monstruo intelectual llamado Congreso de Pensamiento «Memoria Nuestra».
A lo largo de 33 ediciones, este evento ha sido la columna vertebral del festival. Mientras en las calles suena el rap y el rock, en las salas de la Periquera y en los parques se cuece el debate duro. Los organizadores han anunciado que este año los espacios teóricos se fusionarán debido a las circunstancias energéticas del país. Esa es la gran clave de las Romerías contemporáneas: la capacidad de adaptarse sin perder el golpe.
No se trata de una cuestión logística menor. En un país donde el déficit de combustible y la electricidad son monstruos cotidianos, la AHS ha decidido que no se suspende la fiesta, se reinventa la forma. La música se traslada a plazas más caminables, los paneles se acortan o se hacen en la calle. La adversidad, ese viejo fantasma cubano, aquí se convierte en formato.
Uno de los méritos más grandes de esta cita es que rompe con el centralismo. Mientras La Habana concentra las miradas del mundo, durante esta semana Holguín es el ombligo del universo cultural.
En esta edición 33, las brigadas artísticas no solo vienen de la capital, sino de Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo. Y no vienen de paseo. Vienen a ocupar los espacios más sagrados del festival: «Babel», para las artes visuales, «Palabras Compartidas», para la literatura, o «Cámara Azul», para el audiovisual.
Las Romerías de Mayo son una declaración de principios: el arte joven cubano no se agota en el centro citadino habanero, se respira en la provincia. Y al hacerlo, le devuelve a Holguín un orgullo identitario que ninguna otra provincia del oriente cubano logra replicar en esta magnitud. Por eso Holguín es la capital: no solo porque ocurre aquí, sino porque aquí dialogan todas las voces del archipiélago.
La edición 33, dedicada al centenario de Fidel Castro y al aniversario 40 de la AHS, mantiene sus dos almas musicales bien definidas.
Por un lado, la calle saturada de Rockmerías, donde el metal y el punk le cantan a la desidia existencial con una energía que parece querer fundir los transformationadores (cosa peligrosa en tiempos de crisis eléctrica, pero hermosa metáfora). Por otro, el cierre de lujo con Isaac Delgado y su Orquesta, que sellará la noche del día 8 con el lema institucional de la memoria histórica.
Pero ojo, que el preámbulo de esta noche del 2 de mayo, corre por cuenta de Norberto Leyva Band en la Plaza de la Marqueta. La mezcla es intencional: van desde el formato sinfónico hasta la timba, pasando por la trova y el hip hop. No hay purismo en Romerías; hay un crisol donde cabe todo, siempre que sea joven o que lata con furia joven.
En el simbolismo, es la edad de la madurez plena, la del Cristo que resucita. Para las Romerías, que nacieron con la AHS en los años 90, estos números representan la institucionalización de la rebeldía.
Hoy, al caer la tarde, mientras la peregrinación sale desde el parque Calixto García, miles de jóvenes llevan en sus manos un hacha invisible. Han aprendido que la tradición no es estar quieto en un museo, sino caminar hacia arriba, con 458 escalones de por medio, fundando una «capital» que solo existe durante siete días al año.
El resto del año, Holguín es una ciudad tranquila del oriente cubano. Pero del 2 al 8 de mayo, es la trinchera donde el arte demuestra que no necesita de grandes recursos para ser eterno, solo de un puñado de locos que se niegan a bajar del cerro.
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