Bancarización en Cuba

¿Dónde se controla la bancarización?

En Cuba, la discusión sobre la bancarización suele enfocarse en el comercio minorista, en el pequeño vendedor o el punto de venta, pero el verdadero problema está más arriba en la cadena.

El desafío no es simplemente que los consumidores paguen con tarjeta o código QR, sino que el sistema comercial completo —desde el proveedor hasta el transportista y distribuidor— funcione bajo una lógica bancaria clara.

Hoy, esa cadena tiene múltiples eslabones y la mayoría se mueve todavía en efectivo. El dinero físico pasa de mano en mano sin registro, lo que hace muy difícil implementar controles, rastrear operaciones y garantizar que los pagos electrónicos sean una opción viable.

Cuando el proveedor le vende al distribuidor y este, a su vez, abastece a los minoristas, casi siempre hay tres o cuatro mediaciones antes de llegar al consumidor final. Cada una de esas etapas depende de acuerdos informales o pagos directos en efectivo, fuera del sistema bancario.

Por eso, aunque el comercio minorista es el rostro visible del problema, la raíz está en la estructura económica detrás de él.

Si el resto de la cadena no está bancarizada, el paso hacia la digitalización en la venta directa será superficial y difícil de sostener.

De ahí que existe la necesidad de cambiar las dinámicas comerciales que llevan años basándose en la liquidez inmediata y la informalidad.

En definitiva, mientras la bancarización no logre alcanzar a todos los actores que sostienen la economía interna —y mientras los pagos entre comerciantes y proveedores sigan fuera del circuito financiero formal—, el país continuará operando con una economía paralela, con el efectivo como protagonista y con una digitalización que avanza, pero sin cimientos sólidos para mantenerse en el tiempo.

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