En el corazón de Holguín, mientras la ciudad se sumerge en el silencio de la noche, una práctica nociva cobra vida. La quema de basura y residuos tóxicos se ha convertido en un ritual clandestino, llevado a cabo por manos inescrupulosas que ignoran las consecuencias de este acto para la salud de todos los que convivimos cerca de un contenedor de basura o simplemente de cualquier espacio donde comenzaron un buen día a echar basura hasta convertirse en grandes vertederos donde va a parar todo tipo de desechos.
Este escenario penosamente se reitera en tantos rincones de los repartos holguineros que ya perdí la cuenta y lo peor llega cuando los desechos se convierten en humo y cenizas.
Quienes vivimos en esta ciudad, considerada alguna vez una de las más limpias de Cuba, ahora enfrentamos un enemigo invisible: la toxicidad que trae la quema de los más disímiles materiales que arden en las cajas ampiroles. Desde tubos LED rotos, pomos plásticos, hasta animales en descomposición, restos de comidas y algún que otro frasco o blíster de medicamentos vencidos. No se puede pasar por alto un peligro latente: los residuos incinerados no solo son un atentado contra el medio ambiente, sino una amenaza directa a la salud.

Tal vez gana la ignorancia de quienes ven el fuego como una solución rápida a un problema que requiere atención responsable o quizás el desconocimiento sobre los efectos nocivos de estas prácticas nos cobra cuentas. Lo cierto es que cada bocanada de aire contaminado es un recordatorio de que la salud de muchos puede estar en juego.
Las regulaciones del CITMA y las normativas medioambientales parecen ser letra muerta en papel si no se aplican con rigor. ¿Pero cómo frenar esta tendencia peligrosa? La respuesta es clara: una combinación de educación, vigilancia y sanciones efectivas. Es fundamental intensificar los argumentos sobre los peligros de la quema de desechos y por qué no aspirar a que las autoridades ambientales en un trabajo multisectorial identifiquen y sancionen a los infractores.

Sin embargo, más allá de identificar este problema resulta necesario que se busquen alternativas efectivas para el manejo de residuos. Aunque cada día que pasa resulta casi un imposible respirar aire fresco, todavía se puede transformar el panorama actual. Para ello habrá que dejar de lado la apatía e involucrar a las comunidades con iniciativas ecológicas.

Holguín tiene potencial para recuperar su estatus como una ciudad limpia y saludable. La clave está en actuar con determinación y compromiso. Si dejamos de tirar en cualquier lado lo que en el día a día desechamos para llevarlo hasta donde debe ser, podemos erradicar la quema de residuos y devolverle a nuestra ciudad el aire puro que merece.
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