La agricultura en Cuba, pilar fundamental de la economía y la soberanía alimentaria, enfrenta hoy una profunda crisis que pone en riesgo no solo el abastecimiento interno, sino también el desarrollo sostenible de la nación.
Durante décadas, este sector ha experimentado un notable decaimiento debido a múltiples factores como la falta de inversión, el envejecimiento de la infraestructura, las limitaciones en insumos y tecnología, así como las dificultades para acceder a mercados competitivos. Estos retos se agudizan en el contexto actual de crisis económica y restricciones internacionales, haciendo que la producción agrícola quede muy por debajo de las necesidades del país.
Un tema que preocupa especialmente a la población es el elevado precio de los productos agrícolas en el mercado. Muchas veces se señala al productor como responsable, pero esta percepción está lejos de la realidad.
Los agricultores cubanos enfrentan costos muy altos en insumos, transporte, fertilizantes y mano de obra; además, su labor demanda un esfuerzo constante en condiciones muchas veces adversas. Por ello, los precios reflejan no un intento de lucro excesivo, sino la carga real que significa producir en medio de la crisis. Es injusto culpar a quienes trabajan la tierra cuando las causas verdaderas están en el complicado entramado económico que golpea al país.
En la provincia de Holguín, un territorio con condiciones naturales propicias para la agricultura, este panorama no es distinto. A pesar del potencial agronómico y del compromiso de pequeños y medianos agricultores, la región enfrenta desafíos similares: falta de recursos, infraestructura deteriorada y limitaciones en la distribución de productos. Sin embargo, Holguín también representa una esperanza para la recuperación agrícola en Cuba gracias a iniciativas de producción diversificada y colaborativa que buscan revitalizar el campo y garantizar alimentos frescos a su población.
En definitiva, rescatar la agricultura cubana no es solo una cuestión económica, sino una necesidad social y estratégica. Es tiempo de reconocer el valor del sector agropecuario y actuar con decisión para que vuelva a ser motor de bienestar y soberanía. Solo así podremos enfrentar con éxito los retos actuales y garantizar un futuro más próspero para Cuba y para Holguín en particular.

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