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Foto: Tomada de folou.co

Día Mundial del Aprendizaje: el valor de aprender frente a la adversidad (+ Video)

Cada 23 de marzo, el mundo conmemora el Día Mundial del Aprendizaje, una fecha que nos invita a reflexionar sobre un proceso tan antiguo como la humanidad, pero más vigente que nunca. Instaurada para recordar que el aprendizaje no termina con un título universitario ni con la juventud, esta celebración busca posicionar la capacidad de adquirir conocimientos como un derecho y una herramienta esencial a lo largo de toda la vida. En un contexto global marcado por la rapidez de los cambios tecnológicos y la incertidumbre, volver la mirada hacia cómo aprendemos y por qué lo hacemos se vuelve un ejercicio de profunda responsabilidad colectiva.

El mundo actual nos exige ser aprendices permanentes. Según organismos internacionales como la Unesco, el aprendizaje no se trata solo de acumular datos, sino de desarrollar la capacidad de adaptarse, de desaprender para volver a aprender, y de aplicar el conocimiento para resolver problemas reales. Vivimos en una sociedad donde la información sobra, pero el conocimiento bien procesado escasea; por ello, fomentar el pensamiento crítico y la curiosidad intelectual es más necesario que nunca.

La situación global del aprendizaje es motivo de preocupación. A cinco años del plazo fijado por la Agenda 2030, el panorama educativo mundial está lejos de cumplir las metas. Datos de la Unesco revelan que 250 millones de niños y jóvenes no están escolarizados, y 763 millones de adultos son analfabetos. En África Subsahariana, solo el 29 por ciento de los jóvenes termina la secundaria superior, frente al 62 por ciento global. Además, se estima una falta de 69 millones de docentes para alcanzar los objetivos educativos hacia 2030.

El Informe GEM 2026, de este organismo, es contundente: ninguna de las metas del Objetivo de Desarrollo Sostenible cuatro va camino de cumplirse. El número de niños fuera de la escuela lleva una década estancado, los niveles de aprendizaje han retrocedido en numerosos países, y las desigualdades por origen social, territorio o género se mantienen profundas. La pandemia agravó problemas estructurales, y la brecha digital sigue ampliando estas diferencias.

En Cuba, la promoción del aprendizaje ha sido históricamente un pilar fundamental. Desde los primeros años de la Revolución, el país construyó un sistema educativo sólido basado en la premisa de la educación como derecho de todos. A lo largo de los años, se ha destacado una experiencia positiva en la formación de profesionales altamente calificados y en campañas de alfabetización que trascienden fronteras. La nación cubana ha sabido promover el aprendizaje no solo en las aulas, sino a través de programas comunitarios, la educación artística y el deporte, entendiendo que el desarrollo integral de la persona es la base del progreso social.

Sin embargo, como ocurre en cualquier lugar del mundo, el panorama actual presenta limitaciones que no pueden obviarse. Las dificultades económicas, la escasez de recursos tecnológicos y el impacto del bloqueo afectan la infraestructura educativa y limitan el acceso a fuentes de conocimiento actualizadas.

La brecha digital se convierte en un obstáculo real cuando el mundo avanza hacia plataformas virtuales y entornos de aprendizaje interactivos que, en muchas ocasiones, resultan de difícil acceso para la población cubana. Estas limitaciones, lejos de ser un secreto, forman parte de los retos que el país debe enfrentar para garantizar que el aprendizaje siga siendo esa herramienta de superación personal que tanto se ha promovido.

A pesar de estas dificultades, sería injusto no reconocer que en Cuba persiste una cultura del esfuerzo intelectual. En los hogares, en los centros de trabajo y en las comunidades, se mantiene viva la convicción de que el estudio es un pilar fundamental para el desarrollo personal. La constancia y la perseverancia, valores inculcados desde edades tempranas, permiten que muchas personas saquen el máximo provecho a los recursos disponibles, demostrando que, aunque la tecnología acelera el aprendizaje, la voluntad y la disciplina siguen siendo insustituibles.

El aprendizaje nunca ha sido un camino fácil, y en tiempos de crisis, menos aún. Pero, precisamente, en esos momentos, aprender se convierte en un acto de resiliencia. No importa si se hace desde un aula universitaria bien equipada, desde una biblioteca modesta o a través de la pantalla de un teléfono con conexión limitada; lo esencial es no perder la curiosidad por entender el mundo y la humildad para reconocer que siempre hay algo nuevo por descubrir.

Hoy, más que nunca, debemos motivarnos a seguir aprendiendo. Aprender a escuchar otras voces, a cuestionar lo establecido con argumentos, a colaborar con quienes nos rodean, porque juntos construimos un conocimiento más sólido. Cada libro leído, cada habilidad adquirida, cada error que nos deja una lección, es un paso hacia una vida más plena y una sociedad más justa. Ese es el verdadero poder del aprendizaje: su capacidad de hacernos mejores, incluso, en medio de las tormentas.