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El aprendizaje digital y el reto de transformar la educación

Cada 19 de marzo, desde su designación por la Unesco en 2023, el mundo celebra el Día Internacional del Aprendizaje Digital, una fecha que invita a reflexionar sobre el papel de la tecnología en la educación y su potencial para garantizar el derecho humano a aprender en cualquier contexto.

El aprendizaje digital, entendido como todo proceso formativo mediado por tecnologías, desde plataformas en línea hasta recursos educativos abiertos, ha dejado de ser una alternativa para convertirse en una necesidad social, especialmente en un mundo que enfrenta crisis cada vez más frecuentes, como quedó demostrado durante la pandemia de Covid-19, cuando los países con menor infraestructura digital sufrieron las mayores interrupciones educativas.

En demasiados contextos, estudiantes, docentes y familias carecen de referentes claros donde encontrar herramientas de calidad. La respuesta a este desafío implica construir bienes comunes digitales que complementen y enriquezcan la educación presencial, no que la sustituyan, bajo un enfoque humanista donde la tecnología sirva a las personas y no al revés.

Cuba no ha permanecido ajena a este movimiento global. La transformación digital se ha convertido en un pilar estratégico del sistema educativo nacional, con acciones concretas que abarcan desde la concepción de la disciplina informática en todos los niveles de enseñanza hasta la producción de contenidos a través del portal Cubaeduca y la transmisión de programación educativa por el Canal Educativo.

A estas iniciativas se suman los Joven Club de Computación y Electrónica, presentes en todos los municipios del país, que durante décadas han desempeñado un papel fundamental en la alfabetización digital de niños, jóvenes y adultos, así como en la formación de una cultura informática en las comunidades.

En el ámbito institucional, el Ministerio de Educación ha impulsado la creación de repositorios de recursos educativos digitales y la capacitación sistemática del personal docente en el uso pedagógico de las tecnologías. Asimismo en las universidades se han incorporado asignaturas y módulos de formación en competencias digitales dentro de sus currículos, conscientes de que el maestro del siglo XXI debe ser capaz de navegar en entornos virtuales, seleccionar críticamente información y mediar el aprendizaje de sus estudiantes en escenarios cada vez más híbridos.

En este contexto, la inteligencia artificial irrumpe como una de las tecnologías con mayor potencial transformador, pero también como un desafío pedagógico y ético de primera magnitud. Consciente de ello, el Ministerio de Educación ha comenzado a trazar estrategias para su incorporación gradual y reflexiva en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

No se trata solo de enseñar a usar herramientas de IA, sino de formar a las nuevas generaciones en una comprensión crítica de sus implicaciones: desde la veracidad de la información generada por algoritmos hasta los sesgos que pueden perpetuar desigualdades. En tal sentido, se han habilitado espacios colaborativos para que los docentes desarrollen competencias digitales avanzadas y exploren, desde una perspectiva pedagógica y humanista, el uso responsable de estas tecnologías en todos los niveles educativos.

Sin embargo, el camino hacia la plena integración digital enfrenta obstáculos significativos. La brecha digital en Cuba se manifiesta en limitaciones de conectividad, especialmente en zonas rurales y montañosas, donde el acceso a internet es aún precario o inexistente. A ello se suma la obsolescencia del parque tecnológico en muchas escuelas y la necesidad de fortalecer la formación docente en competencias tecnológicas, no solo desde el punto de vista instrumental sino también didáctico y pedagógico.

La experiencia durante la pandemia evidenció que no basta con tener dispositivos; se requiere una planificación institucional que garantice equidad en el acceso y calidad en los procesos, así como el acompañamiento de docentes y familias que debieron asumir roles activos en la mediación del aprendizaje desde los hogares.

A ello se suma ahora el reto de preparar a los estudiantes para un mundo donde la inteligencia artificial reconfigurará el mundo del trabajo, la producción de conocimiento y el propio ejercicio de la ciudadanía. Las nuevas generaciones de cubanos no solo deben aprender a usar la tecnología, sino a cuestionarla, a comprender sus lógicas y a participar activamente en la construcción de un entorno digital más justo, inclusivo y soberano.

Como bien señala la Unesco, se trata de construir sistemas inclusivos y resilientes, capaces de garantizar el derecho a la educación incluso bajo condiciones excepcionales, integrando lo mejor del mundo digital, con el invaluable espacio físico y social que representan las escuelas.

En Cuba, ese esfuerzo se teje cada día en las aulas, en las comunidades y en las redes de colaboración entre educadores que, con creatividad y compromiso, forjan los futuros digitales de la educación pública.