Fenómeno Teherian

El fenómeno therian: cuerpo humano, alma de animal

En la actualidad se habla de ellos con frecuencia, nacieron en foros digitales en los años 90, hoy se viralizan en las redes sociales y desde hace poco tiempo han comenzado a aparecer en escenarios públicos (plazas, parques y escuelas, entre otros). Es muy común encontrarlos en Instagram, Facebook, YouTube y TikTok porque se han convertido en tendencia. Son en su mayoría adolescentes y jóvenes que aseguran identificarse con animales no humanos, lo que ha despertado curiosidad y no pocas controversias.

La pregunta por los límites de la identidad humana ha ocupado a la filosofía, la antropología y la psicología durante siglos. No obstante, en las últimas dos décadas ha emergido en el mundo occidental un fenómeno identitario que desafía de manera singular las categorías convencionales de la subjetividad: la teriontropía.

Lo que para muchos parece solo una moda extraña es para otros una forma de expresar quiénes son: se identifican como «therian», personas que sienten una conexión espiritual o psicológica con un animal específico.

Las redes sociales están repletas de noticias, memes y reels cuyos protagonistas son jóvenes «disfrazados» de animales, son los therian, un movimiento de personas que se identifican parcial o totalmente como un animal no humano. Corren en «cuatro patas», emiten sonidos (gruñen, ladran, rumian), usan máscaras de perros, gatos, tigres, leones y hasta de focas, y se graban saltando y comportándose a la manera del animal con el que se identifican.

El término proviene del inglés therianthropy, que a su vez deriva del griego antiguo therion (que quiere decir bestia o animal salvaje), y ánthropos (humano). Se refiere a la capacidad espiritual de transformarse en animal, pero esta transformación no se daría de manera física. Quienes se identifican como therians entienden que tienen un cuerpo humano, pero pueden sentir que su alma corresponde a un animal, o que mantienen una afinidad profunda con determinada especie.

Estos jóvenes aseguran que lo suyo no es una decisión voluntaria ni un juego o un disfraz sino que su espíritu simplemente ha aflorado revelando su identidad no humana. Afirman que no es una moda ni un trend de redes sociales; muy al contrario, se trataría de algo duradero porque es básicamente su identidad. Como cuentan en sus propias guías de teriantropía, es una identidad que exhiben con orgullo y que refuerzan en sus encuentros virtuales y presenciales.

Antecedentes históricos: de subcultura oculta a fenómeno viral

Las creencias relacionadas con híbridos (humano-animal) existen desde la antigüedad, están presentes en mitologías y leyendas como la licantropía (el hombre lobo). Sin embargo, la identidad therian como comunidad contemporánea surgió en la década de 1990 en foros de internet, donde comenzaron a organizarse espacios de discusión sobre estas experiencias, pero el salto a la popularidad llegó con el auge de las redes sociales.

Durante años, la comunidad therian fue un grupo pequeño que se movía en rincones muy específicos de la red, o foros privados. Allí discutían experiencias, acuñaban términos, construían un lenguaje interno y formas de convivencia. Con la llegada de plataformas como Tumblr y TikTok, esa conversación dejó de ser invisible y se volvió pública, fácilmente compartible y replicable.

En América Latina ha ganado fuerza, especialmente en países como Argentina y Uruguay, donde videos de jóvenes que ladran, maúllan o usan orejas y colas se han viralizado y han detonado en un intenso debate social. Esa ola digital, amplificada por memes, reacciones y coberturas informativas, se ha extendido a México y otros países de la región, donde también empiezan a organizarse reuniones presenciales en plazas, universidades y parques.

Los psicólogos y psiquiatras no catalogan a este movimiento como un trastorno mental y aseguran que no requiere la intervención de un profesional mientras no afecte a la funcionalidad ni genere un sufrimiento significativo.

Teherian

Debe tenerse en cuenta que la ciencia reconoce un fenómeno psiquiátrico calificado como ‘raro’, la teriantropía clínica, que es la creencia delirante de una persona de transformarse en un animal o serlo, lo cual es patológico y tiene implicaciones diagnósticas, algo que no tiene nada que ver con esta comunidad de forma directa. Los therian que vemos en las redes tienen total conciencia de que son humanos y mantienen una existencia relativamente normal, con una vida familiar, social, académica y laboral estable.

Como ocurre con otras identidades y subculturas juveniles, la historia de los therians sigue escribiéndose en tiempo real, a la velocidad de las redes sociales. Lo que hoy se percibe como una moda podría, en algunos casos, quedarse como una etapa pasajera; en otros, se integrará de manera duradera en la biografía de quienes se reconocen como parte de esta comunidad.

Mientras tanto, el desafío para familias, escuelas y profesionales es doble: escuchar a los jóvenes sin descalificar de entrada su manera de nombrarse, y al mismo tiempo ofrecer marcos de referencia claros sobre bienestar, límites y convivencia. Entre ladridos, saltos y máscaras de animal, lo que está en juego no es solo una tendencia viral, sino nuevas formas en que las generaciones más jóvenes ensayan para definir quiénes son en un mundo que ya no se entiende sin internet.

¿Existen therians en Cuba?

En nuestro país el fenómeno no ha alcanzado aún una dimensión masiva, pero ya existen señales visibles de que la tendencia ha cruzado las fronteras digitales. Uno de los casos destacados es el de una estilista cubana conocida en Instagram como ‘Leuryz Salon’. La peluquera relató en un video que una joven le solicitó un corte de cabello específico que era una adaptación estética coherente con su identidad de zorra.

Según contó la profesional, la clienta le explicó que se consideraba therian y que se identificaba con un «vulpes», (zorro común o zorro rojo). La reacción inicial fue de sorpresa, pero finalmente le ofreció su servicio. El video se volvió viral y generó cientos de comentarios.

Poco después comenzó a circular otro testimonio, esta vez el de una joven residente en La Habana que se presenta abiertamente como «therian foca». En un video grabado por ella misma afirma que debido a la situación económica del país no puede costearse accesorios como máscaras o pelaje sintético, pero que eso no afecta su identidad. Incluso imita sonidos del animal frente a la cámara.

Son casos aislados, pero demuestran que el tema ya no es hipotético en Cuba. El acceso al internet móvil, aunque caro y con limitaciones, ha permitido que tendencias globales se instalen rápidamente entre los jóvenes.

Me parece válido señalar que actualmente no existen datos oficiales ni estudios académicos que confirmen la existencia de comunidades organizadas de therians en la isla. Tampoco hay registros de encuentros presenciales o movimientos bien estructurados. Por lo que, hasta este momento, todo apunta a expresiones individuales que replican una tendencia global.

Algunos defienden la libertad individual de expresión. Otros lo ven como una manifestación exagerada impulsada por algoritmos y viralidad. También hay quienes interpretan el fenómeno como parte de una búsqueda de identidad y pertenencia en tiempos de incertidumbre.

Finalmente, la teriontropía nos convoca a reflexionar con rigurosidad y claridad sobre los fundamentos filosóficos, científicos y psicológicos de la identidad humana. La pregunta de qué significa ser humano, de si la humanidad es una esencia biológica o una categoría culturalmente construida, y de cómo el yo se constituye en relación con sus límites, incluyendo los límites de la especie, está lejos de ser trivial. Los theriantropos nos recuerdan del alcance del yo como una experiencia vivida, y que esa experiencia puede adoptar formas que confrontan los límites de la racionalidad en que se fundamenta y sostiene la cultura.

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