Lo que hoy arde en el Medio Oriente —ofensiva militar lanzada el pasado sábado por EE.UU. e Israel contra Irán— no es un conflicto más en la lejanía: es la chispa que amenaza con incendiar el mundo. Este enfrentamiento, lejos de ser una escaramuza local, tiene todos los visos de convertirse en el preludio de una confrontación global entre potencias militares, una tormenta de proporciones incalculables cuyo desenlace nadie puede predecir.
Iniciar una guerra de esta magnitud en una región que ya es un polvorín no solo es una temeridad, es una forma de suicidio colectivo. Allí, donde la mecha siempre está encendida, cualquier chispa —y esta lo es— termina por hacer saltar todo por los aires. Y quienes pagan el precio no son los estrategas en sus bunkers, sino la población civil: hombres, mujeres y niños atrapados bajo la lluvia de misiles, convertidos en números fríos de un parte de guerra.
Este conflicto desafía no solo la razón, sino el derecho. Es ilegal a la luz de la propia legislación estadounidense, que exige el consentimiento del Congreso para entrar en guerra. Lo es también ante los ojos del mundo, pues carece del amparo de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Se libra, por tanto, al margen de la ley, sostenido solo por la voluntad de unos pocos.
Lea también: Más de 500 muertos en Irán por incursiones estadounidenses-israelíes
Se ha querido justificar con el fantasma de la amenaza nuclear. Y sin embargo, apenas ayer, Teherán hablaba de «buenos progresos» en las negociaciones, dispuesto a limitar su programa a cambio del levantamiento de sanciones. La vía del diálogo estaba abierta, pero fue clausurada de golpe, porque, como ha dejado entrever el propio presidente de Estados Unidos, el objetivo ya no es evitar la bomba, sino derribar al gobierno. Cambio de régimen en Irán. Ese es el verdadero fin.
Lea también:
Lamenta Cuba asesinato del líder supremo iraní Ayatolá Jameneí
Ni uno ni otro motivo justifican una guerra devastadora. Las consecuencias de esta escalada no se detendrán en las fronteras de Oriente Próximo; sus ondas expansivas alcanzarán a Europa, Asia y América. El mundo entero temblará si esto sigue adelante.
Ojalá la sensatez aún tenga un hueco entre tanto estruendo. Ojalá la cordura se imponga antes de que el fuego nos alcance a todos. Que cese esta locura, antes de que la humanidad deje de ser sujeto de la historia y pase a ser solo su recuerdo.
Con información de Camilo Velazco Petittón/La Voz del Níquel
- Estudiantes de Medicina refuerzan atención primaria de salud en Holguín - 11 de marzo de 2026
- Labor de cine en Holguín con proyección comunitaria - 11 de marzo de 2026
- Denuncia ministro de Salud carácter criminal del cerco energético - 11 de marzo de 2026