Cuentan los que le conocieron desde niño que ya a los cuatro años Frank Fernández presionaban con sus dedos las teclas del piano para producir los sonidos mágicos que lo atraparían de por vida.
La prensa más exquisita, a la hora de hacerle críticas, lo ha calificado más de una vez como «tierno y fiero, lírico y virtuoso», al asumir el piano como una combinación de amor y reto.
Es por eso y quizás por su sencillez de hombre que ya en vida y en la cúspide de su carrera comparte un lugar sagrado entre Lecuona, Montaner, Manfugás Hernández, Rodríguez o Labraña.
Tiempo atrás confesó: «Hay mañanas en las que uno se dispone a enfrentar las dificultades de la vida y hay otras en que es imposible sobrevivir sin el lirismo y la ternura».
Cuando fue preguntado sobre el piano agregó: «A veces lo retó, pero siempre ganó el piano. Cuando joven hubo algo de lucha entre él y yo pero con el tiempo desarrollamos una armonía, una comunicación estrecha que llega a lo espiritual».
Nacido en Mayarí, en la antigua provincia de Oriente, Frank es una leyenda viviente de la música cubana, para orgullo de los holguineros y de Cuba, pues su talento ha representado a su nación en Moscú o Madrid, entre otras grandes capitales donde la música alimenta el espíritu de las personas con el más refinado gusto.
A los cinco años comenzó a tomar clases con su madre, Altagracia Tamayo. Tamayo fue directora de la Academia Obrón en Mayarí. Posteriormente, recibió clases de Esteban Forés en Mayarí. De joven, Fernández se mudó a La Habana, donde tocó en clubes nocturnos y cabarets. Ingresó en el Conservatorio Amadeo Roldán, donde recibió clases de Margot Rojas.
La crítica lo ha descrito como «un hombre tocado por lo divino», «uno de los intérpretes magistrales de los momentos musicales más sublimes del mundo» o «alguien sin precedentes, un pianista inolvidable».
Fernández ha escrito más de 650 obras en diferentes formatos, desde ballets, coros y sinfonías hasta arreglos de música popular, así como temas para televisión y radio. Ha trabajado con Silvio Rodríguez, Vicente Feliú y Pancho Amat.
El 18 de agosto de 2015, a los 71 años, Fernández hizo su debut en Estados Unidos en el Festival Ravinia, en Highland Park , Illinois.
En sus años de vida artística sigue enriqueciendo la música cubana elevándola a categoría de sinfónica, como lo ha hecho con La Comparsa, de Ernesto Lecuona.
Para Fernández tocar el piano «demanda fuerza», pero esa fuerza va desplegada con un talento que solo natura da, y es que este gran músico es sin dudas nuestro pianista más universal. Y ahí están sus grabaciones que lo eternizan más allá de las fronteras geográficas y del tiempo.
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