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La radio, el diálogo invisible que viaja en las ondas

Cada 13 de febrero la fecha no está marcada en rojo en ningún calendario oficial de festividades, pero, en millones de hogares, automóviles y lugares de trabajo, hay una celebración silenciosa que se escucha, no se ve.

Es el Día Mundial de la Radio, una efeméride que no se celebra con fuegos artificiales, sino con ondas hertzianas que viajan invisibles por el éter, tejiendo una colcha de retazos de voz, música e información que cubre el planeta.

La Asamblea General de la ONU proclamó este día en 2011, recogiendo una propuesta de España, y eligió el 13 de febrero en honor a la fecha de creación de la Radio de las Naciones Unidas en 1946. Pero más allá de eso es un día para reconocer a ese viejo aparato que, contra todo pronóstico, se niega a morir en la era del podcast y la inmediatez digital.

Este día la Unesco invita a reflexionar sobre su papel en tiempos de polarización. El lema de este año resuena en cada noticiero. En un mundo donde las fake news viajan más rápido que la verdad, la radio mantiene una peculiar relación de confianza con su audiencia. Es íntima, cercana. No se le exige la inmediatez brutal de las redes sociales, sino el análisis pausado, la compañía.

A lo largo de la jornada, las emisoras de todo el mundo  disponen programaciones especiales. Ventanas se abren para que los oyentes llamen y cuenten qué significa la radio en sus vidas. Un taxista desde su vehículo confiesa que sin los locutores de la mañana sus días serían más largos. Una abuela relata que aprendió a leer con las radionovelas. Un anciano que escucha las noticias de su pueblo natal a miles de kilómetros o un trabajador que ameniza su jornada. Todos ellos, sin saberlo quizá, son parte de una comunidad invisible que celebra su existencia.

Las cifras, respaldan estos testimonios. Según informes de la Unesco, la radio sigue siendo el medio de mayor alcance en el mundo. En regiones donde la pobreza o la geografía impiden el acceso a internet, una pequeña radio a pilas es la ventana al mundo. Durante emergencias y desastres naturales, cuando todo colapsa, ella suele ser la primera en retransmitir y la última en callar. Es, por naturaleza, el medio de la resiliencia.

Porque esa es la clave: la radio es el gran compañero. En un mundo hiperconectado pero profundamente solitario, una voz al oído sigue siendo un bálsamo. No juzga, no exige, no interrumpe. Está ahí, simplemente, mientras se cocina, se conduce, se trabaja en el campo o se espera en una sala de espera. Su poder radica en esa capacidad de integrarse a la vida sin estorbarla, de ser el telón de fondo que, de pronto, se convierte en primer plano cuando la noticia o la canción adecuada tocan la fibra justa.

Mañana, cuando el 14 de febrero acapare la atención con sus celebraciones comerciales del amor, la radio seguirá ahí, fiel a su cita, con su mezcla única de Periodismo, entretenimiento y, sobre todo, compañía. Porque la radio, al final, no es otra cosa que eso: la certeza de que siempre hay alguien del otro lado dispuesto a acompañarnos. Y hoy, más que nunca, gracias por sintonizar.