En cada gesto laboral que hoy se realiza en la isla late un pulso histórico. Este 28 de enero, al cumplir 87 años de su fundación, la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) a través del quehacer cotidiano de millones de cubanos, mantiene viva la llama esencial que la encendió: la unidad inquebrantable de la clase obrera.
Aquella jornada de 1939 no fue un simple acto de fundación, fue el instante en que las voces dispersas, a menudo ahogadas por la represión y la fragmentación, encontraron un lugar único y poderoso.
Bajo la guía de figuras como Lázaro Peña, el Congreso Constituyente dio forma a un proyecto que trascendía lo gremial para plantarse como un pilar en la construcción de la nación misma. Era la materialización de un principio martiano: hacer causa común con los oprimidos.
La historia que le siguió es un mosaico de sacrificio y conquista tejido en toda la geografía nacional. La sangre de Jesús Menéndez regó los cañaverales, la entereza de Aracelio Iglesias se hizo leyenda en los muelles habaneros, y la valentía de miles de anónimos escribió páginas de huelgas y resistencia desde Pinar del Río hasta Guantánamo. La CTC se convirtió en el epicentro de la dignidad laboral, en la escuela de la conciencia y en un bastión decisivo para el triunfo revolucionario.
Hoy, a 87 años de distancia, mantener viva esa llama no significa mirar solo al pasado. Significa reconocer esa herencia en la mujer que, con su colectivo, innova en una industria; en el joven ingeniero que debate la calidad de un producto; en el colectivo de un hotel que defiende la soberanía con su excelencia. La unidad ya no es solo frente al patrón explotador, es frente a los desafíos económicos, ante la necesidad de eficiencia, en la batalla por la innovación y la sostenibilidad de la patria.
Los nuevos tiempos traen códigos diferentes, pero la esencia permanece. La CTC mantiene firme la convicción de que el diálogo es la herramienta, que la defensa del trabajador es un principio sagrado y que la participación consciente es el camino.
La celebración de este aniversario no resuena en un solo acto central, sino en el compromiso diario que se renueva en cada sección sindical del país, en el empeño por hacer de cada centro laboral un espacio de crecimiento y equidad.
Por tanto este nuevo aniversario es ratificación de un compromiso: el de forjar, con las manos laboriosas de hoy, la nación digna y próspera que soñaron aquellos fundadores, convirtiendo cada tarea en continuidad y cada logro colectivo en el más fiel homenaje.
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