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Busca Cuba asegurar cooperación energética con México para desafiar  el bloqueo

En un momento crítico para la soberanía latinoamericana, marcado por la agresión estadounidense contra Venezuela y el recrudecimiento del bloqueo económico contra Cuba, la República de Mexico ha reafirmado con hechos concretos su tradición de solidaridad y no intervención. El suministro de petróleo y derivados a la isla cubana, calificado por la presidenta Claudia Sheinbaum como parte de una política exterior histórica y de ayuda humanitaria, se ha convertido en un apoyo vital para el pueblo cubano frente a una crisis energética deliberadamente exacerbada por Washington.

Esta cooperación, que data de décadas y ha sido sostenida por gobiernos mexicanos de distintas orientaciones, demuestra que es posible construir relaciones basadas en el respeto mutuo y contrarrestar las presiones hegemónicas en la región.

La presidenta Sheinbaum ha sido clara al explicar los principios que rigen esta relación bilateral. Los envíos se realizan «en un marco legal, como país soberano» y dan continuidad a una política de Estado. México fue, desde el primer momento, el único país en oponerse al bloqueo contra Cuba en la OEA, una posición de principio que ha mantenido a lo largo de los años.

La cooperación energética tiene profundas raíces. Ejemplos históricos incluyen una inversión de 350 millones de dólares en

1994 para modernizar la refinería de Cienfuegos; acuerdos de asistencia técnica entre Pemex y la petrolera estatal cubana CUPET; la condonación del 70% de la deuda histórica de Cuba con Pemex durante el gobierno del presidente Peña Nieto, reestructurando el resto para fomentar el comercio.

En el contexto actual, tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y el control que EE.UU. ejerce sobre las exportaciones petroleras de Venezuela, el apoyo mexicano cobra una dimensión aún más crucial. Datos de la firma Kpler confirman que en 2025 México se convirtió en el principal proveedor de crudo de Cuba, con un 44% de las importaciones (unos 12,284 barriles diarios en promedio), superando por primera vez a Venezuela (34%).

Reportes de Pemex a la SEC de EE.UU. detallan volúmenes de 17,200 barriles diarios de crudo entre enero y septiembre de 2025.

Por otro lado la administración del presidente Donald Trump ha dejado claro su objetivo de forzar un «cambio» en Cuba, utilizando el estrangulamiento económico y energético como herramienta principal. El bloqueo, recrudecido en los últimos años, es la principal causa de las carencias que sufre el pueblo cubano, limitando el acceso a combustible, piezas de repuesto, inversiones y tecnología necesarias para el sector energético.

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El impacto de esta política hostil es tangible en la vida diaria, poniendo el sistema eléctrico al límite. A inicios de enero de 2026, Cuba registró su mayor déficit de generación del año, con afectaciones que superaron los 1,800 MW, dejando a millones de personas con apagones prolongados.

Asimismo el sistema, marcado por años de insuficiente inversión y mantenimiento —dificultados enormemente por el bloqueo—, depende críticamente del combustible importado.

Añadido la presión migratoria calculada.  Analistas como Pavel Vidal advierten que un colapso total en la isla podría desatar una crisis humanitaria y migratoria de proporciones inmanejables, a solo 150 km de Florida. Paradójicamente, EE.UU. aplica simultáneamente políticas, como fianzas exorbitantes para visas a cubanos, que castigan al pueblo y agudizan las dificultades.

Frente a esta ofensiva, la solidaridad mexicana es un dique de contención. El gobierno de Sheinbaum ha enfrentado presiones directas de congresistas estadounidenses, como las amenazas de usar la renegociación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) como palanca para cortar el suministro. Aún así, ha mantenido su postura, defendiendo el derecho a una política exterior soberana y recordando a Washington sus propias responsabilidades, como el tráfico ilegal de armas hacia México.

La dependencia energética expone una vulnerabilidad estratégica para Cuba, pero también subraya la importancia de la unidad y la cooperación regional. El apoyo de México, si bien vital, debe enmarcarse en los esfuerzos mayores de la nación cubana por avanzar hacia una mayor soberanía energética.

En este contexto los desafíos son enormes, pero se trabaja en múltiples frentes. Dígase acelerar el programa de fuentes renovables, maximizando el aporte de la energía solar, eólica y otras, para diversificar la matriz energética, priorizar el mantenimiento y la eficiencia de las termoeléctricas, pese a la escasez de piezas y lubricantes impuesta por el bloqueo estadounidense.

El petróleo mexicano es hoy «la vela energética encendida de Cuba», en palabras de analistas. Es más que un combustible; es un símbolo de que la solidaridad y el internacionalismo siguen vivos en Nuestra América. Demuestra que, frente a la coerción y la fuerza, persisten espacios para la dignidad y la autodeterminación de los pueblos.

La batalla por mantener la luz de la esperaban en Cuba es parte de la batalla más grande por un orden internacional justo, donde ningún país tenga derecho a asfixiar económicamente a otro para doblegar su voluntad soberana. En esa lucha, el principio y la acción concreta de México iluminan el camino.