Las misiones médicas cubanas han tenido siempre un carácter profundamente humanista. «Sanar sin fronteras, sin intereses geopolíticos ni condicionamientos, es esencia de nuestro sistema sanitario», afirmó el Dr. José Ángel Portal Miranda, ministro de Salud Pública de Cuba, durante la V Convención Internacional «Cuba-Salud 2025» en el Palacio de Convenciones de La Habana.
Ante miles de delegados de 88 países, el ministro reafirmó el compromiso inquebrantable de la isla con la salud como derecho humano universal. Un principio fundacional de la Revolución que, por más de seis décadas se ha materializado en un ejército de batas blancas llevando consuelo y esperanza a los rincones más necesitados del planeta.
Esta colosal obra de solidaridad comenzó en 1963 con una misión a Argelia. Desde entonces, el programa de colaboración médica internacional ha desplegado a más de 605 mil profesionales de la salud en 165 naciones. Solo en 2022, más de 22 mil trabajadores, representando el 75 % de la fuerza laboral cubana exportada, prestaron servicios en 50 países.

Las misiones constituyen una de las iniciativas de salud global más extensas y duraderas del mundo. Durante la pandemia de Covid-19 Cuba envió cerca de mil 500 profesionales adicionales a más de 20 naciones, sumándose a los aproximadamente 30 mil que ya se encontraban en el extranjero.
El apoyo, aunque concentrado en América Latina, el Caribe y África, también ha llegado a naciones europeas como Portugal e Italia. Programas como «Más Médicos» en Brasil, donde miles de galenos cubanos atendieron a poblaciones en zonas remotas hasta 2018, evidencian el impacto y reconocimiento de esta colaboración.
Esta cooperación se ha convertido, además, en una crucial fuente de ingresos en divisas para la economía nacional, generando 4,900 millones de dólares en 2022. Los países anfitriones pagan al Estado cubano por estos servicios, y una parte significativa de los ingresos se reinvierte en el Sistema Nacional de Salud (SNS).
Este modelo de financiamiento permite sostener la gratuidad universal del sistema sanitario dentro de Cuba, financiar la formación de nuevos profesionales en las 24 facultades de medicina del país, y desarrollar la producción de medicamentos y vacunas, como las soberanas contra la Covid-19. Un círculo virtuoso de solidaridad externa que fortalece la salud interna, especialmente bajo las limitaciones del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos, que encarece la adquisición de insumos esenciales.
Frente a la interrogante sobre el impacto de la salida de profesionales del sistema sanitario, la respuesta a la pandemia ofrece una perspectiva elocuente. El SNS, con sus más de 479 mil trabajadores organizados en tres niveles de atención y centrado en el médico de familia, garantizó una respuesta eficaz y con equidad, logrando una de las tasas de mortalidad más bajas de la Región de las Américas.
El carácter voluntario y la vocación humana de los colaboradores son pilares defendidos por el Gobierno cubano. El ministro Portal Miranda destacó esta «vocación humana y solidaria que define el quehacer» de los profesionales, quienes firman contratos con mejoras salariales y cuyo núcleo familiar recibe apoyo en la isla.
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No obstante, este ejemplo de cooperación Sur-Sur se desarrolla en medio de una intensa campaña de desprestigio y presiones externas. En febrero de 2025, el gobierno de los Estados Unidos amplió restricciones de visados contra funcionarios extranjeros, acusando falsamente al programa de «trabajo forzoso».
Esta postura ha generado un firme y unánime rechazo de los países de la Comunidad del Caribe (Caricom), para quienes los médicos cubanos son vitales. Líderes como la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, han defendido la colaboración: «Les pagamos lo mismo que a los barbadenses. Repudiamos y rechazamos la idea (…) de que estábamos involucrados en la trata de personas». Gaston Browne, primer ministro de Antigua y Barbuda, advirtió que medidas punitivas de EE.UU. «prácticamente desmantelarían» los sistemas de salud caribeños.
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Las misiones médicas internacionales de Cuba representan un fenómeno único: un modelo de solidaridad que ha salvado millones de vidas y fortalecido sistemas de salud en desarrollo. Para el pueblo cubano son fuente de legítimo orgullo y un mecanismo económico esencial para sostener su propio sistema de salud universal frente a una adversidad extrema.
El futuro de este programa de más de 60 años dependerá de la continua demanda de los pueblos, la capacidad de resistencia de Cuba y la evolución de la presión económica externa. Pero como reafirmó el ministro de Salud Portal Miranda, para Cuba la medicina «estará siempre al servicio de la vida». La defensa unánime de las naciones hermanas demuestra que, más allá de las calumnias, el mundo reconoce y agradece esta verdad.
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