Hildita: que nunca falten motivos para ser feliz

Hildita: que nunca falten motivos para ser feliz 0A la periodista Hilda Pupo Salazar la conocí durante mis prácticas docentes de prensa escrita cuando era apenas un estudiante de Periodismo y correteaba por la redacción del entonces diario ¡Ahora!, cuando estaba en el Poligráfico José Miró Argenter, en las afueras de la ciudad de Holguín.

Entraba a su oficina y empezaba a conversar con ella sobre algunos temas que me gustaban desarrollar como un bisoño de las letras periodísticas, la cual adoraba por encima de la televisión y la radio, hasta que apareció la internet y la web periodística.

Algunos le decían jocosamente la «primera dama», porque su esposo Rodobaldo Martínez era el director de la publicación, pero jamás ella lo pregonaba o hacia abuso del «poder familiar» en la redacción.

Recuerdo, en cierta ocasión, durante una jornada de la prensa cubana por el 14 de marzo, que le rindieron homenaje por su excelente trayectoria como defensora de los valores más patrióticos, pero, por sobre todo, por su fe en el gran periodista José Martí, a quien le dedicó gran parte de su labor como columnista en el ¡Ahora!

En una ocasión el cartero me dejó la edición sabatina del ¡Ahora! en mis manos y cuando lo revisé su columna en la página ocho era lo más importante de ese día por desbordarse en humanismo y es que, el factor humano, es el factor periodístico más importante de la prensa desde su origen.

Le interesaba mucho el amor, el amor familiar, el amor por el prójimo que tanta veces se pregona y en muchas ocasiones no cumplimos por el egoísmo o la indiferencia ante los problemas que no deben ser ajenos.

La verdad es que una de sus columnas fue como una consulta de Psicología y me levantó el ánimo, ante tanta miseria humana que se sufre, por la falta de empatía en las relaciones sociales.

Dedicó toda una vida profesional a escribir sobre temas relacionados con la educación y los valores humanos y su columna Trincheras de Ideas se desbordó en la fe martiana para ser, cada día, mejores cubanos y su columnismo siguió luego con Página 8 hasta el último día de su día.

Y aunque la genética le jugó una mala pasada al heredar la ataxia de su familia no dejó nunca de escribir como mejor bálsamo para sentirse feliz ejerciendo el mejor oficio del mundo, como dijera el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez.

Antes de partir a la eternidad, el pasado cinco de enero, escribió recientemente estos hermosos textos que extraje de su último comentario en Página 8:

«Sería un buen aporte lograr consolidar en nuestra gente los valores de dignidad, patriotismo, libertad, justicia social, solidaridad, amabilidad, honestidad, honradez, responsabilidad y que no falten motivos para sonreír».

«Necesitamos constantemente amor y ternura como forma de resistencia ante tantos retos, para alcanzar los triunfos deseados en la medida en que seamos capaces de cambiar para acercarnos a nuestras metas para este 2026, con la mayor generosidad, amabilidad flexibilidad, resiliencia y seguridad».

«Es lograr cada día afianzar la solidaridad, dignidad humana, igualdad, equidad, libertad, bienestar, prosperidad, tanto individual como colectiva».

«Que el 2026 sea un año de nuevos comienzos y grandes logros. Mis mejores deseos para ti en este nuevo año que empieza. Que cada día del 2026 esté lleno de buenas noticias. Feliz Año Nuevo, que nunca falten motivos para ser feliz», dijo la gran amante de las obras periodísticas martianas.

Gracias, Hildita, como cariñosamente te decíamos todos tus colegas, por tu entrega al Periodismo que tanto necesita Cuba para ser feliz, aun cuando, a veces, la única opción es permanecer fuertes ante tanto odio por escoger, como nación y sociedad, un camino diferente.

José Miguel Ávila Pérez
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