Con los ojos prácticamente cerrados, el caminar pausado y la mirada apagada, sale el joven de su trabajo nocturno. Se detiene, amarra sus zapatos y sigue andando. Está pensando en qué va a hacer con su vida; no puede seguir con el ritmo agitado que lleva. Todas las noches trabaja y, por las mañanas, asiste a la Universidad.
Sin embargo, sabe que no está rindiendo al máximo en su carrera y que, si no se esfuerza más, tendrá que dejarla. Tiene que seguir trabajando; es su responsabilidad. Su mamá está enferma y la chequera que le pagan no alcanza para nada. Su papá es alcohólico, le sigue dando dolores de cabeza y, desafortunadamente, no tiene hermanos con quienes compartir la carga que le ha tocado en la vida.
La mayoría de los estudiantes universitarios se ven obligados a trabajar ya sea para costear los gastos de sus estudios, entre los cuales se encuentran la alimentación y el transporte, o por alguna situación familiar que enfrentan. Los alumnos que viajan todos los días tienen que contar con un buen presupuesto para poder acceder al transporte, porque en ocasiones no hay ómnibus y tienen que asegurarse de tomar el vehículo que aparezca, a precios exorbitantes.
Claramente, estudiar bajo las circunstancias actuales por las que atraviesa el país ya es todo un reto. El universitario tiene que esforzarse 10 veces más que en situaciones normales, llegando a un grado de estrés irreversible, donde tiene que aprender a sobreponerse a los problemas que se le presentan.
El Decreto Ley 268 del Contrato por tiempo determinado a estudiantes de los cursos regulares plantea en su artículo 11 que: «Los estudiantes con 17 o más años de edad, sin vínculo laboral, de cursos regulares de los niveles medio superior y superior, pueden incorporarse al trabajo y percibir el salario que les corresponde por los resultados del trabajo que realicen».
Por otro lado, el trabajo o actividad que desempeñe no debe afectar ni limitar su rendimiento docente, sino que tiene que ajustar su horario laboral de manera que no coincida con el programa académico.
Aunque en la mayoría de los casos los estudiantes de nivel superior eligen un trabajo no estatal porque tienen un mayor ingreso monetario, el cual les permite desarrollarse con un mejor desenvolvimiento económico, es diferente a un trabajo estatal, que ayuda a ampliar las habilidades adquiridas en la carrera, pero cuyo salario es bajo.
A pesar de las oportunidades laborales que ofrecen las diferentes entidades estatales, la juventud siempre se inclinará por un trabajo donde el pago recibido sea equivalente a las horas trabajadas, con un salario que les permita comer, vestirse y cubrir sus necesidades básicas.
De esta manera, algunos universitarios tienen el desafío de llevar una doble vida trabajo-estudio, en la que equilibrar ambas sin descuidar ninguna es el reto de los jóvenes dispuestos a obtener su título universitario y una fuente de ingreso para subsistir económicamente.
- El desafío de la época universitaria - 30 de agosto de 2025