Mayda Pérez Gallego, poetisa, aniversario, fallecimiento
La poetisa Mayda Pérez Gallego, durante un recital de su poesía, siempre llena de recuerdos. Foto: Archivo

Mayda Pérez Gallego: Puedo beber de cualquier agua

“Los poetas tienen el privilegio de expresar con exactitud la grandeza de los sentimientos humanos”, dijo la escritora francesa Maraguerite Yourcenar, y ahora la recuerdo en esta conversación con Mayda Pérez Gallego, una de las poetisas cubanas que se caracteriza por la creación de un verso muy propio que la diferencia del resto de las generaciones de poetas de la Isla, por su marcado humanismo, y que ahora la recuerdo al cumplirse próximamente cuatro años de su fallecimiento en la ciudad de Holguín.

Cuando la invité para sostener esta conversación le pregunté primero sobre su primer poema. Lo que la diva de la poesía me dijo: “Realmente el primer poema lo vine a escribir en la secundaria básica, pero no fue hasta bien entrada la adolescencia, cuando cursaba el preuniversitario, que comencé a vivir con pasión mis primeras composiciones poéticas. La primera motivación para escribirlos fue una canción de Atahualpa Yupanqui y las influencias de las que me he alimentado durante mi vida.

Hace una pausa en la conversación y me enseña un cofrecito, donde guarda como reliquia de familia sus primeras creaciones, mientras me alcanza una taza de té y me enseña la habitación donde dialogamos. Allí tiene recuerdos de sus amigos, pintores, poetas y música. Holguín, La Habana o París, Uruguay o Santiago de Cuba tienen su lugarcito en su recámara, su refugio para la creación.

En el poema Reflexión uno dices: “Quien asegura que parir un poema es como parir un hijo es porque ha parido sólo uno de los dos”. ¿Es realmente difícil crear poesía para ti?

-Es difícil, porque una se siente responsable de lo que escribe. Una es responsable de un poema como es responsable de un hijo. Por eso pienso, a veces, que se ha dicho eso, pero a pesar de ese criterio, yo nunca lo he pensado, porque por muy doloroso que sea el parto de un poema, nunca es como el parto de un hijo.

Por muchas responsabilidades que tú tengas con un poema no son nada comparadas con la responsabilidad de un hijo. Me parece que como imagen y como lenguaje poético está bien, pero en la realidad no participo de esa reflexión. Y en cuanto a escribir poesía, hay veces que me es difícil plasmar en la hoja en blanco tantas cosas deseadas, porque tienes ahí lo que quieres escribir, pero cómo expresarlo. Me parece que es una situación, en ocasiones, dolorosa, porque tienes sentimiento, la idea, pero como darla. Eso es difícil.

Silvio Rodríguez dijo en una de sus canciones que hay locuras que son poesía. ¿Cuáles son las locuras poéticas de Mayda Pérez Gallego?

-Si, y en la misma canción Silvio dijo que hay locuras que son tan nuestras que no vale la pena decir…

¿Y si hacemos una excepción y me dijeras cuál es la menor locura de esas locuras?

-La menor locura es tan poco locura que realmente no es locura. Tú hablas de locuras poéticas. Yo realmente no creo que tenga muchas. Sencillamente, a veces, me asalta una idea y la escribo y un día después, mucho más adelante, o a los dos días, entonces ya me sale el poema a partir de esa idea.

Otras veces, no porque el poema ha salido completo. Por ejemplo, recuerdo que el poema ha salido completo. Por ejemplo, recuerdo que el poema de los sellos Mis amigos lo escribí y lo pensé cuando iba en un ómnibus por Centro Habana y en un pedacito de papel lo escribí. No sé si esas son las locuras a las que tú te refieres.

¿Qué significado tiene para Mayda Pérez Gallego como poetisa el poema El país que nunca fue?

-Yo estuve mucho tiempo sin escribir. Fue una etapa de seis a siete años. Vivía en Santiago de Cuba y luego me mudé a la entonces Isla de Pinos. Hubo un silencio larguísimo en la poesía y después de ese silencio uno de los primeros poemas que escribí fue El país que nunca fue. Para mí tiene un hondísimo significado en el plano afectivo.

Ese poema está dedicado a una amiga uruguaya que vivió en Cuba y tuvo una historia hermosísima y a la vez triste junto a su hermano. Dos jóvenes que fueron capaces de dejar una vida de holgura e ir tras los ideales. Después no supe más de ellos.

Escribí ese poema retomando el nombre de Alicia, porque ese era su nombre y agregué lo del País de las Maravillas. Lo considero uno de mis mejores poemas, y si no es el mejor, para no pecar de falsa modestia, es uno de los más queridos. Y te digo que tuve la grandísima alegría, no hace mucho, de que cuando mi hijo leyó el libro Territorios de sueños, me dijo que el poema que más le había gustado de todo era El país… Yo creo que fue una recompensa bellísima.

En Mea culpa dices: “No pedí que me nacieran / no me puse estos ojos ni estas hambrees no elegí esta ciudad ni este tiempo / pero voy a seguir (doy aviso)/Después no salgan a murmuraran a buscar las cuatro patas de la culpa/ ¿Cuál es la verdadera culpa que quieres expresar en este poema?

-Es mi culpa como puede ser tu culpa. En medio de los poemas que conforman el libro Mea culpa es un grito más. Recuerda que el título del poemario es Entre el grito y la página en blanco.

Ese poema es uno de los gritos que se dan un poco en silencio. Muchas veces, y creo que todo el mundo en determinados momentos, circunstancias y motivos se pregunta a qué vino al mundo, por qué lo trajeron a este planeta. Entonces te das respuestas; a veces, por tu estado de ánimo te alientas o desalientas, pero casi siempre uno, a pesar de todo, sigue hacia delante. Y me parece que ese es Mea culpa. Ese grito de qué hice, qué hago, pero sigo…

Entonces puede decirse que la poesía funciona en ti para liberarte de las posibles culpas…

-Yo realmente creo que no tengo muchas culpas. Uno es producto de uno mismo, pero también, en cierta medida, es un producto de lo que hacen los demás. Pero en ningún momento utilizo la poesía para exorcizarme. Sencillamente, hay veces en que determinadas ideas quieres plasmarlas de una forma y me he dado cuenta de que, entre más seria es la idea, si tú la dices de una forma irónica y jocosa llega más. Y los demás se percatan del sentido que has querido decir y trasmitir que si lo expresas de una manera seria.

Si el destino te encargará algún día salvar este mundo con un poema ¿de qué hablarías en ese poema?

-Yo creo que jamás en la vida ni a Dios ni a nadie se le puede ocurrir encargarme semejante cosa. Si me conoce, no lo hiciera. Pero si se volviese loco y de momento me lo dijera, pienso que estaría en una situación difícil. Yo sería incapaz de escribir ningún poema sabiendo que en mis manos está la salvación del mundo. Entraría en un estado de angustia que no pudiera escribir nada.

Siempre ha sido una apasionada por la más excelente música y literatura. ¿Pueden éstas enseñarle recursos a una poetisa para su creación?

-Tanto la música como la Literatura te crean un estado de ánimo propicio para escribir. En el caso de la Literatura también aprendes a conocer personajes que, a veces, no has soñado, pero ansías conocer, pues te resultan cercanos y familiares como muchísimas de las personas que nos rodean.

Creo que si uno agarra de ellas te van aportando, te van dando y enriqueciendo sin que tu lo sepas. Entonces cuando llega el momento de la creación inconscientemente, te afloran esas cosas que has aprendido.

¿Para quién escribe Mayda Pérez Gallego?

-En primer lugar escribo para mí. En segundo lugar escribo pensando en que lo van a leer determinadas personas que yo quiero que lo lean: amigos, afectos y familiares, y un tercer lugar, a la larga, siempre lo escrito va a ser leído por otras personas. Y el público dice, como siempre, la última palabra.

¿Cuáles son las opiniones sobre tu obra que más te importan?

-Las opiniones de mis amigos.

En varios de tus poemas explotas el tema de la amistad. ¿Qué valor tiene para ti como poetisa la amistad?

-A mí me resulta muy difícil generalizar. Cuando te hablo siempre parto de mi experiencia personal. En toda mi vida desde que era niña hasta ahora, siempre los amigos han tenido un papel fundamental. Yo no sé, si yo no los hubiera tenido, me habría sido imposible escribir.

Posiblemente esas motivaciones, sin todo el amor que me han dado, sin sus experiencias… porque el poeta no parte sólo de sus experiencias personales, sino también de las ajenas. ¿Y quién mejor que los amigos para darle esas experiencias? Me parece que sin amistades yo no sería Mayda, sino otra persona.

¿A quien no le podrías nunca dedicar un poema?

-Yo no creo tener enemigos, pero jamás yo le pudiera dedicar un poema a un enemigo.

¿De que no hablarías nunca en tu poesía?

-No sé. Yo te puedo decir de lo que he hablado. He escrito sobre el amor, la amistad, de mis problemas. Pienso hacer cosas que hoy no las he tocado, pero mañana las puedo realizar. Algunas de las que hoy pienso que jamás pudiera hablar, quizá mañana me encuentres plasmándolas. Porque dice un refrán: “Nunca digas de esta agua no beberé”. Creo que puedo beber de cualquier agua que hoy no he bebido.

Como último deseo
pediría tu mano cerca de mi almohada
la suavidad de tu aliento
tu fragilidad desnuda
Como último deseo
Pediría velar otra vez tu sueño

José Miguel Ávila Pérez
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