Si es que se puede hablar algo positivo ante hechos tan lamentables como el accidente aéreo ocurrido en mayo de este año, es del nivel de preparación evidenciado por los especialistas en salud mental en la labor de acompañamiento de los familiares de las víctimas del siniestro.
Como forma de reconocer el trabajo desempeñado por psicólogos y psiquiatras en aquel desastre, este ocho de octubre el Capítulo Provincial de la Sociedad de Psicología de la Universidad de Holguín convocó a los cerca de 80 especialistas que tuvieron participación en la compleja tarea.
Allí otra vez apareció el dolor al rememorar los momentos difíciles que vivió el territorio holguinero al perder de un solo golpe a 67 de sus hijos, cuando incontables personas sintieron en carne propia el dolor dejado por la catástrofe.
La psicóloga mayaricera Leonor Salas García comparte sus vivencias:
-“Fue un proceso duro y difícil tanto para los familiares de las víctimas como para el pueblo de Mayarí. Estuvimos cinco días acompañando a una familia, a una mamá, a un adulto mayor que perdió a su hija aquel día, ella estaba acostumbrada a verla con frecuencia porque a pesar de que esta vivía en Italia, venía muy seguido a ver a su madre. Ese impacto le causó un shock emocional tremendo.
“Allí movidos por el sentimiento de dolor que caracteriza a los cubanos se movilizó el sector de la salud y creamos un equipo multidisciplinario integrado por una psiquiatra, una doctora especialista en Medicina General Integral y yo como psicóloga. Estuvimos todo el tiempo con ella, no la dejamos, trabajamos 24 horas cada día al lado de la paciente porque después de eso debutó cardiópata, hipertensa y diabética.
“Le hemos brindado el acompañamiento hasta el día de hoy porque la visitamos semanalmente, se le presta ayuda psicológica porque quedó prácticamente sola y no podemos dejar que crezca en ella ese sentimiento de soledad y aislamiento.
“Después de la eventualidad llegó a nosotros un muchacho joven, residente en Holguín, esposo de una de las víctimas del accidente y su familia de Mayarí lo acogió por el estado tan depresivo en que quedó. Entonces nos tocó llegar hasta su casa, hacer terapia familiar e individual y hasta el momento lo mantenemos en rehabilitación con seguimiento por consulta. Fue un momento tan duro para nosotros porque a pesar que nos preparan en nuestras carreras para brindar ayuda ante cualquier situación no esperábamos nunca tener que sacar fuerzas de lo más profundo de nosotros para servir como profesionales en momentos tan catastróficos”.
Como nunca antes estos profesionales se crecieron para poder brindar los recursos de afrontamiento que exigía la ocasión. Disímiles fueron las experiencias compartidas en el encuentro que tuvo lugar en el salón “Celia Sánchez Manduley” de la casa de altos estudios. Yadian Pupo Mendoza, coordinador de salud mental en Banes, intervino para contar la compleja tarea que tuvieron que asumir al tener que lidiar con familiares con sentimientos de culpa:
-“Fue muy difícil el acompañamiento a los familiares porque no teníamos antecedentes de una situación similar. El equipo médico llegó hasta la casa de los familiares, observamos cómo se encontraban, le hicimos una entrevista y en lo adelante pudimos brindarle esa primera ayuda psicológica que es tan importante. Encontramos muchos sentimientos encontrados, llanto frecuente, trabajamos ideas irracionales porque muchos decían que la vida no era importante al perder a su allegado y fue nuestra misión darles sentido a sus vidas. Los visitamos diariamente y consideramos no medicarlos porque si no inconscientemente reprimían las emociones y cuando pasara todo se podían enfermar. Hoy le damos seguimiento. Antes de los tres meses es normal sentir culpa, luego queda la aceptación y la conformidad para terminar con un proceso de duelo adecuado. Tuvimos el caso de un paciente que quedó solo, tuvimos que trabajar muy estrechamente con él y en su trabajo para lograr un manejo de su estado”.
Incontables retos profesionales impuso para la especialidad este desastre, así lo expresa la psicóloga Alicia Morales Sánchez de González:
-“Todo el profesional de la psicología sabía que él era al que le tocaba asumir esa tarea. Es un sentido de responsabilidad, de deber en el que tú sabes que eres la persona que le corresponde ejercer en ese momento la ayuda, ese alivio a esas personas que fueron las más afectadas en ese momento”.
Si bien no tenía consuelo el dolor de quienes perdieron a un ser querido en el accidente aéreo, entonces fue determinante el trabajo de los especialistas médicos que intervinieron en el acompañamiento de las familias.
Situaciones así demuestran la pertinencia de una profesión muchas veces obviada pero muy necesaria ante desastres de diversa índole.












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