El alza de los precios es en la actualidad un tema que ocupa y preocupa a los holguineros no solo por la alarma de una inflación sino también por las significativas consecuencias a la economía familiar. Es una situación compleja en la que inciden factores internos y externos.
A finales de 2019 se apreciaba ya una disminución de los insumos productivos en el país y un desabastecimiento en el comercio interior que se agravó desde el mismo inicio de 2020 por el recrudecimiento de la persecución financiera de los EE. UU contra Cuba al impedir entrada de mercancías y obstaculizar créditos, realidades que han provocado una contracción de la oferta de bienes y servicios.
Luego llegó la Covid-19, una pandemia que más allá del impacto global sobre la vida de millones de personas ha asestado un duro golpe a la economía mundial y por supuesto no hemos estado exento del alcance y efectos del coste de su enfrentamiento.
A esas causas se han sumado otras internas que han contribuido también a la elevación excesiva de los precios en Holguín. Hoy los productos agropecuarios son blanco de la especulación y la reventa, están entre los más afectados, ¿por qué?, pues lamentablemente son insuficientes los niveles de producción de la Agricultura, hay un desequilibrio entre la oferta y la demanda y a la vez un incremento de la cantidad de dinero en circulación.
A partir del 1 de enero con la Tarea Ordenamiento el salario crece 9, 6 veces en el sector empresarial y 3,9 en el presupuestado, se multiplican los ingresos, la gente tendrá más dinero para gastar, demandará más productos, crecerá la capacidad adquisitiva, habrá un alza de la demanda y si la oferta continúa igual inevitablemente se dispararán los precios todavía más, con lo cual se corre el riego de que se anule el efecto del aumento salarial.
Esa realidad se complica además por los comportamientos alejados de la ética y el bienestar común de los acaparadores y revendedores que frente a la escasez apelan a precios oportunistas para obtener ganancias. Es responsabilidad de la sociedad velar por un ambiente de legalidad, transparencia y orden.
El enfrentamiento a este fenómeno tiene que ser rigoroso y sistemático con sanciones severas y ejemplarizantes, aunque esas medidas contra las violaciones no resuelven el problema, el reto fundamental para evitar el incremento progresivo de los precios está en equilibrar la oferta y la demanda. La balanza depende de la eficiencia y mayor producción.
En nuestra conciencia social, capacidad emprendedora y mayor organización, exigencia y control de los recursos está el desafío para evitar el encarecimiento desmedido de los bienes y servicios, sobre todo los provenientes del sector no estatal.












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