Hoy la contaminación acústica es una de las grandes preocupaciones de aquellas personas que residen en áreas más urbanas. Un fenómeno que, de hecho, ha crecido desproporcionadamente en las últimas décadas alrededor del mundo.
Cuba, desafortunadamente no está exenta de esta problemática. Centros nocturnos, bici taxis, coches, carros e inadecuados vecinos contribuyen diariamente a la contaminación sonara. Grandes bocinas se pasean “literalmente” por las calles con estridentes melodías desde Marco Antonio Solís hasta el último reggaetón de moda. Algunos por ignorancia y otros por indolencia.
Sin importar el malestar que causan a quienes rodean: música estridente o excesos de ruidos innecesarios envuelven nuestras ciudades sin valorar las graves consecuencias para la salud humana.
Varios estudios demuestran que la población expuesta a un nivel de ruido superior a los 65 decibelios desarrolla a corto plazo un índice superior de un 20% de padecer ataques cardíacos. Además se estima que con niveles altos de ruido, la tendencia natural de las personas a la ayuda mutua disminuye o desaparece.
Por si fuera poco científicos aseguran que los niños cuyas escuelas se encuentran en zonas ruidosas (dígase: industrias, aeropuertos, carreteras con mucho tráfico…), aprenden a leer con lentitud, presentan mayor agresividad, fatiga, agitación, riñas frecuentes, mayor tendencia al aislamiento y cierta dificultad para relacionarse con los demás.
Por suerte el gobierno cubano ha tomado cartas en el asunto desde el punto de vista judicial, regulando un aparato jurídico con la intención de normar este fenómeno.
Entre las normas jurídicas aparece la ley 81 del Medio Ambiente, el Decreto Ley 141/1988, los códigos de Seguridad Vial y Civil, y el Decreto Ley 200 de 1999. En el año 2015, a instancias del Gobierno, se crearon a todos los niveles comisiones de enfrentamiento a la contaminación sonora, encargadas de establecer planes de acciones para diagnosticar las fuentes emisoras y proceder a su manejo o erradicación, así como la educación de la ciudadanía.
Además el 28 de noviembre de 2001 se creó, a solicitud del Centro de Estudio Innovación y Mantenimiento (CEIM), el Comité Técnico de Normalización No. 98, Vibraciones y Acústica (NC / CTN 98), constando en la resolución No. 133 del 2001 de la Oficina Nacional de Normalización. En la reunión de trabajo del 9 de enero de 2002 quedó formalmente constituido el subcomité No. 1, Ruido.
Sin embargo, estas leyes no han logrado erradicar el problema, fundamentalmente por falta de control, pues la mayoría de las personas ven el exceso de ruido como una molestia, pero no como una violación a las leyes estipuladas ni como una agresión directa a la salud.
No podemos ignorar que muchas de las actividades humanas actuales están relacionadas con el ruido, como son las extracciones industriales; las grandes maquinarias manufactureras; los vehículos de transporte a pequeña, mediana y gran escala, los conciertos musicales, incluso aglomeración de un gran número de personas en un entorno pequeño puede considerarse una fuente de contaminación sonora.
Y aunque es cierto que algunos casos son difíciles de controlar, la mayoría de las veces la situación puede ser modificada. Depende en gran medida del respeto, la consideración y el grado de conducta cívica de cada persona. Es importante entender que vivimos en comunidad y eso significa que no podemos imponer a otros nuestros gustos y costumbres.
Algunos vecinos -como los míos- en su oficio servicial ponen a diario música para toda la cuadra hasta las dos de la mañana. La consideración para quienes nos rodean es vital para la empatía social a la que aspiramos.











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