En una parada de autobús, mientras hace cola para entrar en la heladería o quizás en la misma intimidad del hogar, el cubano de a pie siempre tiene una opinión sobre pelota (ahora se suma el futbol) y la economía. No importa si es deportista o economista, lo cierto es que son temas que siente como propios y emite su criterio sin tapujos. Como no sé mucho de pelota (y menos de futbol) me limitaré a comentarles, como buena cubana, sobre economía.
Para nadie es un secreto que en nuestro país los salarios siguen siendo un tema susceptible dentro de la economía. Aunque el Estado ha implementado y trabaja incansablemente en el bienestar de esta sociedad, la dualidad monetaria afecta en gran medida a los hogares cubanos.
Más allá de lo trillado y traído del tema, es cierto que el bloqueo afecta en buena medida la situación económica actual de Cuba. Sobre todo porque hay que comprar en una moneda que no es la nuestra (dólar americano en su mayoría) y además, porque se hace a precios muy elevados que encarecen más el costo de los productos.
Sin embargo, hay quienes se aprovechan de esa situación para crear un “bloqueo interno” que amenaza profundamente los logros y conquistas de este pueblo. Y lo digo sin tapujos ni medias tintas.
Todo aquel que trabaja directo al público, ya sea en la producción y/o servicios, y utiliza esa posición para beneficiarse a costa de la economía pública, es también parte de ese bloqueo.
Piense en lo siguiente, si en la farmacia no hay dipironas, y usted tiene que comprarlas al revendedor en el mercado negro, su economía está siendo afectada al pagar más de 4 veces el valor de lo que normalmente cuesta el medicamento.
Si además de eso, su familia quiere trasladarse hasta La Habana, para disfrutar en este verano de unas merecidas vacaciones, y usted debe pagar 500 pesos por encima de sus pasajes porque si no no “resuelve”, entonces esa persona que le “ayudó”, también pone ladrillos a ese bloqueo interno.
Eso por no hablar de las javitas inexistentes en las tiendas o de las ligeras “equivocaciones” en las pesas de las bodegas.
Debido a estas y otras incontables situaciones, el estado cubano trabaja incansablemente para combatir esas ilegalidades que tanto daño provocan sobre nuestra economía y por ende, sobre nuestros hogares.
Ya basta de tanto paternalismo con quienes no tienen respeto por el trabajo honrado y por quienes ganan su sustento de manera digna para los suyos. Mientras sigamos girando la cara para no ver ese cáncer que nos corroe, seguiremos formando parte de una cadena que no en pocas ocasiones termina detrás de las rejas.
El rotativo Opciones, semanario económico y financiero de Cuba, refirió recientemente en un artículo titulado “Más control y prevención, estrategia contra las ilegalidades” que “prevenir y enfrentar la corrupción de forma integral y desde todos los ámbitos posibles es la esencia de la estrategia que desarrolla Cuba, como muestra de la voluntad política por elevar la participación ciudadana ante el uso incorrecto de los recursos materiales y financieros públicos, en detrimento de la economía y la sociedad en general”.
Se trata de ser conscientes que todos formamos parte de esta sociedad que cada día construyen once millones de cubanos. Seamos parte de la solución y no del problema.











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