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La mina de Ocujal: soldados, guerrilleros y americanos

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El Segundo Frente Oriental Frank País fue fundado en marzo de 1958 con una columna guerrillera procedente de la Sierra Maestra, bajo el mando del comandante Raúl Castro Ruz. Este frente operarÍa en un extenso territorio que comprendía la actual provincia de Guantánamo y gran parte de las provincias de Holguín y Santiago de Cuba. En este territorio se encontraban importantes propiedades de empresas estadounidenses e incluso la base naval.

Entre estas compañías estaba la Nickel Proccesing Corporation, propietaria de la planta de Nicaro y de las minas de Ocujal y La Ramona de donde obtenía el mineral. Este complejo minero estaba en la jurisdicción del escuadrón 74 de la guardia rural que tenía su jefatura en el poblado de Mayarí. Esta unidad formaba parte de las fuerzas del regimiento número 7 de la guardia rural. El ejército había tomado medidas para proteger a Nicaro y la Mina de Ocujal. Situaron en esos lugares destacamentos. El interés de defender la mina de Ocujal no solo era para mantener la producción sino que allí se encontraba un importante polvorín donde se guardaba la dinamita utilizada en las labores de extracción y en obras de construcción de la empresa. Si los revolucionarios lograban ocupar aquellos explosivos tendrían un poderoso medio para llevar a cabo acciones bélicas. Existía una amarga experiencia para los militares cuando un grupo guerrillero ocupó en Cayo Guan, en la zona de Moa, una caja de dinamita y varios rollos de mecha. (1) Tenían material suficiente para elaborar las temidas minas. Esta historia no se podía repetir en el escuadrón 74.

El 29 de marzo de 1958 aterrizó en Preston (2) un avión procedente de la base naval de Guantánamo, en el que venían tres miembros de la embajada de los Estados Unidos en La Habana. Estos visitaron la Planta de Nicaro. Luego se trasladaron a la capitanía de Mayarí. Se entrevistaron con el jefe de esta, comandante Pino Águila. Según el lacónico informe del referido oficial, los diplomáticos le argumentaron que el gobierno cubano tenía conocimiento de aquella visita. Le "pidieron protección planta metalúrgica Nicaro". El oficial informaba que "le expresé radicaba allí un apostadero con suficiente personal". Agregó el militar en su informe al mando superior que les prometió: "No permitiendo alteración ni barrenamiento las mismas". (3)

El temor de la embajada tenía cierta lógica. De la base naval de Guantánamo habían traído, meses atrás, varios fusiles para los guardajurados que pagados por la empresa custodiaban la planta. Pero en febrero un comando revolucionario había atacado el batey de la empresa y capturado varias de aquellas armas. De todas formas el ejército tomó medidas y el cinco de abril de 1958 le ordenaban al jefe del regimiento que reforzara a Nicaro con 25 hombres bajo el mando de un sargento. (4)

La guarnición asignada para proteger la mina de Ocujal estaba integrada por una docena de soldados bajo el mando de un sargento. El cuartel no contaba con protección para enfrentar un ataque. Seguramente que los militares tampoco esperaban tal acción. Hasta aquel momento en la zona tan solo operaban pequeños grupos de escopeteros que mal armados y peor parqueados poco podían hacer. A finales de mayo de 1958 la vida transcurría plácidamente en aquel apartado recinto militar. Cada día el destacamento se fragmentaba en dos, la mitad iba en los transportes que llevaba los obreros del batey hasta la mina La Ramona. Allí controlaban que la dinamita no se desviara del uso a que estaba asignada y ningún paquete fuera a parar a manos de los revolucionarios. Al mediodía regresaban junto con los obreros a almorzar. Mientras los que se quedaban en el cuartelito montaban guardia o descansaban. Seguramente que algunos le pedirían a la virgen de la Caridad del Cobre que aquella vida se prolongara por siempre, que nunca los enviaran a las unidades que en la Sierra Maestra llevaban a cabo la ofensiva de verano de ese año. En aquellas lejanas montañas se combatía y moría. Pero pronto todo cambiaría en Ocujal.

En el territorio donde estaba ubicada la mina había comenzado a operar en el mes de mayo de 1958 la columna 19 José Tey. Creada en Santiago de Cuba por el movimiento clandestino para apoyar la huelga de abril de 1958, al fracasar esta se trasladó al territorio del Segundo Frente y se le subordinó. De inmediato Raúl Castro, el jefe del Frente, le asignó el territorio de los antiguos municipios de Sagua de Tánamo y Mayarí. La columna se estructuró en varias compañías, a una de ellas, la "A", bajo el mando del capitán Antonio Enrique Luzón se le asignó gran parte del territorio del municipio de Mayarí.

Antonio Enrique Luzón en un recorrido por la zona reunió información sobre el enemigo y comprendió que con una concentración de sus fuerzas podía aniquilar la pequeña guarnición de la mina de Ocujal. Luzón se trasladó a Calabazas donde en esos momentos se encontraban el jefe de la columna y el del frente. Aprobado el plan, comenzaron los preparativos para el ataque. Lo primero fue cursar una orden al capitán Filiberto Olivera, también de las fuerzas del Segundo Frente, que suspendiera un ataque que pensaba realizar en el camino entre Sagua de Tánamo y Mayarí. Esto podía poner en alerta al enemigo. Luego se pasó a organizar la fuerza que debía llevar a cabo la acción.

La tropa rebelde que atacaría estaría bajo el mando del capitán Enrique Luzón y contaría con el apoyo del también capitán Oriente Fernández. Un papel importante fue la información brindada por obreros de la mina que colaboraban con los revolucionarios. Por ellos conocieron en detalles la vida de la guarnición enemiga y se elaboró un plan para atacarla. Sigamos el desarrollo de los acontecimientos para enterarnos qué pasó.

La tropa rebelde salió el 28 de mayo por la noche en un yipi y un camión. La ruta que debían seguir carecía de bosques por lo que se decidió marchar de noche para evitar ser detectados por la aviación. Además de la tropa seleccionada se incorporaron cinco combatientes de la unidad móvil de la comandancia del Segundo Frente. No hemos podido determinar la cantidad de guerrilleros que tomó parte en la acción. La compañía "A" se formó con los hombres del pelotón 2 de la columna 19. Este pelotón tenía unas 28 armas de guerra por lo que considerando que aquella era, en esos momentos, la acción combativa más importante de la referida compañía, seguramente se movilizaría hacia esa operación el grueso de esos equipos bélicos. Además se agregó un refuerzo de cinco combatientes. Podemos considerar que superaban a la guarnición enemiga, lo que en un ataque de ese tipo era importante.

La marcha de la tropa rebelde se inició en el campamento de Los Gallegos, pasaron por el aserrío Corea, loma Saca la Lengua, El Serrucho hasta la loma de los Mulos. Desde allí podían observar a lo lejos la mina de Ocujal. Decidieron abandonar los transportes en un pinar y continuar a pie para evitar que por el ruido de los carros pudieran descubrirlos. Muy cerca de ellos se encontraba la mina de La Ramona. Avanzaron unos tres kilómetros.

Acamparon en las inmediaciones del camino que va de la mina La Ramona a la de Ocujal. Enviaron una pequeña patrulla hasta Ocujal para que contactaran con los obreros que colaboraban con las guerrillas para obtener más información y si había algún cambio en la guarnición enemiga. Pero todo seguía igual.

Alrededor de las 10.00 a.m. del 29 de mayo de 1958 iniciaron la marcha. Atravesaban un campo despejado. Los pinares que cubrían esa área habían sido indiscriminadamente talados. El plan elaborado era establecer una emboscada para liquidar a los cinco o seis militares que iban de Ocujal a La Ramona para supervisar el uso de la dinamita. Los rebeldes ocuparon sus posiciones en espera que los soldados junto con los obreros regresaran a almorzar. Pero para sorpresa de los guerrilleros tan solo avistaron a un soldado que regresaba en uno de los camiones de La Ramona a Ocujal. Se le dejó pasar. No valía la pena poner sobre aviso a la guarnición por capturar a un solo militar. Los rebeldes en la mina La Ramona ocuparon dos carros de los llamados yucles que se utilizaban para transportar mineral y se dirigieron a Ocujal.

El soldado de guardia vio acercarse a los dos carros. Aquella era una escena habitual. No se alarmó. Estaba dominado por la monotonía de los días que transcurrían plácidamente. Es posible que el militar pensara que el ruido del camión despertaría a sus tres compañeros que dormitaban en el cuartel. Parecía ser esta la amenaza más seria para la guarnición. Los tres soldados luego del almuerzo se acostaron. Era la tradicional siesta muy extendida en la Cuba de entonces. En un intento de eludir el calor se despojaron de sus ropas y se quedaron en calzoncillos y sin camisa. Es posible que alguno de ellos, en el sopor del sueño, escuchara el motor del carro que se acercaba al cuartel. Pero aquellos ruidos eran habituales en la mina.

El soldado de guardia vio que uno de los carros hacía una singular maniobra, viraba y daba marcha atrás. Inesperadamente comenzaron a disparar desde el yucle. El camión que avanzaba en marcha atrás desde donde hacían un intenso fuego se proyectó contra el cuartel.

Los soldados fueron despertados por el fuego graneado. No intentaron tomar sus fusiles, tan solo pensaron en salvar sus vidas. Emprendieron una veloz carrera pero fueron capturados.

Había otro soldado de guardia que custodiaba el polvorín. Al comprender lo que ocurría abrió fuego contra los rebeldes, saltó por el patio y se internó en los campos inmediatos y logró escapar. Mientras el militar que habían visto pasar desde La Ramona a Ocujal en los camiones de los obreros, se encontraba fuera del cuartel, se parapetó detrás de un tractor y luego de unos hierros viejos. Desde allí comenzó a disparar contra los rebeldes que le respondieron. Alcanzado por los disparos murió poco después. Un acontecimiento trágico había ocurrido ese día. El hijo de un militar falleció en Mayarí. El sargento con la mitad de la guarnición fue al velorio del desgraciado niño. Los guerrilleros desconocían esto. De esa forma la desgracia de aquel militar que perdió al niño fue su salvación y de parte de sus compañeros. De encontrarse en la mina se hubieran tenido que batir con los revolucionarios con una gran probabilidad de resultar heridos o muerto.

Los rebeldes de inmediato iniciaron la requisa de todo lo que podía ser útil a la guerrilla. Se apoderaron de 70 cajas, cada una con más de 50 libras de dinamita y unos 500 fulminantes. Los guerrilleros, alrededor de las 05.00 p,m., se retiraron con una caravana de carros y equipos confiscados.

Simultáneamente con el ataque al cuartel se situó una emboscada en el camino que conducía a la mina. Mientras esto ocurría los demás militares de la guarnición -luego de cumplir con las honras fúnebres del niño en Mayarí- regresaban a su cuartel. Lo hacían en un auto de los conocidos como pisicorre. Los rebeldes los dejaron pasar pensando que era un vecino del batey que regresaba de Mayarí. Los soldados llegaron hasta la mina y descubrieron la suerte corrida por sus compañeros. De inmediato emprendieron el regreso. Esta vez lo hicieron a toda velocidad. Los rebeldes de la emboscada entonces se dieron cuenta que los tripulantes del auto eran militares y abrieron fuego, pero este raudo continuó su marcha hacia Mayarí. Los integrantes de la emboscada luego de esto emprendieron la retirada.

Se le ocasionaron al enemigo cinco bajas. Dos muertos y tres prisioneros. Se ocupó una ametralladora Thompson de mano, calibre 45; cinco fusiles Springfield, calibre 30.06; cinco revólveres calibre 45. Así como parque y varias granadas. También los guerrilleros obtuvieron diversos materiales y medios de transporte.

Notas

1—Columna 19 José Tey Segundo Frente Oriental Frank País, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1982, p. 134
2--Preston central propiedad de la United Fruit Company, en 1960 fue nacionalizado y se le nombró Guatemala. En el siglo XXI fue demolido.
3--Instituto de Historia de Cuba Fondo Ejército 24-5.1-5:3.1-1-41

4--Ídem

Bibliografía

Comisión de Historia de la Columna 19 José Tey, Columna 19 José Tey Segundo Frente Oriental Frank País, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1982.
Author: José Abreu CardetEmail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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