domingo, 28 Noviembre 2021

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Museo Guamá

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En los primeros años de la década del 50 se creó en la ciudad de Holguín la Asociación de Jóvenes Arqueólogos. Su presidente era Milton Pino. Este grupo realizaba trabajos de arqueología y espeleología en los terrenos de los entonces municipios de Holguín y Banes. La mayoría eran gentes de pocos recursos económicos. Con el triunfo de la Revolución y el auge educacional el grupo se incrementa y comienza a tener un mayor protagonismo en la comunidad. Ya alrededor de 1962 se plantea dentro del grupo la posibilidad de la construcción de un museo.

La atmosfera que se respiraba hasta en los más apartados rincones del país era de educación y desarrollo de las ciencias. La idea de crear un museo público no llegó a concretarse en los 56 años de seudorrepública. Era una idea tan descabellada, tan lejos de la realidad en una sociedad donde había más de un millón de analfabetos, donde ni siquiera los servicios mínimos de asistencia médica y social de la mayoría de la población estaban asegurados, que ni el más demagogo politiquero la utilizó en su campaña.

La idea fue plateada al director de la instancia municipal del Consejo Nacional de Cultura, Silvio Grave de Peralta. El partido Unido de la Revolución Socialista se sensibilizó con esta iniciativa y muy pronto, lo que era un sueño de un grupo de aficionados se convirtió en un compromiso tanto del Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS) como del Consejo Nacional de Cultura.

El primer asunto era conseguir un local que tuviera condiciones mínimas para la instalación del museo. Por gestiones directas del primer secretario del PURS en el Municipio Holguín, Alfonso Quintián (1), se consiguió el local. En este había existido un comercio particular situado en la calle Aguilera esquina a Manduley, conocido por la colchonería Hermanos Sánchez. Al ser intervenido fue cerrado y dedicado a otras funciones. En los momentos de las gestiones el local permanecía desocupado.

Después de los trámites necesarios le fue entregado el local al Consejo Nacional de Cultura en el Municipio Holguín quien se encargó en buena parte de los gastos. Para el trabajo técnico se contó con el asesoramiento del Departamento de Paleontología de la Academia de Ciencias. (2)

El local entregado para museo formaba parte de una casa construida en el siglo XIX pero que había sido dividida para establecer centros comerciales. Lo que en buena medida le había hecho perder el valor arquitectónico como construcción colonial. Una parte de él tenía otro uso.

Las pequeñas dimensiones del local impedían en ese caso que se pudiera tener una perspectiva del mismo, además de las grandes transformaciones que se habían efectuado en este. A esto había que agregar la falta de experiencia para tales trabajos de restauración que fuera más allá de una simple reparación. Esto determinó que al hacer las labores de adaptación del edificio para museo no se pensó en una restauración para el rescate de los valores originales. La dirección de las reparaciones fue llevada a cabo por el arquitecto Luis Rodríguez Columbié. El personal para llevar a cabo los trabajos estaba integrado por algunos albañiles, un electricista, un individuo versado en poner cielos rasos y para los trabajos no especializados los propios integrantes de la asociación que inesperadamente se convirtieron en ayudantes de carpintería, albañilería y cuanto trabajo pudieran hacer.

Los materiales necesarios para las construcciones tales como cemento, pintura, madera, cartones, cables eléctricos, cristales, toma corrientes, arena y otros fueron en parte pagados por el consejo nacional de cultura y otros entregados gratuitamente por algunos organismos.

A los operarios les pagaron los organismos donde laboraban. Desde el punto de vista de la construcción el trabajo fue en extremo sencillo, pues no se realizó una restauración buscando las formas originales del edificio sino se explotó el local en sus posibilidades de sala de exhibición. Las únicas experiencias que había en la ciudad sobre exposiciones eran comerciales para las tiendas, bodegas, panaderías y farmacias. Por lo que la exposición fue simple.

El piso del futuro museo estaba en muy mal estado, en parte se había hundido lo que obligó a levantarlo y desechar el existente que no guardaba ningún valor pues todo parece indicar que fue construido al instalarse la empresa comercial durante la seudorrepública. Se colocó uno de baldosas.

Las paredes estaban en algunas partes agrietadas lo que obligó a realizar reparaciones en estas y se repellaron completamente, se le hizo un falso techo donde se le situaron lámparas incandescentes, se le colocó una marquesina y se le renovaron las instalaciones hidráulicas. Además de esto se instalo una reducida habitación dedicada a estudio fotográfico y otra que era una especie de almacén.

Los objetos expuestos en el pequeño museo fueron colocados en vitrinas obtenidas en las tiendas intervenidas que por algún motivo no eran utilizadas. Esto se logró en lo fundamental por el trabajo directo de los integrantes de la asociación con administradores y jefes de empresas. Otros materiales necesarios también para el funcionamiento de un museo fueron obtenidos por gestiones de los aficionados.

Los objetos expuestos fue en lo fundamental trabajo del grupo de aficionados a la arqueología. Los que pertenecían a los aborígenes fueron obtenidos en las excavaciones realizadas por el grupo en la región de Holguín, Banes y Gibara principalmente. Los animales disecados que se exponían fueron donados por el naturalista y taxidermista gibareño, Joaquín Fernández de la Vara. También parte de esto fue el trabajo de un aficionado a la taxidermia del grupo, Eduardo Solana.

Un pez petrificado fue obtenido de una forma singular. Este fue encontrado por los obreros de la cantera el Ají en las estribaciones de la Sierra Maestra. Los obreros del lugar conservaban con todo el esmero posible aquella extraña roca. Se la mostraban a los visitantes. La noticia llegó hasta los oídos del grupo de soñadores que se encontraban inmersos en hacer el museo.

El 17 de febrero de 1961 varios miembros de la asociación de jóvenes arqueólogos se trasladaron por sus medios a la referida cantera. Después de una primera oposición lograron convencer a los mineros para que hicieran donación del valioso hallazgo que fue trasladado a Holguín.

Otras donaciones fueron entregadas al museo por la población. Lograron reunir entre otras cosas de la cultura aborigen cazuelas, asas, hachas de piedra, morteros, gubias, collares. Incluso expusieron restos humanos pertenecientes a aborígenes. Incluyeron dos peces petrificados, un pez ciego capturado por el grupo en una caverna de Gibara. En Ornitología tenían varias especies disecadas. (3)

Además contó el museo en la exposición con diferentes objetos de nuestra lucha insurreccional como una bomba que no llegó a estallar lanzada por la aviación batistiana, instrumentos de tortura de los esbirros batistianos y otros.

El museo fue inaugurado oficialmente en la noche del 22 de julio de 1965 en saludo al XIII aniversario del asalto al cuartel Moncada. En la inauguración participaron dirigentes de las organizaciones de masa y políticas en Holguín, los miembros de la asociación y gran cantidad de público.

La aceptación del museo por la población fue asombrosa. En la primera noche lo visitaron 176 visitantes, además de otra gran cantidad que por la aglomeración no llegó a firmar el libro de visitas. Durante los primeros seis días el promedio llegó a ser de 525 personas diarias. (4)

Aunque este promedio no se estabilizó pero de todas formas continúo siendo impresionante. Hasta 1966, el promedio fue de unos 200 visitantes diarios. (5)

En la población había una verdadera sed de conocer el museo y de ampliación de cultura. Materialización de este interés fueron las numerosas donaciones realizadas. Llegaron al museo animales disecados, otros conservados en alcohol, objetos de valor artístico o histórico además de otros que eran considerados interesantes por sus donantes. Pero independientemente del valor de estos como objeto museable era un ejemplo elocuente de arraigo que tenía aquel museo entre la población.

Para el funcionamiento del museo el consejo nacional de cultura en el municipio designó tres empleados, dos celadores y un mozo de limpieza. Estos eran pagados directamente por el municipio del consejo nacional de cultura, pues el museo no tenía plantilla. Estos mantenían abierto el museo. El director lo era Milton Pino que desarrollaba esta actividad en su tiempo libre. Al pasar este a residir a la Habana ocupó este cargo Luis Rodríguez otro miembro de la sociedad que también realizaba sus funciones en el tiempo libre.

Para el grupo significo el museo además de la concreción de una obra tradicionalmente soñada el aumento de su prestigio y solidez como institución. Es indudable que fueron estos los ejecutores directos de esta obra. La inauguración del museo aumentan las relaciones del grupo con la academia de ciencias, varios de sus miembros recibieron cursos de superación dados por esa organización. Incluso algunos pasaron a trabajar posteriormente con la Academia. Las instalaciones del museo se convirtieron en el centro de reuniones y actividades del grupo.

Si bien para aquel grupo de aficionados representó un hecho trascendental la creación del museo para la comunidad en su conjunto fue mucho mayor su significado. El museo fue un ejemplo concreto de las ilimitadas posibilidades de la revolución. Pues este fue una obra del sistema social instaurado en Cuba. Al cabo de seis años del triunfo de la revolución se creaba lo que no se había logrado en casi 56 años de seudorrepública. El museo demostró también las posibilidades de la comunidad para ejecutar una obra de este tipo pues se llevó a cabo fundamentalmente con recursos del gobierno local.

La vida de este pequeño museo fue muy corta. Alrededor de 1968 se cerró al comenzarse la construcción del museo de Historia Natural Carlos de la Torre.

El museo Guama tuvo numerosas limitantes muchas son las críticas que se le puede hacer. No dejo de tener cierto sentido de almacén de piezas de diverso valor. Sin embargo, el museo Guama tiene un mérito indiscutible al igual que todos los que de una forma u otra cooperaron en su construcción; fue el inicio de un fuerte movimiento de museología en la ciudad. Desde este punto de vista, situándolo en el momento en que se construyó y el lugar, una población de provincia que hasta ese momento se consideraba como ejemplo de la indiferencia de sus vecinos por la cultura y la educación, la importancia del museo Guama es indiscutible y sus méritos son muchos. El museo Guama no fue un fin en sí sino un principio.

NOTAS

1-- Alfonso Quintián era un hombre de origen humilde. Al triunfo de la revolución era zapatero. Llegó a ser dirigente del partido Unido de la Revolución Socialista y luego del Partido Comunista Cubano en el municipio Holguín. Fue una persona de gran sensibilidad hacia la cultura y en especial con la historia.
2--Periódico Ahora, 13-7-64, número 160, Año II.
3--Periódico Ahora 13-7-64, número 160, Año II
4--Periódico Ahora, 3-8-64, número 177, Año II
5--Ibídem, 13.1.66, número 631, Año II

Author: José Abreu CardetEmail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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