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Morir en la playa en espera de una expedición soñada

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Las expediciones organizadas por la emigración revolucionaria durante las guerras de independencia cubanas creaban grandes esperanzas, entre los mambises de recibir armas y provisiones de todo tipo. Se han realizado diversos estudios sobre estas aventuras marítimas de los patriotas, pero menos se conocen las acciones de los insurrectos para protegerlas al producirse su arribo.


Sin armas ni esperanzas de tenerlas parecía que no había una luz al final del túnel. Julio Grave de Peralta el líder más destacado de los insurrectos holguineros como buen cespedista no pierde las esperanzas. Sabe por noticias que le llegan que tarde o temprano arribarán expediciones organizadas por la emigración revolucionaria. Decidió hacer todo lo posible para proteger el litoral.

La ofensiva española en Holguín se inició en diciembre de 1868 con el desembarco de una poderosa columna por Gibara. Luego llegarían más tropas que intensificaron las operaciones. El control de las costas fue uno de los objetivos de los colonialistas lo que tendría una respuesta en las tropas locales. El 2 de enero de 1869 Julio Grave de Peralta le dio órdenes al capitán Jesús María de Feria jefe de la zona de Samá :

“Primero procure U. por todos los medios posibles impedir cualquier desembarque de gente armada enemiga de nuestra Causa y si esto no se logra á la vez de introducirse en nuestro territorio, tomará cuantas medidas están á su alcance para lograr su prisión al efecto pedirá los auxilios que necesite á las autoridades inmediatas sin perjuicio de darme aviso de cualquier movimiento con la rapidez que el caso requiere á cuyo efecto me parece conveniente que U. pasara á ocupar el punto de Samá donde puede reclutarse mucha gente y a su armas y municiones según estoy informado”.

Ante las tentativas de los españoles de controlar el litoral Grave de Peralta creo un sistema de vigilancia y en la misma carta le ordenaba a Feria:
“Pareceme también conveniente que coloque vijias para que observen las embarcaciones que pasen por la costa y me de cuenta de ellas de donde proceden y á que rumbo se dirigen, debiendo poner cuantos correos fueran necesarios ganando horas á fin de que no se detenga la correspondiente, pues esos puntos que le he confiado son de bastante interés y espero que U. sabrá apreciar esa circunstancia y cumplirá cual corresponde.”

Julio Grave de Peralta llegó a formar una columna que tenía como objetivo proteger un fragmento de las costas holguinera. En carta de fecha 28 de marzo de 1869 a Carlos Manuel de Céspedes le comunicaba:

“Las pocas fuerzas las tengo divididas en cuatro columnas, una que vigila la costa que por su gran resistencia no deja de ocupar bastante gente, otra que opera por la parte del Este, otra por el Oeste, y otra en Mayarí y Sagua, sin un destacamento que hay al Sur. La circunstancia es triste y aflictiva y U. que sabe apreciarlas ordenará lo que más convenga, si puedo asegurarle que sin embargo de los mayores esfuerzos que empleo para evitar los movimientos del enemigo, si no nos ausilia tal vez nos veremos en el sensible caso de abandonar las Costas puntos importantísimos hoy que deben defenderse á todo trance. Se me ha presentado un asunto que según estoy enterado nos valdrá mucho y muy en breve variamos de situación, si resultase, le daré cuenta inmediatamente . Lo que participo á U. para su inteligencia y demás fines.”

Al frente de esa columna que vigilaba la costa designó al coronel Jacinto López de Guereño. Al recibir aquella orden imprevista del general Julio Grave de Peralta, de que se hiciera cargo de la vigilancia y protección de esa zona del litoral holguinero que comprendía desde la bahía de Bariay hasta la de Naranjo seguramente que trató de imaginarse aquellas costas de mangle, playas y rompientes y se asombró que con tan pocos hombres y menos armas que disponía pudiera cumplir tan difícil misión.

Pero se entregó con fervor a su nueva tarea. Jacinto López de Guereño no era hombre que se dejara amilanar por las circunstancias. En octubre de 1868 había dejado su finca y familia para unirse a la insurrección. Por su capacidad e iniciativa había sido ascendido a coronel. En febrero de 1869 recibía tan inusual orden que lo convertía en una especie de guardafrontera de la naciente revolución cubana.

Era imposible que Céspedes ayudara a los holguineros, los españoles habían desatado una intensa ofensiva sobre el oriente de las islas. Mal armados y sin parque la situación era desesperada para los cespedistas.

Por medio de sus agentes Julio recibió información sobre los planes del enemigo para actuar sobre las costas. Le escribió al general Luis Marcano Álvarez que operaba en la parte oriental de Holguín solicitándole ayuda.

“Republica Cubana División de Holguín. En este momento acabo de recibir aviso de que fuerzas de Gibara deben marchar sobre esa costa y puesto de Cayaguani y Naranjo por lo que espero que de la manera que le sea posible envie un refuerzo de cincuenta hombres á Cayaguani para evitarnos sean tomados, pues como sabe U. son sumamente interesantes por su posición y ser los que por sus circunstancias que U. conoce deben facilitar la entrada de las armas.

El Gefe que se halla en Cayaguani es el C. Jacinto Lopes de Guereño...

En una carta le dijo al coronel Alberto del Villar de los planes del enemigo de operar sobre la zona de Cayaguani y Naranjo y ordenenadole: “...informese U. de si efectivamente va la tropa en esa dirección y de averiguar cualquier novedad...” Le expresaba: “mandar socorro con alguna fuerza aquel punto que están interesante y necesario, enviando el auxilio á disposición del C. Guereño Gefe de aquella parte”.

Luego de informarle la operación que emprendería el enemigo le dio órdenes al comandante de armas de Bariay Jesús de Feria: “espero ausilie U. al Gefe de aquellos puntos C. Coronel Jacinto Lopes de Guereño, con alguna fuerza pues es Sumamente interezante el conservarlas.”

La gran ofensiva española que se desató durante 1869 sobrepasó las tropas insurrectas holguineras y el control sobre las costas disminuyó considerablemente.

Además los colonialistas incrementaron el número de unidades navales para vigilar el litoral. Compraron en Estados Unidos una flotilla de guardacostas, ideales para este tipo de labor. Llegaron a situar tropas en puntos donde dominaban gran parte de las playas y bahías. La respuesta de Céspedes fue que dislocó en la costa sur del oriente de la isla una unidad insurrecta bajo el mando de uno de sus más aguerridos y fieles oficiales para que apoyara la llegada de expediciones.

Es una historia que se mantuvo en cuidadoso secreto: la acción de estos mambises en espera en una solitaria playa de un barco expedicionario ha sido olvidada. No pocos dejaron sus vidas en tales misiones.

Author: José Abreu CardetEmail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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