Al analizar los ataques realizados a ciudades y poblados enemigos por Calixto García en la guerra de 1895 debemos de partir de que ya se había producido la invasión al occidente. En esa parte del país se desarrollaba con toda intensidad la guerra.
España comprendió que el futuro de su imperio dependía en buena medida de la posibilidad de que la industria azucarera y tabacalera cubana continuara funcionando y, con la riqueza generada por esa producción, poder sostener la guerra. Por eso allí se concentró el grueso del ejército hispano. Gracias a esto Calixto pudo llevar a cabo complejas operaciones contra centros urbanos sin ser molestados por columnas de refuerzo enemigas.
La idea que prevaleció para la defensa de las plazas en el mando enemigo, al inicio de la Guerra del 95, era que tenían que combatir contra fuerzas de infantería y caballería sin artillería. Esto determinó que las construcciones militares las integraran: fuertes, cuarteles y rígidas líneas militares de fortines y alambradas. Defensa eficaz mientras los cubanos no aprendieron a utilizar la artillería.
Los poblados atacados por Calixto García en la Guerra del 95: Güáimaro, Jiguaní, Tunas y Guisa, contaban con similares defensas. Güaimaro tenía fortines, rodeados de fosos y alambradas que cubrían sus entradas. En el interior del poblado había edificios acondicionados para resistir un ataque. Jiguaní también poseía fortines y cuarteles en el interior, con la peculiaridad de que en las inmediaciones en la cima de una loma había un poderoso fuerte. En Tunas y Guisa se repetía, con algunas diferencias, el mismo sistema.
La protección de esos poblados no dependía solamente de las fuerzas defensoras, sino también de la posibilidad que de poblaciones cercanas acudieran tropas en su apoyo. Al Ejército Libertador le era imposible sostener un sitio y, al mismo tiempo, rechazar las columnas de refuerzo. Esto se demostró en Cascorro, y en Jiguaní. En Jiguaní, Calixto fue informado que una columna salió de Manzanillo en apoyo de los sitiados, por ello, retiró de inmediato sus fuerzas; luego se comprobó que la noticia era falsa.
Sin embargo, solamente en Cascorro, los españoles hicieron un verdadero esfuerzo para liberar la guarnición; en otros casos, las guarniciones cercanas no ayudaban a los sitiados.
Otro elemento importante en los sitios era la logística; pues se hacían concentraciones, en ocasiones, de hasta 3 000 hombres. El alto grado de desarrollo alcanzado por las Prefecturas, gracias a las medidas tomadas por el mando cubano en la designación de experimentados jefes para estas tareas, permitió alimentar y cobijar, durante varios días o incluso semanas, a numerosas tropas.
En la contienda de 1895, la incorporación de la artillería hizo variar por completo los objetivos y la táctica de los asaltos a poblaciones. Calixto llegó a una gran perfección en la conservación y utilización de los cañones. Creó depósitos de artillería y parque, controlados por jefes de su absoluta confianza, y consiguió grasas e implementos que impidieron su deterioro.
El Ejército Libertador se había nutrido de combatientes de diversos países con experiencia militar. Este hecho le facilitó la elección de un grupo de artilleros, de nacionalidad estadounidense, familiarizados con este tipo de armas, pues la mayoría de los cañones mambises (así se llamaba a los combatientes cubanos contra España) eran fabricados en su país.
Los preparativos del sitio se basaban en la superioridad numérica del Ejército Libertador. Éste la obtuvo haciendo grandes concentraciones de divisiones o de cuerpos de ejército. Otro asunto importante era la confección de un plano del poblado con las posiciones del enemigo, gracias al trabajo de los agentes llamados laborantes y el servicio de exploración del Ejército; la construcción de trincheras o barricadas en la cercanía de los fuertes facilitaba la acción de la artillería. Para estas labores contaba con un cuerpo de zapadores.
Los caminos por donde podían venir los refuerzos eran cubiertos con destacamentos, principalmente, de caballería. Para iniciar el ataque, seleccionaba el punto fundamental de la defensa enemiga, generalmente eran fuertes o cuarteles construidos sobre una altura de donde se dominaban los alrededores del poblado (ejemplos, el fuerte de la Loma en Jiguaní, el de Mella en Güaimaro y el cuartel de las 28 columnas en Tunas); sobre este lugar concentraba el ataque. Al mismo tiempo, hostigaba las demás posiciones, impidiendo que pudieran trasladar fuerzas hacia el punto donde se dirigía el golpe principal.
Este ataque tenía como objetivo romper el sistema defensivo exterior, penetrar en la población, aislar a los cuarteles enemigos y rendirlos por separado. Los insurrectos, al romper la defensa exterior, introducían los cañones en la población, lo que nos hace suponer en un cuidadoso trabajo de los zapadores construyendo barricadas y trincheras para evitar que los artilleros fueran alcanzados por el fuego de la fusilería enemiga. En ningún caso, los sitiados realizaron contraataques. La superioridad de los cubanos hacía improbable su éxito. El ataque se iniciaba en las primeras horas de la mañana. Al llegar la noche, en algunos casos, todavía los mambises continuaban combatiendo.
Desde los primeros momentos del sitio, Calixto trataba de cortar todas las comunicaciones con el exterior. Para esto, aplicó dos medidas: un riguroso bloqueo y la destrucción con la artillería de los heliógrafos. Este era un sistema de comunicación del ejército por medio de señales lumínicas.
La artillería, en buena medida, hacía obsoleto el sistema defensivo español. Solamente los fortines exteriores tenían generalmente fosos, en los cuales se refugiaban los defensores, pero éstos no poseían condiciones para la supervivencia de una tropa durante un tiempo prolongado. Los cuarteles del interior de las poblaciones no siempre contaban con trincheras.
Una vez rendida la guarnición, la vida de los prisioneros españoles era respetada. En Tunas los voluntarios y guerrilleros cubanos, de inmediato fueron ejecutados. Fue un desbordamiento del odio que sentían los mambises contra estos individuos famosos por sus crueldades con prisioneros familias insurrectas. Las construcciones de las poblaciones conquistadas eran destruidas para evitar su reconquista por el enemigo.
La toma de Tunas y Güáimaro tuvo gran importancia en el desarrollo de la guerra en el Departamento Oriental, pues liquidó las bases de operaciones en la extensa comarca comprendida desde Holguín hasta Camagüey. La captura de Guisa, significó la eliminación de una avanzada enemiga en la Sierra Maestra. Estas acciones incrementaron los recursos de los mambises. La repercusión política nacional e internacional, también fue importante.











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