lunes, 29 Noviembre 2021

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José Martí Pérez

...Que tras los yerbazales esté el enemigo agazapado, invisible…

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La geografía misma parece haber lanzado a la isla a los senderos de lo sobredimensionado. Fuerzas geológicas la alargaron y la situaron en un lugar tan privilegiado que los geógrafos en un singular halago la llamaron: La llave del golfo.

Fue producto de esa ventaja geográfica, no de la decisión de sus vecinos; pero de allí salió la expedición hacia la conquista de México, los exploradores de la Florida, del Misisipi. Luego fue centro de reunión de la flota que llevaba la riqueza americana a España. En Madrid reyes y almirantes estaban atentos a lo que ocurría en aquella exótica bahía de La Habana.

La afición por lo dulce de los humanos ensangrentó los campos y selvas de Africa. Cuba se convirtió en la azucarera del mundo trayendo a cientos de miles de africanos, chinos y algunos cientos de yucatecos. Gente convertida en animales de trabajo con vida muy limitada por la sobreexplotación.

Todo aquello fue también decisión, más que de los habitantes de la isla, del imperio español. Pero cuando estos isleños se dispusieron a tomar las riendas de su archipiélago fue como explosión de volcán. Carlos Manuel de Céspedes abrió el camino inseguro de ser por siempre cubano. Padre de la Patria le llamaron los criollos en justo homenaje. Biógrafos e historiadores buscaron su grandeza; pero su gran hazaña es que sembró la isla de sus Apóstoles. Gente obsesionada por la independencia; campesinos analfabetos o señores de hacienda, poetas o peones, pero entre ellos es figura cimera José Martí.

Parecía que él estaba hecho más para la escritura y el pensar que para la acción. La larga escuela del servir a los demás se inició con la prisión por asunto subversivo menor. Estará en conspiraciones pasando de lo secreto a lo confidencial. Pero siempre lejos del humo de la pólvora.

Cómo se sentiría en aquellas reuniones, luego del fracaso de 1868 y el 1879, cuando se vio rodeado de hombres que seleccionaron para ellos en las pasadas contiendas la extrema vanguardia de la carga de caballería. Lugar muy codiciado por la puntería del infante hispano. Daban por sentado que el espacio más peligroso de la emboscada mortífera era privilegio absoluto de ellos. ¿Cómo podría hablar, discutir, imponer su criterio ante Máximo Gómez, Maceo o Crombet?

Aquel hombre que llegaba sin sentir el olor de pólvora entendió como pocos la necesidad de la unión. Convenció a los que desconfiaban de él, unió a los que se odiaban a profundidad por desavenencias de las pasadas guerras, limó las asperezas de los desilusionados e incrédulos y él, que nunca había combatido los llevó al combate.

A punto de marchar a la guerra surge una pregunta terrible que muchos se hacen ¿Qué va hacer usted en la guerra Doctor, que nunca ha disparado contra un semejante, que no ha visto el machete cortando el cuello, la sangre saliendo a chorros por las arterias desmembradas del soldadito español? Es criterio que se quede en el exterior a organizar expediciones a propagandizar en el mundo sobre el heroísmo de este pueblo que comienza su tercera guerra de independencia. Quizás por primera vez José Martí sintió temor ante aquellos hombres de guerra, él tan conocedor de la poesía del buen escribir y tan ignorante de los mecanismos mortales del Mauser. Pero un error, una mentira escrita por un entusiasta puso fin a las dudas de cual sería su destino. Una noticia publicada en el periódico de los independentistas “Patria” de que ya Gómez y Martí se encontraban en los campos de Cuba selló la discusión sobre su futuro. Diría en carta a un amigo bueno “De vergüenza me iba muriendo...” (1) ante la posibilidad de quedarse en la tierra segura y extranjera cuando en la de él se moría y mataba desde el 24 de febrero de 1895.

Se hará cierta la noticia que desembarca junto a Máximo Gómez en Playitas, no en expedición portentosa sino en botes de tablas delgadas y de remos insignificantes para el oleaje que los recibe en la costa cubana. Andará por los senderos de la muerte abordado por las noticias de los caídos en ese implacable juego de naipes, que es la guerra: mañana puede ser él. Que importa que Maceo por malas interpretaciones del honor herido, cuando lo subordinaron a Crombet para facilitar su llegada a Cuba, lo quiera humillar en la reunión de La Mejorana. Lo único importante es que él se encuentra allí donde al doblar de cualquier sendero sin nombre puede estar emboscado el infante hispano o de la sabana propicia para la carga de caballería de una contraguerrilla implacable.

Día cotidiano para el coronel hispano José Ximénez de Sandoval y Bellange aquel amanecer de mucho sol del domingo 19 de mayo de 1895. Avanzaba por la margen izquierda del Contramaestre. Se sentía seguro con su columna de alrededor de 800 hombres bien armados y parqueados. El 18 escoltó un convoy desde Palma Soriano a Ventas de Casanova. Allí recibió información que fuerzas contrarias se desplazaban por la zona. Calculó por noticias oídas y su experiencia que el enemigo debía estar entre Dos Ríos y Vuelta Grande.

Tales nombres poco nos dicen para el lector que no sea vecino de esos lares, pero en aquellos momentos sería asunto decisivo para la historia de la isla. Hasta allí se dirigió en la mañana del 19 al frente de su columna. Era un hombre de coraje, no eludía al enemigo.

La suerte lo acompañó cuando atrapó a un mensajero de los mambises (combatientes cubanos contra la colonia española) que iba en busca de unas mercancías. El hombre se había negado hablar pero al registrarlo le encontraron un papel en el que José Martí había anotado algunas vituallas para que se las trajera de un comercio de la zona. Ante aquella evidencia habló e informó de la presencia de Martí, Máximo Gómez, Bartolomé Masó y otros patriotas que debían estar entre Vueltas Grandes y Dos Ríos con unos setecientos hombres. ¡La maldita buena suerte de Ximémez Sandoval! El mensajero se comprometió a llevar la tropa hasta el campamento mambí. Sobre las 11 y 45 a:m el coronel peninsular detuvo la marcha. Sabía que su tropa se hallaba hambrienta y cansada y decidió darle un descanso para que almorzaran.

El 19 los mambises de Gómez, Masó y Martí sumaban unos 400. Luego del almuerzo se disponían a una siesta cuando llegó un teniente informando que en dirección a Dos Ríos se habían escuchado disparos.

¡A caballo! Ordenó Gómez. Luego diría rememorando aquellos momentos “...combate rudo y mal preparado, lo confieso pero donde yo me prometía obtener otro Palo Seco” (2) se refería al combate de la Guerra Grande donde destrozó una columna contraria. Pero el no había escogido el terreno, asunto fundamental para un guerrillero y era tropa de poco fogueo. En el primer encuentro con una avanzada enemiga la destrozan. Pero al chocar con el grueso del enemigo se detiene la ofensiva. El fuego español es por descargas cerradas. Gómez da órdenes de replegarse para reorganizar las fuerzas para intentar una nueva acometida, le instruyó a Martí que fuera a la retaguardia. Vestía saco negro, pantalón claro, sombrero negro de castor y borceguíes negros. Con tan singulares ropas se convertía en figura muy atractiva para la puntería enemiga. Hacía poco en el campamento mambí en vibrante discurso había expresado “La revolución triunfará por la abnegación y el valor de Cuba por su capacidad de sacrificio...”(3) Ahora lo demostraría.

Martí desobedeciendo a Gómez marchó al combate acompañado por el joven Angel de la Guardia con su revólver Colt con empuñaduras de chapa de nácar regalo de Panchito Gómez Toro. Avanzó hacia donde se desarrollaba el enfrentamiento. Fueron a dar contra las avanzadas españolas que se encontraban tras los yerbazales del campo. Herido de muerte se desplomó del caballo.

Martí como líder y organizador de aquella revolución independentista estaba en el deber de entrar en combate como lo hacían diariamente miles de mambises. No había otra opción y menos para un hombre de honestidad pulida como piedra de arroyo de montaña. Toda una serie de circunstancias impredecibles en un combate se sumaron aquel día terrible.

Había dado su aporte al sentido de lo sobredimensionado de su patria él mismo se convertiría en parte de lo universal que rodea a esta isla como las aguas del mar Caribe y el Océano Atlántico. No hay nada especial en esta gente tan dadas a la fiesta, a la conversación chispeante con tanto defectos y virtudes como cualquier humano de ayer de hoy y de siempre. Isla tan pequeña, tan alargada, tan verde, la tierra que lo llenó de incertidumbre cuando le rogaran que no viniera a buscar el olor de pólvora, que se quedara a recaudar y organizar alijos de armas para los que sabían pelear. Aquel 19 de mayo fue felicidad mayor cuando sintió el silbido hiriente del proyectil enemigo.

No podía ser de otra forma no hay otro camino, ni para usted maestro, apóstol de Céspedes ni para ese puñado de médicos, de enfermeras que se han ido por los caminos del mundo curando a los dolientes acorralando a las enfermedades mortales y oportunistas, importándole poco que tras los yerbazales esté el enemigo agazapado, invisible, pero como usted Apóstol ellos están allí.

1--Rolando Rodríguez, Dos Ríos a caballo y con el sol de frente. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2002, p. 20.
2-Ibídem, 83.
3-Ibídem, p. 81.

Author: José Abreu CardetEmail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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