Es frecuente utilizar, para demostrar la contradicción entre Calixto García y Carlos Manuel de Céspedes, la carta del último donde critica duramente excesos cometidos en el ataque a un poblado, dirigido por un oficial subordinado a aquel. No creo que esta haya sido la causa fundamental que lo colocó del lado de los enemigos de Céspedes en la lucha por el poder que se desarrolló en el seno de la Revolución, en los años que precedieron a Bijagual, lugar donde se reunió la Cámara de Representantes para destituir al Presidente.
Tales excesos ocurrían en los ataques a algunos poblados, pese a las medidas que tomó el ejército insurrecto para tratar de evitarlos. Los ataques se hacían generalmente de noche, la tropa se dispersaba por oscuros callejones, se perdía el contacto con los oficiales, la guerra, la presencia constante de la muerte puede despertar instintos bajos, incluso entre quienes defienden una causa noble. Aunque no debió de ser nada agradable para este orgulloso General tal señalamiento del Presidente. Pero no influyó la crítica en la meteórica carrera militar de Calixto que contó siempre con el apoyo de Carlos Manuel. Incluso en su correspondencia oficial Calixto utilizaba el término “amigo” para referirse al Presidente.
El origen de estas contradicciones, entre otros factores, habría que buscarla en las relaciones del Presidente con los jefes militares, la estructura militar del Ejército Libertador, el pensamiento militar de Calixto García y el escalafón militar.
Con el desarrollo de la guerra y las victorias obtenidas por Vicente García, Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, Calixto García, Anto¬nio Maceo y otros patriotas, el prestigio y la popularidad de éstos iba en constante aumento entre los combatientes y el pueblo cubano. La situación de Céspedes era distinta a la del inicio de la guerra. Las contradicciones con los miembros de la Cámara de Representantes y algunos revolucionarios, y el hecho de no haber dirigido personalmente acciones militares, fueron dis¬minuyendo su prestigio. Sin embargo, en el Presidente re¬caía la organización general del Ejército Libertador y la designación de sus jefes. Trataba de consolidar un mando único que no dependiera de los jefes regionales. A todos les exigía obediencia. Obligaba a los Generales a respetar su autoridad. Era ésta la única forma de mantener un mando centralizado. En todo momento fue consecuente con estos principios.
Destituyó al más brillante de sus generales: Máximo Gómez, cuando consideró que la actuación de éste menoscababa el poder ejecutivo. En otra ocasión, ordenó detener y someter a un proceso al General Carlos Roloff cuando "... presentó un memorial en que se expresaba hacia el Presidente de un modo incorrecto y calumnioso". (1)
No queremos enjuiciar la razón o sin razón de estas determinaciones sino poner en evidencia que el Presidente exigía la subordinación y no se dejó manipular por ningún jefe militar. Al comprender lo difícil de su situación (para continuar al frente de la Revolución necesitaba crearse una sólida base en el Ejército), recurrió a su cuñado Manuel de Quesada, nombrándolo Agente General en el exterior, para que organizara y trajera una expedición. En carta a su esposa que se encontraba en la emigración le explicaba las esperanzas que había puesto en su cuñado:
"Creo que a esta fecha ya estará nombrado el nuevo agente general y me lisonjea de que será una perso¬na que merezca la confianza de la mayoría de los buenos cubanos. Así irá poniéndose remedio a todo, particularmente si consigo recursos con que fortalecer mi posición; porque estando débil, mal puedo tomar resoluciones enérgicas sin provocar conflictos que no tendré fuerza material ni moral con que dominarlas, yo necesito un ejército por mí o por un jefe adicto a mi política, que no es otra que el triunfo de la revolución, para imponer respeto a los enemigos exteriores e interiores". (2)
Las otras expediciones, desembarcadas en las costas cubanas, no siempre contribuyeron a fortalecer el mando único, pues había una especie de "regionalismo expedicionario". Sobre esto escribió el Padre de la Patria: "Con la tendencia que hay a apoderarse cada una de las expediciones, como si fue¬ran propias, muchas dificultades habían promovido esto al gobierno, no llegando dirigido a él, sino en particular a determinados jefes; pues éstos se habrían creído más autorizados por eso a disponer de todo a su antojo". (3)
Hay varios ejemplos que reflejan esta forma de actuar. Donato Mármol le escribía a Francisco Javier Cisneros, el 30 de noviembre de 1869, sobre los recursos traídos en una expedición: “Loño le explicara lo que hay que hacer para evitar que envíen todos los pertrechos al Centro y Las Villas.” (4)
El fracaso de Manuel de Quesada en la organización de la expedición impidió que se cumplieran los planes de Céspedes de contar con un líder militar que lo apoyara. La acción de Quesada fue contraproducente pues dividió la emigración lo que afectó el prestigio de Carlos Manuel.
El factor determinante en la separación de Calixto de Céspedes era la estructura del Ejército Libertador en Oriente. En los primeros años de la guerra se creó un departamento que abarcaba todas las jurisdicciones sublevadas; luego se establecieron dos departamentos: el provisional del Cauto que comprendía a Jiguaní, Bayamo, Manzanillo y Las Tunas, y el Departamento de Oriente con Guantánamo, Santiago de Cuba y Holguín.
Se realizaron algunas modificaciones, pero en esencia, permanecieron los dos departamentos. Céspedes, aunque era partidario de un mando centralizado, mantuvo esta estructura durante su Gobierno. Consideró que no era operativo volver a crear un solo departamento. Aunque, cuando fue ne-cesario, fusionó fuerzas de los dos departamentos bajo el mando de un solo jefe, como durante las operaciones realizadas por Calixto entre junio de 1872 y octubre de 1873.
Aquella estructura chocaba con los planes y el pen-samiento militar de Calixto. Desde 1873 comenzó a pensar en grandes con-centraciones de tropas y llevar a cabo combates de envergadura. Ejemplo elocuente de esto fue la concentración realizada en Bijagual (la que sirvió de apoyo a la Cámara para deponer a Céspedes en octubre de 1873) cuyo objetivo militar fue el ataque a Santiago de Cuba. Luego se cambió por el ataque a Manzanillo. Este plan de atacar la segunda ciudad en importancia de Cuba nos da una idea del nivel de desarrollo del pensamiento militar de Calixto García.
Céspedes había mantenido buenas relaciones con Calixto y le había concedido ascensos, así como el mando de importantes operaciones. Sin embargo, él aspiraba a una estructura militar que le permitiera desarrollar sus planes, y la única forma de lograrlos era con la formación, bajo su mando, de sólo un departamento en Oriente. Pero aún en el caso de una decisión favorable del Presidente en este punto, que¬daba otro factor que debió pesar en él: el escalafón.
En el Ejército Libertador de Oriente, habían dos jefes de mayor antigüedad que él como Mayores Generales y de indiscutible prestigio ambos: Modesto Díaz y Vicente García. El uno o el otro podían ser designados jefe del Departamento Oriental, con igual o quizás más derecho y en especial el último, por sus victorias militares y su influencia política. Este fue el argumento utilizado por los enemigos del Ejecutivo para ganarse su apoyo. Se le daba la posibilidad de quedar al frente de todas las tropas de Oriente si apoyaba a la Cámara en la destitución. En octubre de 1873, en Bijagual, apoyó a la Cámara en la destitución de Céspedes.
Calixto hizo fracasar el único intento del Presidente para oponerse a la maniobra de la cámara para fraguar su destitución. Conociendo que su destitución era inminente le remito a Calixto García un “manifiesto y documento” con el objeto que lo hiciera “públicas el manifiesto y los documentos que se acompaña, con el objeto de ilustrar al pueblo y al Ejército de la verdad, para que ellos manifiesten si quieren que él continué ejerciendo el cargo de Presidente y a fin de presentar, en caso contrario, su dimisión” (5)
Calixto puso fin aquel intento del Presidente de pedir el apoyo del pueblo y el ejército para detener las maniobras de la Cámara. Al conocer la decisión de la Cámara le respondió al ya destituido presidente:
“Me parece que la aludida manifestación es innecesaria, supuesto que tiene por objeto conocer la opinión del pueblo y el Ejército sobre el asunto arriba indicado, siendo así que la ha emitido por conducto de sus legítimos representantes.” (6)
Otros jefes militares se sumaron a la destitución y varios se mantuvieron indiferentes. Carlos Manuel de Céspedes pidió permiso para abandonar el país y pasar a servir al extranjero lo que fue denegado. Lo peor que contó con una protección militar mediocre. El 27 de febrero de 1874 los españoles atacaron la prefectura de San Lorenzo donde se había establecido. Solo, rodeado por los enemigos Céspedes combatió hasta caer abatido. Además muchos de los adictos al depuesto presidente fueron marginados por el nuevo ejecutivo. La destitución, su muerte en circunstancias tan deplorables y las injusticias contra sus partidarios profundizaron las contradicciones en el seno de la Revolución lo que fue un factor que influyó en el fracaso de la contienda.
No pocos de los patriotas que apoyaron directa e indirectamente la deposición de Céspedes, se mantuvieron fieles a la independencia hasta los últimos momentos de su vida y algunos cayeron heroicamente en la guerra. El ejemplo más relevante fue Calixto García. Las causas de aquella desacertada actuación no podemos hacerlas recaer, de manera simplista, en una y otra figura, sino en las complejas circunstancias y en las condicionantes históricas del movimiento revolucionario cubano.
La idealización de la historia reduciendo a estas figuras a especie de ángeles o diablos según la preferencia del historiador ha simplificado aquel acontecimiento. La enseñanza más valiosa de la destitución de Céspedes fue que demostró la necesidad de la unidad revolucionaria. Quizás Calixto recordaba aquellos amargos desaciertos cuando el 29 de mayo de 1883 le escribía a Femando Figueredo Socarras, quien buscaba información para su libro La Revolución de Yara: "No tema V. acusamos y pintamos como fuimos con nuestros grandes defectos y con nuestras pequeñas virtudes. La posteridad dispensará los primeros y sólo recordará los segundos teniendo en cuenta que hemos sufrido bastante para merecer el perdón". (7)
NOTAS
1.-Fernando Portuondo, y Hortensia Pichardo, Carlos Manuel de Céspedes: Escritos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t. III, p. 191
2.-Ibídem p. 137.
3.-Ibidem p. 156.
4.-Mary Ruiz de Zárate, El general Candela: Biografía de una guerrilla. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, p. 146
5.-ANC, DR legajo 472 núm. 47.
6.-Idem
7.-Fernando Figueredo Socarras. La Revolución de Yara. Instituto del Libro, La Habana, 1968, p. 5.











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