miércoles, 08 Septiembre 2021

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La sangre sobre la hierba verde

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¿Cómo un jefe militar independentista cubano conocía el número de bajas que le hacía a los contrarios en un combate? Lo más común es que los españoles quedaran dueños del campo o se retiraban llevando a sus muertos y heridos. La información sobre las bajas contrarias llegaba muy distorsionada a los oficiales insurrectos. El jefe mambí tenía que conformarse con lo observado por sus exploradores o las evidencias que dejaran los contrarios como la sangre de heridos y fallecidos, tumbas, vendas, etc.

Los colonialistas habían desarrollado un sistema de exploración y contraguerrilla que hacían la labor de flanqueo y extrema vanguardia. Estos “contraguerrilleros”, como se les conocía, (1) muchas veces eran campesinos cubanos, e incluso, antiguos mambises. Conocían muy bien las tácticas de los irregulares. Por lo que acercarse a una columna enemiga era una labor difícil y los exploradores cubanos estarían sometidos a una gran tensión. En cualquier momento podían caer en una emboscada tendida por una contraguerrilla o chocar con el flanqueo de la columna. Su observación la hacían en medio de la incertidumbre. Por lo que es de pensar que la información que brindaban a sus superiores podía estar muy distorsionada.

Existía otra posibilidad que eran los agentes cubanos que operaban en los caseríos y ciudades ocupadas por el enemigo. Pero incluso esta información no siempre era confiable, pues los españoles podían enterrar a sus caídos antes de llegar a sus cuarteles. Asunto que ocurría con frecuencia. Las columnas españolas operaban por varios días. Por lo que no podían llevar los cadáveres de sus militares por mucho tiempo en un clima tropical. Es de pensar que estos agentes se movían en poblaciones reducidas y con fuerte presencia de tropas hispanas por lo que estaban bajo una gran presión. En esas circunstancias no siempre podían tener acceso a la información más confidencial.

Existía otro método y era analizar la sangre y las vendas dejadas por el enemigo en retirada. Los rastros o huellas de sangre como lo llamaban los mambises. Veamos algunos ejemplos que se reflejan en la documentación insurrecta. Uno de ellos dice: “... haber causado al enemigo de seis a ocho bajas, según deduce de las huellas de sangre que se notaron al practicar posteriormente un reconocimiento.” (2)

Mientras Calixto García reproduce el informe de uno de sus subordinados: “El 24 del propio mes, (JUNIO 1872) fue atacado el Capn. Saturnino Venero en su campamento de Pozo Blanco, retirándose después de media hora de fuego, sin tener novedad. El enemigo dejó tres camillas desechas y huellas de sangre, indicio cierto de haber sufrido bajas. (3)

Otro oficial mambí al valorar el resultado de un combate nos dice: “...causando algunas bajas al enemigo, a juzgar por las hilas ensangrentadas que se encontraron en el lugar de la acción. Las muestras consistieron en tres heridos. (4)

Julio Grave de Peralta (5) en un informe sobre un combate que sostuvieron sus tropas nos dice: “...las bajas causadas a aquellos no bajan de ochenta asegurando este total tanto el gran número de heridos que se le vieron recoger como los posos de sangre que dejaron en la sabana (6)

Este mismo General le escribía a Jordán (7) que el enemigo se presentó en número de 1000 en Buenaventura hostilizado retrocedió: “...Cargado de heridos y muertos. (8)

Carlos Manuel de Céspedes (9) en carta a su esposa Ana de Quesada (19) de enero de 1872 le comentaba sobre los resultados de un combate: “Dejaron muchos rastros de sangre e hilas que demostraban haber sufrido bajas (10).

Hay informes más precisos donde los exploradores dan más detalles sobre lo visto en las filas contrarias. Uno de estos documentos nos dice: “Después de un largo y nutrido tiroteo el enemigo se retiró en confusión, viéndosele conducir quince camillas”. (11)

Seguramente que algunos líderes mambises exageraron, pero para un jefe cubano no era fácil conocer la cantidad de enemigos abatidos. Recurrieron a métodos tan rudimentarios e imprecisos como la sangre derramado por el contrario mordido por la metralla. Fue aquella una contienda de muerte y destrucción pero también de incertidumbre de desconocer lo que ocurría en el lado contrario por el sistema de espionaje muy rudimentario. Los independentistas trataron de suplir esa desventaja con la imaginación como en este caso analizando la sangre sobre la hierba verde.

NOTAS

(1) Guerrilleros con ese nombre eran designados las tropas auxiliares del ejército español que realizaban la labor de contra guerrillas muchas veces eran campesinos cubanos incluso algunos desertores de las fuerzas revolucionarias que conocían las tácticas de sus antiguos compañeros por lo que eran muy eficaces.
2 En: Colección Coronado. Documento 34, tomo XVI Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
3 En: Colección Coronado. Documento 34, tomo XVI Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
(4) En: Colección Coronado. Documento 34, tomo XVI Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
(5) Julio Grave de Peralta Mayor General del ejército libertador cubano nació en Holguín en 1834. Fue el líder de esa región de la parte Norte oriental de Cuba en los primeros años de la guerra de 1868. Murió en combate en junio de 1872 cuando regresaba al frente de una expedición con armas y parque para la insurrección.
(6) Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, número 1192, 4 de marzo de 1870 A Thomas Jordán
(7) Tomás Jordán, General estadounidense al servicio de la causa independentista cubana entre 1869 y 1870, desembarcó al frente de la expedición del Perrit en mayo de 1869 por la Península del Ramón y llegó a ser jefe del Estado Mayor del Ejército Libertador. Sus concepciones formadas en una academia de un ejército regular chocaban con las de sus subordinados acostumbrados a una guerra irregular. En 1870 con permiso de la República Cubana abandonó el cargo que desempañaba y se trasladó a los Estados Unidos. Se convirtió en un fiel defensor de la causa cubana hasta su muerte.
(8) Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador número 1152 del 24 de febrero de 1870
(9) Carlos Manuel de Céspedes. Hacendado y abogado natural de la ciudad cubana de Bayamo en el oriente de Cuba, se sublevó el 10 de octubre de 1868 en su ingenio La Demajagua, en Manzanillo, en el Oriente de Cuba. Fue el primer presidente de la República de Cuba en Armas. Destituido en octubre de 1873 fue muerto por los españoles el 27 de febrero de 1874. Se le considera por los cubanos como el Padre de la Patria.
(10) Ana de Quesada, nació en Camagüey, Cuba, en el seno de una familia de terratenientes. Sus hermanos fueron altos oficiales del ejército libertador cubano. Ella se incorporó a la revolución. En 1869 se casó con Carlos Manuel de Céspedes. Capturada por los españoles fue deportado a los Estados Unidos donde nacieron los dos hijos que tuvo con su esposo.
(11) Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo, Carlos Manuel de Céspedes. Escritos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, P 110.
(12) En Periódico La Revolución de Cuba. 29 de junio de 1872, núm. 33 (Publicado extractado dentro del Parte de la Secretaria de la Guerra, hecho público en el núm. 35 del propio periódico). ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de Caja # 2.
(13) En Periódico La Revolución de Cuba, ejemplares del 13 y 20 de julio de 1872, núm. 35 y 36. ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de Caja # 2.
(14) Ignacio Agramonte, abogado, nació en Camagüey, Cuba. Fue uno de los conspiradores del complot que dio inicio a la guerra de 1868. Se sublevó en noviembre de ese año. Alcanzó el grado militar de Mayor General y fue el jefe de Camagüey. Se destacó por el nivel de organización que impuso a sus tropas. Murió en combate el 11 de mayo de 1873.
(15) Elda E. Centro Gómez. Cartas de Ignacio Agramonte a Amalia Simoni. En Cuadernos de historia principeña. Número 5. Oficina del historiador de la ciudad de Camagüey, p 159.
(16) Amalia Simoni, camagüeyana, esposa de Ignacio Agramonte. Se incorporó a la Revolución y marchó a los bosques cubanos con su esposo y casi toda su familia Capturada fue deportada el extranjero.
(17) Elda E. Centro Gómez, Cartas de Ignacio Agramonte a Amalia Simoni. En Cuadernos de historia principeña. Número 5. Oficina del historiador de la ciudad de Camagüey, p 159.
(18) Flor Crombet, General cubano, murió en combate en 1895.
(19) Eusebio Leal Spengler, Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimex S.A. Ciudad de La Habana. 1992. p. 100
(20) Ibídem p. 100
(21) Ibídem P 111
(22) Francisco de Camps y Feliú, nació en Cataluña. Alcanzó el grado de Coronel del ejército español. Escribió un libro al concluir la guerra cubana de 1868 donde narra su participación en esa contienda en las filas hispanas, así como se refiere a diversos temas.

Author: José Abreu CardetEmail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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