Entre 1868 y 1878 existieron dos Cuba. Una era la española controlada por el Estado colonial y la otra la mambisa cuyas fronteras estaban en los campamentos insurrectos dislocados en bosques y campos. Esta última se comenzó a formar luego del 10 de octubre de 1868 con el inicio de la primera guerra de independencia.
Quiénes integraron esta Cuba, cómo fueron sus inicios, lo podríamos ejemplificar con numerosos casos que se dieron, pero podemos tomar la ciudad de Holguín. En este centro urbano la guarnición hispana fue sitiada desde el 17 de noviembre hasta el 6 de diciembre de 1868. La población permaneció durante esos días en poder de los mambises. En esta última fecha llegó una poderosa columna procedente de Gibara que obligó a los libertadores a retirarse. Prácticamente todos los vecinos los acompañaron. El 6 de diciembre, Julio Grave de Peralta, uno de los principales líderes insurrectos anotaba en su diario que en un lugar llamado la Cuaba: “…tenía en la noche a todo Holguín…” (1) La mayoría de los holguineros acompañaron a los insurrectos a los campos. Cuando la guerra se intensificó y los colonialistas pusieron en práctica crueles métodos represivos una parte de la población se presentó a las autoridades españolas. Pero otros continuaron viviendo en los bosques. Conformaron un universo de fronteras imprecisas llamada Cuba Libre. Sobre el tema se ha escrito mucho pero hay una pregunta que pocos se han hecho. ¿Cómo vestían los mambises?
En ocasiones nos imaginamos que vestían guayaberas blancas como se ha reflejado en algunas películas y seriales sobre aquellas contiendas. La realidad fue muy distinta, en la práctica, los insurrectos no llegaron a tener uniforme, pues carecían de logística, es decir un suministro seguro de vituallas, incluso, no existió un arma reglamentaria, el mambí se armaba con lo que podía capturar o llegaba en una expedición.
Acerquémonos a estos hombres y mujeres, pero no relatando sus combates si no mirando cómo vestían y calzaban, tomaremos varios testimonios que han llegado a nosotros de la contienda de 1868. Hemos respetado la ortografía original de las citas textuales. Los vecinos de Cuba Libre estaban sometidos a múltiples situaciones que hacían que pudieran perder todas sus pertenencias.
Los ataques hispanos podían arrebatarle la vida a un valiente, pero si lograba eludir ese peligro existía la posibilidad de que perdiera algo tan valioso para él como la misma existencia: las ropas y el calzado. La escasez de vestimentas era una de las grandes amarguras de los mambises. Uno de ellos anotaba que el enemigo: “Nos atacó por el flanco izquierdo, camino de Sabanilla y perdí mi equipage” (2) El mayor general Francisco Javier Céspedes “…de resulta del último asalto que sufrió, se quedo desprovisto de vestuario… (3)
Las familias estaban en constante peligro de perder los bienes que conservaban por un asalto de los españoles. Céspedes el 21 de febrero de 1871 le escribía a su esposa Ana de Quesada sobre las familias de Pedro Figueredo (Perucho) y Francisco Vicente Aguilera: “... las socorrimos en lo que se pudo, pero todo lo perdieron otra vez en un asalto que sufrieron junto con la familia de Aguilera.”(4)
En ocasiones se olvida que eran víctimas también de ladrones de poca monta que robaban todo lo que podían. Hay diversos ejemplos en la memoria documental de estas execrables acciones. El coronel Belisario Grave de Peralta, el 14 de noviembre de 1875 informa que en un lugar llamado El Cupey se robaron seis caballos:
Algunos vecinos me han informado que sospechan en el C. Pedro Fermín Rodríguez que algunas veces aparece en esta zona de negociante de zapatos, sal, etc. todo lo anda y en aquellos días andaba por aquí. (5)
Vicente García anota en su diario el 4 septiembre 1875: “Me trajeron presos a Domitilo Cervantes y Julián Avalo, autores del robo de la vaca que en estos días faltó del depósito que tengo en Carvajal.”(6)
Esta acción afectaba en especial a los niños, pues los mambises cuando podían conservaban las vacas para obtener leche para su alimentación.
Estas depredaciones realizadas por los hispanos o delincuentes comunes contra gente que muy poco tenían debían de crear estados de impotencia y desesperación. El robo de una camisa, una olla o cualquier objeto era una gran pérdida, pues no se podía recuperar. Al detrimento de la ropa producto de los ataques se agregaba que esta se iba deshaciendo por el mucho uso en zonas de bosque y manigua. La escasez, la pérdida y el deterioro de la ropa podían traer consecuencias lamentables. Céspedes nos narra que en un campamento insurrecto encontró a: “…algunos completamente desnudos” (7)
Incluso un grupo tan selecto como la escolta del presidente entra en un verdadero estado de desmoralización: “El campamento está completamente desnudo: la gente de la escolta se está separando de ella para colocarse en puestos donde sea más fácil vestirse” (8)
La forma más usual de los mambises de obtener ropa eran los asaltos a los poblados. La escolta presidencial, por norma, no participaba en esas acciones por lo que algunos de sus miembros como expresa el documento pretendían trasladarse a unidades de combate para tomar parte en los ataque a poblados. Este estado de penuria trajo efectos desastrosos para la moral de un grupo. Céspedes narraba que:
“La desnudez y las enfermedades que las familias cubanas han experimentado y aun experimentan son causas de que algunos de sus miembros hayan abandonado nuestro territorio y dirigiéndose a pueblos dominados por el gobierno español, si bien dispuestos a volver con nosotros cuando quiera que mejore su situación” (9)
Esta situación hizo que se llegara a extremos tales como el de una fuerza insurrecta que luego de un combate siguieron a los españoles en retirada y al descubrir las tumbas donde los contrarios habían depositado sus caídos: “…desenterramos los muertos para despojarlos de la ropa (…) Las galletas que encontramos en los bolsillos de los soldados muertos nos sirvieron de alimentos…” (10)
Los cadáveres de los enemigos muertos en combate eran despojados de sus prendas de vestir. Antonio del Rosal un oficial español que fue prisionero de los mambises en sus memorias, escritas luego de ser liberado, apuntó sobre sus compañeros caídos en el combate de Santa María de Ocujal en septiembre de 1873.
“El camino estaba cubierto de cadáveres, que ya se hallaban completamente desnudos: yo conté ciento veinticinco, pero habría muchos más, que por estar entre la espesura del bosque no podía verlos.” (11)
El coronel Benjamín Ramírez en su diario nos dice que: Las fuerzas insurrectas en general estaban casi desnudas y descalzas. La mayor parte de nuestros soldados cubrían sus carnes con un pantalón que no le llegaba más que a la rodilla, por haber utilizado la parte de abajo para remendar el resto. Otros iban cubiertos con un pedazo de lienzo viejo amarrado por la cintura, llevando la parte superior del cuerpo desnuda. Los jefes y oficiales iban muchos cubiertos con harapos…” (12)
Hasta el presidente de la República insurrecta no vestía mejor. Céspedes en carta a la esposa el 7 de noviembre de 1872 reconocía que tenía tan solo: “…cinco camisas viejas” y “…una chaqueta de paño nuevecita que le quitaron en Manantuaba a un oficial español y me la regalo Flort Crombet” (13) Una de aquellas camisas viejas se la regaló a un mambí que no tenía ninguna. En la misma carta con ironía le decía a la esposa: “Yo todavía vivo en la opulencia”.
Calixto García en un mensaje oral enviado a su madre afirmaba: “… que estoy bien de salud, y no escaso de ropa, pues tengo dos pares de pantalones, dos camisas, un par de zapatos y un sombrero” (14).
Mientras Ignacio Agramonte, en abril de 1871, reconocía con optimismo en carta a la esposa “…hasta ahora siempre he tenido dos o tres mudas de ropa” (15).
Es comprensible que los ataques a poblados, pese a las posibilidades de encontrar la muerte, eran esperados con alegría casi infantil por el mambisado. En ellos se podían obtener ropa, alimentos, herramientas, armas y diversos objetos necesarios para la vida cotidiana. Un veterano mambí del 68 nos dice que: “Calixto García prepara un nuevo ataque y estamos contentos porque quizás podremos vestirnos y conseguir una hamaca” (16)
Estas expresiones, bastante frecuentes en la papelería mambisa al referirse a los ataques a poblados, nos da idea de que una parte de los insurrectos habían llegado a un total estado de una pobreza material, pero de un gran convencimiento político de continuar la guerra hasta las últimas consecuencias. Esta indiferencia hacia la muerte expresada en la disposición de arriesgarse para obtener ropa y una hamaca iba más allá del sentido material de esos objetos. Esa ropa obtenida, en ocasiones, a cambio de la vida de algunos mambises representaba la decisión de continuar la guerra. De disponer de lo mínimo al precio que fuera para seguir residiendo en Cuba Libre.
Estos soldados anónimos se convirtieron en la base esencial de la gran resistencia, los que se sobrepusieron al estado de pánico colectivo. Eran hombres y mujeres que: “… descalzos y desnudos, y a la intemperie…jamás murmuraron ni profirieron una queja ni se entibio en sus almas el fuego sagrado del patriotismo” (17)
NOTAS
1.-Constantino Pupo y Aguilera Patriotas Holguineros, Holguín, 1956, p. 32
2.-Nydia Sarabia, Ana Betancourt. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1970, p. 172
3.-Fernando Portuondo, y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1982, T II, p 236
4.-Ibídem, T III, p. 60
5.-Archivo Nacional de Cuba Fondo Donativo y Remisiones. Caja 474. Numero 10
6.-Víctor Manuel Marrero Zaldívar, Vicente García Leyendas y Realidades Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1992 p. 210
7.-Ibídem, p. 102
8.-Fernando Portuondo del Prado y Hortensia Pichardo Viñals, obra citada, T II, p. 194
9.-Ibídem, p. 154
10.-Oscar Ferrer Carbonell. Néstor Leonelo Carbonell Como el grito del Águila. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 2005. p. 169
11.-Antonio del Rosal y Vázquez Mondragón: En la manigua diario de mi cautiverio. Segunda edición Imprenta del Indicador de los Caminos de Hierro, Costanilla de los Ángeles, número 3, Madrid, 1879
12.-Benjamín Ramírez “Memorias de la guerra de 1868” Centro de Información Casa de la nacionalidad Citado por Diurkis Madrigal León en “La guerra de 1868. El modo de vida y sus expresiones en las memorias de Campaña del Coronel Benjamín Ramírez Rondón”. La Historia en la Palabra, Volumen III, La Guerra Grande: Una visión Historiográfica contemporánea Colección Crisol Bayamo, Granma, 2006, p. 104
13.-Fernando Portuondo del Prado y Hortensia Pichardo Viñals, obra citada, T III, p. 173
14.-Antonio del Rosal y Vázquez Mondragón: En la manigua diario de mi cautiverio. Segunda edición Imprenta del Indicador de los Caminos de Hierro, Costanilla de los Ángeles, número 3, Madrid, 1879
15.-Elda Cento Gómez, Roberto Pérez Rivero y José María del Carmen Álvarez: “Para no separarnos jamás” Casa editora Abril, La Habana, 2009, p. 284
16.-Nydia Sarabia, Ana Betancourt. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1970, p. 156
17.-Fernando Portuondo del Prado y Hortensia Pichardo Viñals, obra citada, T II, p. 221











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