En la ciudad de Holguín Julio Grave de Peralta y Manuel Hernández Perdomo con otros patriotas se incorporaron a la conspiración iniciada por los bayameses que dio inicio a la guerra de independencia cubana de 1868.
Fundaron en esta ciudad, hoy capital de la provincia de igual nombre en el norte del oriente de Cuba, una logia que los protegía de las miradas de los espías coloniales. Julio desde su finca en Cacocum organizaba el alzamiento apoyado por un funcionario español, Eduardo Cordón, que informaba a sus superiores que nada ocurría en Cacocum mientras Grave de Peralta y sus más cercanos colaboradores reunían armas, hombres y hacían propaganda abierta en calles y comercios. Hernández Perdomo, maestro camagüeyano, establecido en esta tierra, organizaba el alzamiento en Yareyal un barrio cercano a la población holguinera.
El estallido, más que esperado, ansiado, por todos, los sorprendió. Carlos Manuel de Céspedes se alzó en su ingenio La Demajagua el 10 de octubre de 1868. No fue aquella explosión volcánico asunto exclusivo de los hombres. Eduardo Cordón sentía el apoyo incondicional de su esposa Leonela de Feria Garayalde, hermana de mambises y celosa guardiana del hogar de conspiradores. Mientras, Julio Grave de Peralta apenas tiene conocimientos de la sublevación de Carlos Manuel convoca a amigos y parientes, a los peones de su hacienda, a sus esclavos y arrendatarios y se subleva en las orillas del río Cauto. Se dirige a su finca enclavada en aquellas verdes llanuras salpicadas de las orgullosas palmas cubanas. Las mujeres de la familia encabezadas por su esposa Josefa Cardet preparan cartuchos para las escopetas, alimentos para la tropa. Su “Pepilla” como él le llamaba en sus momentos íntimos, aparta a la servidumbre y con su propia mano les sirve la comida a aquellos héroes. Quizás comprendió que asistía al principio del fin del hombre que tanto amaba y que caería en combate el 24 de junio de 1872. Pero aquel día no había tiempo para preocupaciones por el futuro incierto. Como no dudó Juana Isabel de la Torre Pupo, la compañera de conspiración y amor de Manuel Hernández, cuando en la noche del 12 de octubre de 1868 sintió que los esbirros coloniales intentaban derribar la puerta de su casa situada cerca del centro de la ciudad de Holguín.
-Huye tú le dijo al amante, señalando el camino del alzamiento. Era necesario atraer sobre su casa al tumulto de verdugos para que Manuel aprovechando la noche escapara. No hacia el universo del miedo y la seguridad que puede, en ocasiones, ofrecer la fuga, sino a sublevarse al día siguiente en Yareyal. Dos esclavos una joven y un anciano, Leonarda de la Caridad y Benigno Pupo, ayudaron a Juana a fortalecer ventanas y puertas y obligar al enemigo a que concentraran toda su atención en la recia casona permitiendo que escapara Manuel.
Mujeres y hombres, jóvenes y ancianos, negros y blancos, campesinos y citadinos todos estarían representados en el alzamiento holguinero, cubano y cespedista. Desde aquel 10 de octubre de 1868 todo fue diferente.
Fuentes consultadas:
Archivo Nacional de Cuba, Fondo: Comisión Militar. Legajo 125. Signatura 7.
Constantino Pupo Aguilera, Patriotas Holguineros, Holguín 1956
Museo Histórico de Holguín. Documentos de la Guerra de 1868. Número 202. Carpeta 3.
Antonio José Nápoles Fajardo, Sitio de Holguín, La Habana 1869











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