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Tras las huellas cubanas de Henri Cartier-Bresson

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Fidel Castro Ruz f 02 Henri Cartier Bresson durante su visita a Cuba en 1963El joven intelectual Erian Pupo Peña es una suma de nombre y apellidos muy breves y de un largo don de oficios de senderos del saber. Algunos llegaron a él de la misma condición humana rodeada de la bruma de lo inexplicable como es la definición de poeta. Lo que nos ha permitido tener a disposición del lector sensible su poemario “Puertas para huir de la casa” (Ediciones Santiago, 2015).

Conocemos además de diversos premios en poesía que ha obtenido como: Nuevas Voces de la Poesía (Holguín, 2014). Premio Juegos Florales, Santiago de Cuba, 2014. En un asalto a la prosa, a la reflexión, al ensayo al periodismo nos sorprende con el Premio Memoria Nuestra 2014, Romerías de Mayo. Premio “Cuentos Fríos” (Uneac, Matanzas, 2018). Premio “Rosa del Desierto”, 2017 (Literatura infantil, España–Cuba). Primer Premio del Concurso Nacional de Periodismo “Manolito Carbonell”, 2016. II Premio del XV Concurso de Ensayo “Viña Joven” (Santiago de Cuba, 2017). Varios de sus artículos aparecen en la compilación Leer seduce (Ediciones La Luz, 2015)

Pese a tantos éxitos no deja de ser sorpresa mayor el premio que le fue otorgado por la Casa Víctor Hugo de La Habana, la asociación Cuba Cooperación Francia y la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. El objetivo de este concurso es estimular la investigación y la creación artística y literaria sobre los contactos e influencias entre las culturas francesa y cubana. Es esta, la cuarta edición del certamen que se enmarcó en la celebración del 500 aniversario de La Habana. Su lema fue “La Habana: 1519-2019. Cinco siglos de contribución francesa al movimiento cultural cubano”.

El Premio convocó en dos categorías: Ruy Blas y Casilda, la primera para jóvenes ensayistas y amantes de la cultura francesa en general, que fue la que obtuvo Erian, y la segunda para investigadores reconocidos en el ámbito literario y académico, con libros y experiencia, el galardonado fue el importante ensayista, narrador, poeta y profesor camagüeyano Roberto Méndez.

El Premio consiste en un viaje a París de una duración de 10 días aproximadamente. El mismo según la convocatoria “…seguirá una ruta cultural e implicará una contribución a la promoción del Premio y un programa de investigación sobre un asunto vinculado con el tema del Premio”. Los premios se entregarán en noviembre, en el marco de la celebración del Coloquio Internacional “Víctor Hugo, visionario de paz” y el 500 Aniversario de la Fundación de La Habana.

Erian obtuvo el galardón con un ensayo titulado “La mirada cubana de Henri Cartier-Bresson”, que aborda las estancias del famoso fotorreportero francés en Cuba, la primera en 1934 y la otra en 1963. Dejemos que sea el joven periodista que nos cuente su aventura, en ocasiones casi policiaca tras las huellas del fotógrafo galo.

Háblame de ese ilustre fotorreportero.

Henri Cartier-Bresson nació en Chanteloup-en-Brie, cerca de París, el 22 de agosto de 1908. Su obra la conocí mientras cursaba la carrera de Periodismo en la Universidad de Holguín, donde me gradué hace tres años. Cursamos dos semestres de fotografía y casi siempre las primeras clases en estas asignaturas abordan su historia y evolución. Es conocido como el padre del fotorreportaje y su obra es referencia obligada. A lo largo de su carrera retrató a personajes tan particulares como Pablo Picasso, Henri Matisse, Marie Curie, Édith Piaf, Fidel Castro y Ernesto Che Guevara. Estaba en la India cuando el asesinato de Gandhi en 1948; poco antes se había reunido con él. Fotografió, además, su funeral. Participó en la Guerra Civil Española, donde filmó un documental sobre el bando republicano titulado Victoria de la vida. Como reportero participó en la Segunda Guerra Mundial. Fue testigo de la ocupación alemana y la posterior liberación de París, también de la entrada triunfal de Mao a Pekín... Fue el primer periodista occidental que visitó la Unión Soviética tras la muerte de Stalin.

Fotografió el proceso de descolonización en África, el Mayo del 68 en París… Poco después se retiró del mundo de la fotografía y retomó su afición juvenil por la pintura, hasta su muerte en 2004. Fundó, además, junto a Robert Capa y otros importantes fotógrafos, la agencia Magnum. En 2002 creó una fundación encargada de reunir sus mejores obras, en el barrio de Montparnasse.

¿Qué nos puedes decir de su vinculación con Cuba?

Conocía muchos de estos datos, incluso de su visita a Cuba a inicios de la Revolución, pero fue una foto circulando por las redes sociales lo que me llamó la atención y me hizo investigar su obra.

La foto muestra el corredor de La Periquera a inicios de los sesenta: una mujer y dos niñas caminan hacia la cámara, otras personas lo hacen en sentido contrario; las vidrieras con los maniquíes y los trajes de moda; los toldos para ocultar el sol; las revistas y periódicos de entonces…

Muchas personas en Facebook aseguraban que esta foto era de la autoría de Henri Cartier-Bresson y eso me llamó la atención, por lo que empecé a investigar. ¿Estuvo en Holguín en su segunda visita a Cuba a inicios de 1963? ¿Esa foto realmente es de quien fuera nombrado por muchos “el ojo del siglo XX”? Ese fue el detonante, el punto de partida…

¿Qué fuentes consultaste?

Muy poco se ha escrito sobre las estancias cubanas de Henri Cartier-Bresson. Casi nada. Lo publicado aborda, con muy poca información, la visita de 1963, cuando ya era una personalidad en el mundo de la fotografía y el periodismo. Entonces vino contratado por la revista estadounidense Life. De esa visita son sus fotos más conocidas sobre Cuba: milicianos en las calles, obreros, Fidel, el Che…

Pero de su estancia de 1934 casi no aparece nada… Entonces no era reconocido y estaba más bien influenciado en la fotografía por el surrealismo, movimiento que lo marcaría por toda su vida.

Encontré algún que otro artículo sobre su obra, pero que tocaban aspectos conocidos. El crítico y periodista Pedro de la Hoz escribió a propósito de su muerte en 2004, abordando la visita de 1963, las fotos realizadas a Fidel y la influencia en fotógrafos cubanos como Korda y José Alberto Figueroa.

El escritor Lisandro Otero también publicó un artículo entonces, incluida en una antología suya.

Quien más escribió sobre Henri Cartier-Bresson –y creo quien mejor lo abordó en Cuba– fue la investigadora y crítica de arte Adelaida de Juan. Ella y su esposo, el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, fueron sus anfitriones en La Habana, cuando realizó el reportaje para Life en 1963.

Henri Cartier-Bresson tomó fotos de Retamar, la pequeña Laidi Fernández de Juan, el entierro del gran Benny Moré…

Adelaida de Juan publicó más de un artículo sobre Henri Cartier-Bresson, incluido uno esclarecedor en La Gaceta de Cuba. Pero no menciona en ninguno de ellos una posible salida del fotógrafo de predios habaneros…

Consulté, entre otros materiales, una amplia biografía en inglés, un documental sobre su obra llamado Henri Cartier Bresson Biographie eines Blicks (Heinz Bütler, 2003) y el reportaje de Life.

De este solo pude acceder a las páginas fotografiadas de la revista, no a las páginas impresas en sí, lo que hubiera sido mucho más interesante. En ella se incluyen fotos tomadas por Henri Cartier-Bresson en Camagüey (una miliciana frente a una tienda) y Santiago de Cuba (unos ancianos, al parecer veteranos, vestidos de pulcra guayabera, frente a una mesa de un café).

Me preguntaba: Si estuvo en Camagüey y Santiago, ¿pudo estar entonces en Holguín? Pero la prensa holguinera de la época no lo menciona (a pesar de ser una reconocida figura) y esto me traía nuevas interrogantes… Amigos de Camagüey, además, me confirmaban que no tenían datos de su estancia en esa ciudad, aunque la foto y su texto confirmaran que sí estuvo allí.

A estas alturas, la investigación tomaba otros rumbos y por suerte no se limitaba a ámbitos locales, sino a sus visitas a Cuba. Aun así, después que fui triangulando toda la información, me seguía preguntando por el germen de la misma: ¿ Henri Cartier-Bresson estuvo o no en Holguín a inicios de 1963?

Esa fue la mayor dificultad y al mismo tiempo la más importante motivación. A partir de este pie, digamos que surgió el ensayo donde abordo las dos estancias del famoso fotógrafo francés a Cuba.

¿Hiciste un estudio biográfico o de su relación con Cuba o de las foto?

No me propuse hacer un estudio biográfico, pues su vida y obra es ampliamente estudiada y conocida, sobre todo en Europa. Incluso una Fundación en París resguarda su valioso legado artístico.

Me propuse abordar –lo más ampliamente posible– sus visitas a Cuba, pues aún queda una especie de vacío dentro de nuestros estudios sobre fotografía, quizá no del todo significativo para investigadores europeos, pero sí importante para conocer el trabajo que realizó aquí, su influencia…

Cuando vino en 1934 –imaginemos la convulsión política de esos años– no era un fotógrafo reconocido (llegó de tránsito hacia México) y sin embargo tomó una de sus obras más entrañables. Un año antes de fallecer, el 3 de agosto de 2004, en Montjustin, región francesa de Provenza-Alpes-Costa Azul, la Biblioteca Nacional de Francia realizó una gigantesca retrospectiva con trescientas cincuenta de sus mejores fotos, en homenaje a sus 95 años. La instantánea que él mismo eligió como símbolo y portada de esa exposición fue aquella tomada en 1934 a los simples caballitos de madera de un tiovivo en Cuba y que, además, es la fotografía suya con mayor precio en una subasta: se vendió el 16 de noviembre de 1999 por 24030 dólares. Titulada Cuba, 1934, esta fotografía estaba entre las preferidas de Cartier-Bresson.

Cuando regresó a La Habana en 1963 venía interesado en observar con sus propios ojos, esos que habían captado tras el lente de su Leica los grandes momentos del siglo XX, una revolución diferente a las que había presenciado con anterioridad: una “revolución sin ideología”, como la había llamado Jean-Paul Sartre en 1960, pero que ya para enero de ese año se había inclinado hacia el socialismo en la compleja balanza de la geopolítica mundial. Él mismo se consideraba un testigo de “la sucesión de utopías” y Cuba, entonces, era el sueño palpable de las utopías de izquierda. Pero La Habana de boinas y milicianos fusiles al hombro no era la misma que conoció en su primera estancia: ni Cuba ni el fotógrafo eran iguales. La Isla, que había decretado su carácter socialista en 1961, vivía una revolución social que la trasformaba radicalmente desde sus cimientos, y Henri Cartier-Bresson, llamado por muchos el padre del fotorreportaje, era considerado uno de los más importantes fotógrafos del mundo.

Las fotos publicadas en Life –incluso los textos son suyos– bajo el título “Inside Castro´s Cuba. A Penetrating Report in Pictures by Henri Cartier-Bresson”, son mucho más conocidas. Documentan los primeros años de la Revolución cubana, sus líderes, pero también momentos cotidianos: obreros, campesinos, mujeres, personas en las calles, milicianos.

¿Cuáles fueron las mayores dificultades que encontraste?

Las mayores dificultades –como hemos visto– estuvieron en la ausencia de información al respecto. La primera visita no quedó documentada, salvo por la famosa fotografía del tiovivo. Y la segunda, aun así siendo una figura reconocida, como tantas que nos visitaron en esos años, tampoco fue muy abordada, salvo, tiempo después, por quienes lo conocieron en aquellos años.

Aun teníamos pendiente si la foto del corredor de La Periquera era suya o no… Que sepamos por sus fotos, estuvo en Camagüey y Santiago y quedaba la posibilidad de que estuviera de paso por Holguín. Por las características técnicas aquella foto de La Periquera bien podía ser una obra suya…

Adelaida de Juan, poco antes de fallecer –gracias a la mediación de su hija, la escritora Laidi Fernández de Juan–, me aseguró que, según lo que recordaba, no había estado en Holguín.

Contacté, además, con la Fundación parisina que lleva su nombre. Traduciendo mensajes de ida y vuelta, sus expertos, después de analizar la fotografía, me aseguraron que no pertenece a Henri Cartier-Bresson. No está en sus fondos, no la tienen documentada como de su autoría. Espero poder visitar la Fundación durante la visita a París y ver los originales tomados en Cuba.

Eso no me desilusionó para nada, pues esa foto que circuló por las redes sociales –ya sea de Henri Cartier-Bresson o no, siempre queda la posibilidad– fue el germen para investigar sus dos estancias en Cuba. Eso, creo, fue lo más importante. Saber, además, que la investigación me regaló un premio como el Casa Víctor Hugo me reconforta mucho. El Jurado estuvo integrado por los especialistas Clémentine Renée Lucien, María de los Ángeles Pereira, Rafael Acosta de Arriba, que conoce y ha investigado a fondo la fotografía en Cuba, Jesús David Curbelo y Gualfrido Hernández Vidal. Ellos premiaron el ensayo “La mirada cubana de Henri Cartier-Bresson” por “el rigor histórico de la investigación y la calidad de la escritura”, según la propia acta del jurado.

¿Para ti qué significa la fotografía en la prensa?

La fotografía en la prensa –unidas casi desde el surgimiento de la primera– es más que importante para el desarrollo de la prensa contemporánea. Y además para la historia. La de Henri Cartier-Bresson, por ejemplo, es una cartografía de los principales momentos de buena parte del siglo XX.

¿Cómo la has utilizado?

Las nuevas tecnologías han condicionado su creciente desarrollo y cada día es más importante el uso de las fotografías y otros elementos audiovisuales en la prensa. Particularmente sí he utilizado la fotografía, tanto mías como de fotógrafos amigos, para acompañar mis artículos de prensa.

¿Tú has desempeñado las funciones de fotógrafo?

Muchas veces saco el celular y con su cámara tomo yo mismo las fotos que acompañan mis textos…

Además, soy amante de la fotografía como arte y del buen fotoperiodismo que vale tanto como un artículo. Por ejemplo, la famosa imagen del niño sirio ahogado en una playa mediterránea es más impactante para denunciar el conflicto en Siria y la situación migratoria en esa área que cien artículos. Lo mismo sucede con las fotos de conflictos bélicos, desastres naturales…

Me gusta mucho el arte de Louis Daguerre, pero como no tengo cámara fotográfica adecuada, más allá de la del celular, prefiero utilizar las fotografías de amigos que conocen el lente mejor que yo.

Author: José Abreu CardetEmail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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