martes, 30 Noviembre 2021

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El trabajo que cruza el mar, libro de la historiadora cubana Graciela Chailloux, publicado en el 2015 por la Universidad de La Habana. Foto: Archivo

Graciela, como la lluvia de verano

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Me es imposible recordar donde conocí a Graciela Chailloux; en una feria del libro, en una biblioteca, un archivo, una conferencia. Quizás, en todos esos lugares o en ninguno, pues ella tiene ese don de la lluvia de verano que aparece cuando menos lo esperas para irse inesperadamente con rumbo ignoto.

Tal afirmación no tiene nada de mágico ni increíble porque sus estudios tienen ese don de mostrarnos asuntos tan evidentes que muchas veces ni cuenta te das que existen. Uno de ellos es intentar encontrar las raíces de nuestra nacionalidad. Mostrarnos de dónde procedemos y sobre todo presentarnos a los grandes desconocidos del pasado cubano. Los que nunca fueron ni capitanes generales, ni presidentes; pero que son carne de nuestra carne.

Esa es la intención de su libro El trabajo que cruza el mar, publicado en el 2015 por la Universidad de La Habana, centro en el que es profesora.

El texto tiene como objetivo estudiar como las grandes empresas azucares establecidas en la Isla en las primeras décadas del siglo XX lograron obtener mano de obra barata que abasteciera sus centrales de caña. Al acercarnos al índice nos sorprende pues más que epígrafes nos asalta con preguntas de por qué y cómo se logró la promulgación de una ley que autorizaba la inmigración de braceros.

Por qué y desde dónde vinieron los trabajadores abundantes y baratos. ¿Por qué sobraron los brazos baratos?
Atraídos por ese inusual asalto de dudas nos internamos en la lectura del libro. Un asunto interesante es que trata de entender el fenómeno de la emigración barata en un marco antillano, en Cuba. Así nos afirma:

"Otro factor que marcó el cambio de siglo en la producción y comercialización del azúcar en la región del Caribe fue la salida de productores ineficientes y la emergencia de Cuba, República Dominicana y Trinidad y Tobago como los nuevos enclaves productivos por excelencia en la región. Pero al igual que ocurriera con el ingenio, ahora el central también requería de grandes cantidades de brazos, pues la transformación que dio como resultado una nueva cualidad en la productividad industrial no tuvo el menor impacto en su parte agrícola. Y si la fórmula de solución para el ingenio consistió en el empleo del trabajador esclavizado, la del central fue echar mano de los sujetos desempleados en los territorios que quedaron fuera del circuito de comercialización de materias primas de origen tropical, así como de los provenientes de lejanos confines: los braceros antillanos, europeos y asiáticos. Quedó demostrado, una vez más, que la circulación de las mercancías, del capital y del trabajo no reconoce fronteras en el contexto del creciente proceso de interdependencia económica, política y social que crea el capitalismo en su desarrollo." (1)

Para inesperadamente acercarnos a casos muy específicos como: ejemplificar con los braceros traídos por la United Fruit Company a su inmenso latifundio que abarcaba gran parte del territorio de la actual provincia de Holguín. Al mismo tiempo hace un análisis de la situación general de la República al decirnos:

"El siglo XX en Cuba se inauguró con el estreno de un nuevo status político: la independencia tutelada por el gobierno de Estados Unidos, recién devenido potencia mundial en medio del pleno ascenso de un pujante capitalismo monopolista. En ese contexto, la estructura económica plantacionista debió modificarse, pero solo para ajustarse a las nuevas exigencias de las demandas del mercado internacional, especialmente del estadounidense. Cuba reforzó su condición de productora y exportadora casi exclusiva de azúcar barata para un mercado metropolitano que proporcionó el financiamiento externo; el cambio tecnológico circunscrito a su fase industrial satisfizo la elevada dependencia de las importaciones y contribuyó al abasto de la fuerza de trabajo importada y barata necesaria.

Todos ellos fueron factores que estaban sujetos a normas mercantiles impuestas desde el mercado mundial en proceso de ensanchamiento; este resultaba un proceso que generaba una extrema vulnerabilidad de las economías dependientes a las sacudidas coyunturales del mercado y por eso la economía supeditada estaba caracterizada por una notable inflexibilidad para reajustar su funcionamiento a los cambios operados en los negocios internacionales." (2)

La Chailloux, como le dicen algunos colegas en reconocimiento a esta creadora de caminos y visiones nuevas, nos ofrece también una panorámica de las fuentes que consultó:

"Las fuentes de información que han servido para este primer intento de reconstruir el episodio del trabajo barato en Cuba que aquí se narra son disímiles y no siempre sistemáticas, por lo cual no es posible afirmar que ellas cubren todos los contenidos propios del fenómeno ni que permitan seguir el hilo lógico de algunos de sus desarrollos. No obstante, podrá juzgar el lector cuán suficientes son para ilustrar el fenómeno del trabajo barato en Cuba durante las primeras cuatro décadas del siglo XX. La consulta de la legislación sobre la inmigración a Cuba es de fácil acceso en los compendios de la Gaceta de la República de Cuba. Los archivos de las empresas azucareras prácticamente han desaparecido y para este estudio solo se pudo disponer de los Managers Letters Books de la División Banes de la United Fruit Company.

En el Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba fue localizado un expediente sobre la crisis de los braceros en 1921-1922 en la antigua provincia de Oriente, en el que se compila abundante correspondencia intercambiada entre el gobernador y otros funcionarios provinciales y nacionales, los alcaldes de los municipios, directivos de las compañías azucareras, oficiales de las embajadas de los países vinculados al asunto, etcétera. En el mismo Archivo se localizó otro tipo de información que también ha sido utilizada. Del Archivo Histórico Provincial de Las Tunas se obtuvo información de interés sobre las empresas azucareras establecidas en esa demarcación, por ejemplo la poderosa Cuban American Sugar Mills, propietaria de los centrales “Delicias” y “Chaparra”, y sobre el primer embarcadero privado de azúcar localizado en el Cayo Juan Claro, unido a tierra firme por el primer pedraplén construido en Cuba, 11 así como de su estación cuarentenaria." (3)

Estamos ante un libro necesario que va más allá de lo folclórico y enmarca en esa especie de nueva esclavitud del siglo XX tanto a los haitianos con su vudú "exótico" como a los muy católicos braceros españoles. Todos quedaron atrapados en las maquinarias implacables de las grandes compañías azucareras.



NOTAS
1-El trabajo que cruza el mar, CEDEM, Universidad de La Habana, 2015, p. 13
2-Ibídem. p.14
3-Ibídem. p.16

 

Author: José Abreu CardetEmail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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