lunes, 29 Noviembre 2021

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Visiones sobre el odio

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En Holguín existe un extenso y rico territorio que sorprende a los estudiosos de las guerras de independencia. Nos referimos a una región que ha sido llamada como la zona de influencia del puerto de Gibara. Los historiadores a esa zona alrededor de un puerto la llaman el hinterland, término que nosotros utilizaremos.
El territorio comprende gran parte del norte del oriente cubano y conforma los actuales municipios de Gibara y Rafael Freyre, de la actual provincia Holguín. Durante las guerras de independencia se le llamó “La Covadonga Cubana” o la “España Chiquita”.

Una parte de sus vecinos defendieron el imperio español con gran convencimiento. Todo parece indicar que sentían un profundo odio contra los independentistas. Existen diversos testimonios al respecto.
El Diario de la Marina, el 8 de diciembre de 1868, informaba:
Gibara, según se nos dice está hecha una pequeña plaza fuerte, rodeada de estacadas, trincheras y otras obras de defensa entre las cuales descuella un hermoso fortín triangular, rodeado de profundo foso y con su puente levadizo, cuya construcción dirigió y costeo el patriota y hacendado señor Caldero.... (1)
Un ejemplo del convencimiento de los integristas de esta zona se dio durante el ataque a Auras que, en abril de 1873, realizó Calixto García. Un grupo de vecinos se refugiaron en la casa del comerciante Manuel Argudín. La residencia fue incendiada. Un oficial mambí cuenta que “… a pesar de que se les brindó el perdón y se les proponía no tocarles. Prefirieron morir quemados haciéndonos fuego a rendirse” (2)

La situación se repite, en buena medida, con el estallido de la guerra de 1895. Aníbal Escalante Beatón, oficial del ejército insurgente escribió un extenso texto sobre la campaña dirigida por el general insurrecto Calixto García. En el hace referencia a una incursión a la zona de Gibara:
Poblada como estaba la comarca por una mayoría notables de inmigrantes canarios, cuyos sentimientos reaccionarios eran de todos conocidos, los cubanos progresistas la consideraron siempre como una zona enemiga de la revolución, tildándola, al efecto de España Chiquita, con cuyo mote deprimente era conocida por los patriotas. (3)
El estudio del integrismo es una asignatura pendiente de los historiadores cubanos. Se han realizado pocos análisis.
El historiador Francisco Pérez Guzmán, (4) refiriéndose a la pasión que matiza muchos de los estudios sobre las guerras de independencia de la mayor de las Antillas, afirmó en una entrevista (5) que muchos de ellos parecen estar escritos por algún miembro del Partido Revolucionario Cubano (6) o del ejército mambí. (7) De esta manera, el destacado historiador pone de manifiesto la subjetividad que ha predominado en la historiografía cubana, con lo cual se ha caído en extremos de parcialidad que han llevado, en unos casos, a santificar a los libertadores insulares y, por la otra, a satanizar a los integristas, con lo cual se han perdido muchas oportunidades de hacer estudios más equilibrados y objetivos sobre esta trascendental etapa de la historia de Cuba.
Esta falta de objetividad en algunos análisis de la guerra, quizás sea la causa de que los integristas han llamado poco la atención de los estudiosos de la historia de Cuba. Sin embargo, la mayoría de los peninsulares, canarios y baleares establecidos en la isla actuaron con bastante energía a favor de la integridad del imperio.

También muchos descendientes de colonos franceses del sur de oriente y no pocos cubanos pensaban igual. Incluso negros y mulatos pelearon en las filas coloniales. Las referencias más comunes a estos partidarios de España se concentran, casi siempre, en La Habana y en el Cuerpo de Voluntarios. Se les culpa de numerosos crímenes; pero esas turbas cometieron todo tipo de exceso, prácticamente, en todo el país.

Durante la etapa álgidamente triunfal de la Revolución de 1959, algunos historiadores oficiales utilizaron de un modo unilateral el concepto pueblo, y consideraron solo como tal a los que peleaban por la independencia o simpatizaban con ella, descalificando o excluyendo a amplios sectores que por diversos intereses y razones defendieron el pabellón español. El idealismo político trasladado al campo historiográfico llevó a que los crímenes, robos y excesos de cualquier tipo solo eran perpetrados por la metrópoli y sus acólitos; en tanto, las fuerzas independentistas y sus colaboradores quedaban exonerados de toda responsabilidad en actos criminales desmesuras civiles o morales, como si, por la sencilla razón de pelear por una “causa justa” ya los convirtiera en paradigmas de justicia y racionalidad.

Tales perspectivas, en la mayor parte de los ejemplos, se adoptaba de modo inconsciente y llevaba también al desconocimiento no solo de los errores o manchas presentes en el campo mambí, sino a no ver o a no poder apreciar en la medida que corresponde los actos de perseverancia, valentía y hasta de altruismo y otros valores de los contrarios. Inclusive en la parte oriental, donde el independentismo tuvo un peso determinante, los integristas combatieron en ocasiones con mucho valor a los insurrectos.

Por supuesto, lo que se ha divulgado de un modo mayoritario por la historiografía cubana han sido los abusos y crímenes de la parte peninsular dentro de la cual, es conveniente aclarar, no todos eras españoles, pues también contó con el apoyo de criollos blancos, y de negros y mestizos de distintos niveles o estamentos sociales.

Hay muchos ejemplos acerca de la leyenda negra que se ciñe sobre el accionar metropolitano en la isla; uno de ellos es que al ser hecho prisionero el general insurrecto, Pedro Figueredo, fue trasladado a la ciudad de Manzanillo en un buque de guerra con otros dos patriotas. Pese a que en esta ciudad se había iniciado la contienda de 1868, y Perucho tenía una amplia fama de independentista, cuando se divulgó la noticia de su presencia en el puerto se creó un estado de indignación colectiva en un grupo de vecinos de la ciudad, lo cual indica que no todos eran partidarios del independentismo. Según un cronista de aquellos acontecimientos:
El cañonero ancló fuera de los muelles, medida que hubo necesidad de adoptar, porque las turbas recorrían las calles pidiendo la cabeza de los prisioneros. (8)
En La Habana una multitud tan furiosa y convencida de su odio, como la de Manzanillo, quería linchar a los estudiantes de medicina acusados, en noviembre de 1871, de profanar la tumba de un periodista español ultimado por los independentistas. Ocho de ellos fueron condenados a muerte y ejecutados. y a otros muchos a diversas penas de prisión

Esta es la imagen que se tiene de los integristas, la de individuos sedientos de sangre, dispuestos a agredir al primer inocente que encuentre a su paso sin tener motivo alguno que no fuera el dar rienda suelta a sus odios contra los cubanos.

Tal parece que son una de esas pinturas de Goya sobre el dos de mayo de 1808, en Madrid, donde los franceses integrantes de los pelotones de ejecución no tienen rostro. Esa multitud de voluntarios del 68, enardecida y cruel, tenía rostro, nombre y sobre todo motivaciones para cometer esos excesos. Por regla se pierde la objetividad y se les condena sin escuchar sus razones.

Sin embargo, los integristas forman parte de la historia cubana. Muchos de los cubanos actuales tienen un antepasado integrista, tan convencido como su bisabuelo mambí. Fue un independentista, como José Martí, quien pidió a la posteridad una valoración menos apasionada sobre estos incondicionales a la metrópoli. Al hacer un análisis sobre las causas que llevaron a los voluntarios de La Habana a asesinar a los estudiantes de medicina nos dice Martí:

En verdad, aquel crimen, concreción y estallido de fuerzas hasta entonces confusas, no tan claramente manifiestas, puede ser, y ha de ser, objeto de hondo estudio, en que se acomode el resultado sangriento a los agentes sordos, y de siglos, que se enconaron y revelaron en él. (9)

De esa forma el cubano genial dejó un reto a los estudiosos de la historia patria que le continuarían. Casi por regla, el integrismo se analiza siguiendo los senderos de las instituciones en que se apoyó. Así en la contienda de 1868 siempre estarán muy presentes los llamados Casinos, mientras en la guerra de 1895, un factor esencial es el Partido Unión Constitucional. En ambos casos estamos, casi ante élites que promueven una reacción en defensa de la supervivencia del imperio. Pocas veces se tiene en cuenta al hombre y mucho menos a la mujer común, sus intereses y motivaciones.

En el caso de los canarios el asunto es más complejo, pues no conformaron la élite de poder del colonialismo. Lo que pensaban los vegueros de Gibara, en el oriente o La Palma, en Pinar del Río no era tan importante para quienes presidían los casinos españoles en el 68 o el Partido Unión Constitucional en el 95. Por lo que nuestro estudio se concentrará en analizar la visión del canario común.

Sin intentar dar una respuesta definitiva a un asunto tan subjetivo como las motivaciones y mucho menos hacer el “hondo estudio” que pidió el Héroe Nacional de la Cuba, hemos realizado algunos análisis sobre las motivaciones de los integristas y, en particular, sobre el caso de los canarios. Intentamos entender la “concreción y estallido de fuerzas hasta entonces confusas”.

A partir de este artículo y como parte de la conmemoración del 150 aniversario de las guerras de independencia publicaremos una serie de artículos sobre ese acontecimiento. Entre ellos nos referiremos a los integristas como se les llamaba a los defensores del imperio español y los motivos de sus odios.
Notas:
1--Diario de la Marina, martes 8 de diciembre de 1868. Página 2. Columna 2.
2-- Nydia Sarabia, Ana Betancourt Agramonte, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1970. p. 75.
3--Aníbal Escalante Beatón: Calixto García: Su campaña de 1895, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p 29.
4--Francisco Pérez Guzmán, nació en Güira de Melena, en la provincia de La Habana. Llevó a cabo varias investigaciones principalmente sobre las guerras de independencia. Falleció recientemente.
5--La entrevista fue publicada por Pedro Pablo Rodríguez, “Radiografía de un historiador”, En La Gaceta de Cuba Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, marzo abril, 2006, p 19.
6--Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí en abril de 1892 para dirigir la lucha por la independencia.
7--Mambí nombre con que se designaban a los guerrilleros cubanos que luchaban por la independencia. Al parecer e origen del término proviene de Republica Dominicana
8--José Maceo Verdecía: Bayamo. Ediciones Bayamo, 2009, p. 139.
9--José Martí: La Revolución de 1868, Instituto del Libro, La Habana, 1968, p. 330.

Author: José Abreu CardetEmail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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