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La novela martiana de Yamil Díaz

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Yamil Diaz escritor cubano El horizonte de la novela, género literario por excelencia, se ha convertido en un espacio versátil, cruce de caminos donde confluyen las rutas provenientes de los lugares más insospechados a la hora de la creación verbal. Desde los procederes que abren su devenir en clave de futuro con El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha hasta ahora mismo, la novela incorpora voces y maneras provenientes de otras parcelas –ensayo, poesía, epístola, dietario, periodismo- para, lejos de aminorar su expansión, contribuir a una mezcla de saberes y sabores que, a la hora del acto de narrar, alcanza una desenvoltura de plenitudes inéditas.

Uno de los principales valedores y practicantes de tales condiciones, el escritor mexicano Carlos Fuentes (1928-2012), advierte en su libro En esto creo, autobiografía literaria a la manera de un diccionario muy personal, que “la imaginación y el lenguaje, la memoria y el deseo, son no sólo la materia viva de la novela, sino el sitio de encuentro de nuestra humanidad inacabada”. Y más adelante añade: “Debemos vernos y ver al mundo como proyectos inacabados, personalidades permanentemente incompletas y voces que no han dicho su última palabra. Para lograrlo, debemos articular sin fatiga una tradición y patrocinar las posibilidades de ser hombres y mujeres que no sólo estamos en la historia, sino que hacemos la historia”.

Un título que indica desde la cubierta Crónicas martianas puede llamar a un inicial desconcierto si se supone que trata de una antología con textos de José Martí. Pues no. Y más: lejos del género periodístico señalado –que en este caso razona la guía a seguir como propuesta inicial-, el libro que desata estas líneas puede ubicarse con naturalidad en lo advertido en los párrafos anteriores. Pues sí. Estamos en presencia de una novela tan singular en lo factible que su lectura ofrece, como tan seductora en lo que su hechura deslinda: la novela de un lector acucioso y pertinaz de la prosa martiana, que aquí actúa como protagonista a través del cual accedemos a un examen minucioso y sugestivo de esos personajes, a la vez entrañables y únicos, que residen en las cartas y en el diario de José Martí. Y todo ello con gentileza que, aunque asentada en las habilidades del narrar gustoso, no escatima observancia y precisión en el manejo y la confrontación de datos provenientes de varias fuentes.

Publicado por la editorial Capiro, de Santa Clara, Crónicas martianas, del poeta, ensayista y editor Yamil Díaz Gómez (Santa Clara, 1971), tiene una apertura que confirma con creces esa voluntad novelística que late en su despliegue: “No admite duda que monsieur francisco torres y monsieur marcos rojas son hoy por hoy las dos figuras fundamentales de la revolución que ha comenzado en cuba: ni siquiera José Martí y Máximo Gómez los superan en importancia… las dos figuras fundamentales… claro que torres y rojas cuentan con una ventaja al ser desconocidos, pues la corona española no puede calcular cuánto peligro portan en sí estos dos pasajeros del vapor nordstrand… cuánto peligro… cómplices las miradas, las sonrisas, los pasos”. A partir de ese preámbulo, el protagonista ya indicado –el lector de los textos martianos- conduce por aquellas páginas en un recorrido en el que se entrecruzan la pesquisa y la acotación para dar constancia de lectura cómplice, como nombraba Julio Cortázar a quien lograba “llegar a ser copartícipe y copadeciente de la experiencia por la que pasa el novelista”.

Se trata de cuatro capítulos en poco más de cien páginas: “Lola, jolongo, llorando en el balcón…” –la línea del célebre comienzo del Diario de José Martí-, la estancia de Martí y Gómez en Haití en vísperas del viaje definitivo, con el cálido retrato en familia del médico cubano Ulpiano Dellundé, inolvidable y valeroso, la intensidad de una trama policial en la que casi puede sentirse el peligro al que se enfrentan clandestinos los dos grandes hombres acuciados por la amenaza de las autoridades españolas; “Como la paz de un niño” –los primeros pasos tras el arribo a Cuba por Playitas-; “A un galpón del camino” –el notorio y polémico encuentro de Martí, Gómez y Maceo en La Mejorana, con luces y sombras de palabras y recelos-; y “Pegado al último tronco, al último peleador”, los sucesivos entierros del cadáver de Martí y desde ellos, en vuelta al comienzo de aquellos momentos, el día fatal del 19 de mayo de 1895, releído y apuntado con miradas que se entretejen.

Y además dos anexos, que bien pueden agregar una fe bibliográfica a pie de desenlace novelesco: el primero, una carta de Bernarda Toro de Gómez a Martí, fechada el 12 de junio de 1895, en la que destella el reclamo de “cuídeme a Máximo”, misiva que, claro, ya nunca sería leída por su destinatario; y el segundo, confesiones del pintor cubano Pedro Pablo Oliva en torno a su abuelo, Olivita, práctico del ejército español, inculpado de haber rematado a Martí tras su caída en Dos Ríos.

Así, escrita con elegancia y sosiego, la novela martiana de Yamil Díaz invita al reencuentro con un momento cardinal de la historia de Cuba.

Author: Eugenio Marrón CasanovaEmail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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