Este domingo falleció en la ciudad de Holguín, a los 88 años de edad, el combatiente de la Revolución Cubana, Antonio Suárez Fonseca, tras un largo proceso de deterioro de su salud física y mental. Cumpliendo su propia solicitud, el cuerpo fue cremado y las cenizas serán depositadas en el cementerio de Guaro, donde descansan otros combatientes del II Frente Oriental que comandó el hoy General de Ejército Raúl Castro Ruz.
En homenaje al combatiente, que durante toda su vida continuó sumando méritos a una amplia hoja de servicios a la Patria, este sitio publicó una entrevista realizada el 22 de noviembre de 2017, de la cual tomamos el siguiente fragmento:
Cuando se combatía en las montañas orientales con el apoyo de la clandestinidad en los llanos de toda Cuba, el joven Antonio apoyó en cuanto pudo y el nueve de abril de 1958 se incorporó a los rebeldes en el campamento de Limones, Guamuta (Cueto), pasando a la policía rebelde que había creado el entonces Comandante Raúl Castro Ruz, jefe del II Frente Oriental.
Al triunfar la Revolución ocupó diferentes cargos y venció varios cursos de superación cultural e instrucción militar, y cuando Fidel creó el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), se le asignaron diferentes responsabilidades. Participó en el enfrentamiento a una expedición mercenaria que desembarcó en Duaba, figuró entre los fundadores de los Comités Militares, fue oficial del Cuerpo de Guardabosques (CGBC), después trabajó durante 13 años como jefe de la finca de autoconsumo de la Empresa Forestal Integral (EFI) Mayarí, y consta en su amplia hoja de servicios a la patria, su participación voluntaria en 12 zafras azucareras.
Antonio nació en una pequeña comunidad rural conocida por Junta Batey, “donde había un tallercito de reparación de líneas férreas. Mi padre era capataz de una brigada de reparadores de puentes, de la United Fruit Sugar Company (compañía norteamericana encargada de producciones y exportaciones cañero-azucareras y frutales), pero en el año 1935 lo sacaron por reclamar derechos de los trabajadores”.
Antonio tenía cuatro años de edad cuando la familia pasó a vivir a Guamuta, también de Cueto, donde su padre trabajó como agricultor en unas tierras que le facilitó un amigo. A los ocho años, el pequeño comenzó a apoyarlo en tan rudas labores, hasta que cuatro años después, el viejo le exigió que estudiara en el lugar conocido por Buena Ventura, a unos seis kilómetros de Guamuta, que vencía a caballo junto a un hermano, hasta culminar el tercer grado.
Luego el padre consiguió que matriculara en una escuela agrícola industrial evangélica que había en Playa Manteca, entre Mayarí y Preston (hoy Guatemala), graduándose como técnico cinco años después (1954). Siendo cortador de cañas recibía información sobre la oposición popular al desgobierno de la época y el asalto de Fidel y un pequeño grupo de hombres, a los cuarteles Moncada (Santiago de Cuba) y Carlos Manuel de Céspedes (Bayamo).
“Así fui adquiriendo conciencia política y creció mi rechazo a la tiranía batistiana, como ocurrió con otros jóvenes de Buena Ventura, Cañada seca y Guamuta, que colaboramos con el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (clandestinidad) y después nos alzamos para participar en la lucha armada”.












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