¨En Cuba me siento feliz, orgullosa de contar con tantos amigos, y siento necesidad de contar a todos la verdad que aquí se vive, porque le hace falta a mucha gente desinformada en otras partes del mundo. Todos deben conocer que, a pesar del bloqueo de Estados Unidos durante casi 60 años, Cuba resiste, no se doblega, construye su futuro. Es como una luz que no se apaga¨, me comentó al final de su más reciente viaje a Holguín, la canadiense Claudia Peralta Elgueta, con emotivas palabras acompañadas del expresivo brillo de sus ojos.
Esta amorosa mujer - que aún siente nostalgia de su Chile natal, de donde fue llevada a Canadá por su padre, acosado por la dictadura pinochetista tras el golpe de estado al legítimo presidente Salvador Allende y su asesinato – no puede disimular toda la tristeza que embarga su corazón y que solo se alivia ¨cuando piso suelo cubano, camino por sus calles, converso con la gente y me percato de que mientras Cuba exista no se pierde la esperanza de un mundo mejor, porque Cuba es como una luz que no se apaga, una luz que, aunque algunos se nieguen a apreciarla, ilumina al continente¨.
Conocedora de lo que acontece en su país de origen, en Brasil, Argentina, Colombia, Perú y otros pueblos de América, Claudia lamenta el posicionamiento de la ultraderecha que, de espalda a los pueblos, se une a los planes imperiales contra Cuba y Venezuela.
¨Por todo eso es mi apego a Cuba, porque es un país libre, digno y solidario; un pueblo culto y amable, conocedor de su historia y tradiciones luchas; un pueblo que sabe lo que quiere y lo defiende hasta con los dientes, como ha demostrado en estos 60 años de agresiones y amenazas. Cuba atrae, comparte lo que tiene y es un ejemplo para todos los pueblos del mundo¨.
En Holguín, esta chileno canadiense se siente como en casa, según me confesó en uno de los pequeños espacios de la sede provincial del ICAP, donde supe que tenía cinco años de edad cuando falleció su amada madre, es decir, unos meses después de ser llevada a Canadá por el padre, quien una vez jubilado regresó a Chile, donde continúa viviendo.
Claudia tiene tres hermanos, uno mayor y dos menores que ella, así como una bella hija de 24 años, que estudia Psicología, y como buena seguidora que es de sus ideas, también ama a Cuba y la ha acompañado cuatro veces en sus viajes.
Pequeña y ligera de tamaño, pero grande de corazón, Claudia se ha consagrado a la solidaridad con Cuba, integrándose desde hace muchos años a la Brigada Che Guevara de trabajo voluntario, a la primera Brigada Calixto García constituida recientemente aquí en Holguín con 23 canadienses, y contribuye a la formación de la denominada Asociación de Amistad Canadá-Cuba, aún incipiente.
Tales empeños responden a su convencimiento de que ¨hay que incrementar e intencionar las acciones de solidaridad con Cuba y otros países latinoamericanos que están constantemente amenazados por el imperio estadounidense, porque Cuba no puede estar sola jamás. Eso lo aprendí de mi padre y de mi abuelo, que siempre me hablaban de este país y lo que significa para el mundo. En la casa de mi abuelo vi por primera vez una foto grande de Fidel, que tenía en su sala. Mi papá, revolucionario probado, me hablaba de Cuba y por eso estudié sobre este pueblo en revolución, del que tanto he aprendido en todos estos años¨.
En Canadá, Claudia trabajó como secretaria, estudió computación, se involucró en el trabajo de atención social y realiza ejercitaciones gimnásticas para mantenerse en forma, ¨porque el ejercicio ayuda a la salud y al pensamiento¨.
Quizás por esa razón esta mujer es incansable, viaja una y otra vez a Cuba, como en 2018, cuando vino en cuatro oportunidades, porque dice sentirse cómoda aquí, lo mismo en La Habana, Santiago de Cuba, Holguín y demás ciudades, como en la Sierra Maestra, donde visitó la Comandancia de La Plata, desde donde Fidel dirigió el Ejército Rebelde, y siente felicidad por haber visto en Holguín la réplica juvenil de la Caravana de la Libertad y poder participar en las celebraciones por el 60 aniversario del triunfo de la Revolución.
Admiración, pasión, compromiso y amor acompañan a Claudia en cada nuevo viaje a esta pacífica, digna y solidaria isla de la libertad, donde confiesa sentirse como en casa, tranquila, feliz, comprometida, porque ¨es donde veo reflejados mis sueños y añoranzas; donde la libertad y el amor se respiran por todas partes; y me contagia toda esa alegría de vivir en revolución y el demostrado optimismo de los cubanos¨.












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