El 17 de junio de 1905 dejó de existir físicamente el Generalísimo Máximo Gómez Báez, combatiente por la libertad de Cuba nacido en Baní, República Dominicana, y convertido por derecho propio en hijo insigne del pueblo cubano.
El Comandante en Jefe Fidel Castro al referirse a Gómez dijo que “supo convertirse en hijo insigne y entrañable del pueblo cubano por derecho ganado en su lucha por la independencia de Cuba, a la que aportó su brazo y su machete, su genio militar y su coraje, un notable talento político y un profundo pensamiento revolucionario”.
Entre los méritos que lo encumbran como talento de la guerra, sobresale la primera carga al machete, un arma que se convirtió en la más temida por las tropas españolas, y también clasifica entre sus proezas militares la Invasión de Oriente a Occidente que protagonizó junto al Mayor General Antonio Maceo y Grajales, el Titán de Bronce.
Cuando Martí se dirigió a Gómez para que asumiera el mando militar de la Guerra Necesaria, le expuso “(…) Yo ofrezco a usted, sin temor de negativa, este nuevo trabajo hoy que no tengo más remuneración que brindarle que el placer de su sacrificio y la ingratitud probable de los hombres (...)".
La respuesta de Gómez fue escueta y contundente: "Desde ahora puede usted contar con mis servicios", y con esa disposición se convirtió en el más brillante jefe y maestro de jefes cubanos, como lo demostró con creces durante más de 30 años de guerra y alrededor de 235 combates en los cuales recibió solo dos heridas.
Al año siguiente de terminada la Guerra Necesaria, el 12 de marzo de 1899, la Asamblea del Cerro acordó la destitución de Gómez como General en Jefe del Ejército Libertador, y la eliminación definitiva de ese cargo. Por ello, mediante un manifiesto a la nación, expresó: "...Extranjero como soy, no he venido a servir a este pueblo, ayudándole a defender su causa de justicia, como un soldado mercenario; y por eso desde que el poder opresor abandonó esta tierra y dejó libre al cubano, volví la espada a la vaina, creyendo desde entonces terminada la misión que voluntariamente me impuse”.
Seguidamente añadió: “Nada se me debe y me retiro contento y satisfecho de haber hecho cuanto he podido en beneficio de mis hermanos. Prometo a los cubanos que, donde quiera que plante mi tienda, siempre podrían contar con un amigo."
El Generalísimo Máximo Gómez Báez dejó de existir físicamente el 17 de junio de 1905 en La Habana, a los 69 años de edad, sin fortuna personal, pero rodeado del cariño de un pueblo agradecido que lo acogió como a uno de sus hijos ilustres.












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