El nueve de diciembre de 1957 resultó un día luctuoso para la ciudad de Holguín, por el asesinato de seis revolucionarios que luchaban contra la tiranía de Fulgencio Batista Zaldívar, y pagaron con sus vidas sus ansias de libertad para la sufrida Cuba.
El 23 de noviembre de ese año, en un céntrico local que ocupaba la Cuban Air en la ciudad de Holguín, actual capital de la oriental provincia del mismo nombre, un comando revolucionario ajustició al sanguinario coronel de la tiranía batistiana, Fermín Cowley Gallego.
Ese tristemente célebre personaje, desde que ocupó la jefatura del Regimiento Militar número Siete de Holguín, el cuatro de mayo de 1956, desató una ola de crímenes y atropellos contra la población del norte oriental.
Se contaban entre sus más sonadas fechorías el asesinato de 16 expedicionarios del yate Corynthia, y la masacre de 23 revolucionarios en diciembre de 1956, en un hecho que la historia registró como Las Pascuas Sangrientas.
Para que sus crímenes no quedaran impunes, la Dirección del Movimiento 26 de Julio ordenó el ajusticiamiento revolucionario del sanguinario coronel batistiano, y para cumplir tan riesgosa misión se integró un comando que comenzó a chequear sus habituales movimientos.
Tras varios fallidos intentos, la ocasión se presentó en la fecha antes mencionada, y el connotado esbirro resultó ajusticiado revolucionariamente, y como era de esperar, desde La Habana fue enviado el teniente coronel Irenaldo García Báez, con la misión de atrapar a los ejecutores.
Hubo un notable incremento de la represión que desató una serie de detenciones, interrogatorios y torturas. Entre los muchos detenidos se encontraban seis valerosos revolucionarios: Rubén Bravo Álvarez, Atanagildo Cajigal Torres, Ramón Flores Carballosa, Mario Pozo Ochoa, Manuel Angulo Farrán y Pedro Rogena Camayd.
Todos eran militantes del Movimiento 26 de Julio, forjados en la lucha, y a pesar de las crueles torturas a que fueron sometidos no dijeron ni una palabra que pudiera comprometer a sus compañeros revolucionarios.
Tan digna y viril actitud resultó el detonante para que los esbirros de la tiranía, con el pretexto de trasladar a los detenidos hacia la ciudad para celebrarles juicio, los ultimaran en la madrugada del nueve de diciembre a las puertas de Holguín.
Hoy en ese sitio se levanta un monumento representado por seis columnas truncas, que simbolizan a aquellos valerosos mártires de la patria, que cada nueve de diciembre reciben en sentido homenaje el testimonio de gratitud eterna del pueblo holguinero.












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