Desde que las tropas del Ejército Rebelde bajaron de la Sierra Maestra en la provincia de Santiago de Cuba, el nombre de Celia Sánchez fue familiar y se multiplicó entre el pueblo.
Celia Sánchez Manduley, la revolucionaria más excepcional
En la clandestinidad ya se había convertido en Norma, Aly, Carmen, Liliana, Caridad, y aunque prefería pasar inadvertida, los cubanos conocían de sus luchas contra el régimen de Fulgencio Batista.
Organizó a los campesinos para que apoyaran a los expedicionarios del yate Granma, su contribución al establecimiento del naciente Ejército Rebelde del que fue una de sus primeras mujeres en empuñar un arma, y figuró entre las promotoras de la creación del pelotón "Mariana Grajales".
Frente al Golfo de Guacanayabo, en Media Luna, con mañana de sol radiante, Acacia Manduley Alsina traía al mundo, aquel nueve de mayo de 1920, una preciosa niña de nueve libras y 12 onzas. El padre, Manuel Sánchez Silveira, anunciaba el alumbramiento de quien fue registrada como Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley.
Creció sana, fuerte, amorosa; desprendida al extremo que los días de Reyes repartía juguetes que compraba con sus ahorros de todo el año; tan martiana, que un día escaló con su padre a lo más alto del Turquino para colocar un busto del Apóstol José Martí, por cuyas ideas de libertad de independencia tanto luchó.
Esa menuda mujer que tanto amó la naturaleza, la justicia y a los humildes y solía llevar una flor de mariposa prendida en su pelo; heredó el humanismo y el valor de su padre, la sensibilidad y ternura de la madre; el patriotismo, fidelidad y estoicismo de las madres de Calixto, los Maceo, Frank y Josué País, Fidel y Raúl Castro.
Como miembro del Movimiento 26 de Julio, colaboró con Frank País, y desde que subió a la Sierra Maestra el 19 de marzo de 1957 estuvo al lado de Fidel Castro, con quien compartió combates, preservó celosamente sus documentos, lo acompañó en la Caravana de la Victoria, y fue la eficiente secretaria del Consejo de Ministros. Ella, - haciendo suyos los problemas del pueblo - ayudaba a resolverlos con modestia y la mayor devoción revolucionaria.
Para “La tía”, como solían llamarla cariñosamente, nada le era ajeno: se preocupaba por el pueblo, por sus compañeros, por las mujeres, ancianos, niños, y por la familia campesina.
Compartió, defendió y promovió las ideas de Fidel Castro, a quien acompañó en jornadas de trabajo productivo.
Mucho tuvo que ver con la fundación y funcionamiento del Instituto de Amistad con los Pueblos (Icap); aportó tiempo y energías para la construcción del Parque recreativo Lenin para los niños cubanos, la Casa de los Cosmonautas y el Palacio de Convenciones; y aunque nos falta su presencia física desde el 11 de enero de 1980, ella continúa entre nosotros, trabajando por la vida, construyendo el futuro.
Celia no tuvo descendencia, pero fue considerada con toda justeza como madre adoptiva de los cubanos. Razón por la cual, este nueve de mayo, día que marca el centenario de su nacimiento, resumimos en ella todo el amor, reconocimiento y felicitación a las progenitoras, porque Celia se casó con la revolución, preservó la memoria histórica, y tenía el don especial de proyectar su imagen sobre su mismísima sombra, para convertirse en madre de la gente.












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