Influido por el barroco español y el genial Salvador Dalí, Julio César Rodríguez Aguilar es un talentoso pintor, que en poco tiempo ha sabido ganarse miles de admiradores entre público y crítica, que siempre refleja, en cada exposición de este creador, sus valores como gran maestro en el mundo de la plástica universal.
Con el he conversado un par de veces y no basta otra oportunidad para saber que ama la pintura y la naturaleza, cuyos elementos los inserta inteligentemente en sus creaciones. Luego de conocer, durante años, sus obras me lo encontré casualmente en casa de un amigo, donde primero conversamos informalmente y luego concertamos esta conversación.
¿Cómo llegaste al mundo de la pintura?
-Nací para pintar. Para ser lo que soy. Me acuerdo cuando llegué a la ciudad de Holguín, a los cuatro años, pero como viajaba mucho entra las provincias de Granma y Holguín veía muchos autos. Yo residía en el reparto Nuevo Holguín y al lado de mi edificio había otro en construcción y observaba los movimientos de los obreros y maquinarias de construcción y cuando tenía un espacio en una hoja en blanco dibujaba. Ese fueron mis inicios. Me encontré un libro de la aviación rusa y en un espacio de ese mismo texto dibujaba carritos y aviones.
¿Qué otras influencias tuviste en ese etapa?
-Tenía la Escuela Vocacional de Arte cercana a mi casa y yo decía que iba a estudiar allí, porque oía la música que salía de ese edificio. Me paseaba por las aulas donde impartían pintura, jugaba por los pasillos de esa institución. También me destacaba en el círculo infantil en los trabajos prácticos de pintura.
En la enseñanza primaria sobresalí como monitor de artes plásticas y como tenía la Escuela de Arte cerca me alimentaba mucho de los conocimientos que se impartían allí.
Luego tuve un acercamiento, en mi propia familia con mi hermano Reynaldo Rodríguez, aunque la motivación estaba desde antes, como te dije en el comienzo de esta plática.
¿Conservas obras de esa etapa?
-Yo conservo obras de cuando tenía 12 años y cursaba estudios en la Escuela Vocacional de Artes y aquel tiempo fue de una entrega total. Tenía ansias de exponer, de superarme.
Después nacieron todos los antecedentes de mi obra. Durante mis tres años en la escuela me alimenté mucho de todos los conocimientos de Historia del Arte, de la pintura clásica y la del siglo XX.
¿Qué influencias de la pintura universal has tenido en tu vida como pintor?
-El barroco español me gusto mucho y los pintores: José Rivera y Morillo, así como los grandes del siglo XX influyeron decisivamente en mi. Leí mucho sobre estos. Estudié las tendencias. Hice abstraccionismo, cubismo, puntillismo y perfomance. Todo esto lo hice en el nivel elemental, dentro de la escuela.
Pero fue una tendencia y un pintor quien me marcó: el surrealismo y el genial Salvador Dalí, así como su influencia por la mezcla de lo viejo y lo moderno, lo cual permeó mi obra hasta hoy en día.
Aunque en ese sentido criticaban a Dalí, porque el manipulaba esa mezcla y manejaba a la perfección a la Academia Clásica.
¿Qué conocimientos tomaste de esa Academia Clásica?
-Me “adueñé” del trabajo con la figura humana, el naturalismo, las gamas de colores, el realismo, así como el dibujo y su protagonismo, porque el buen dibujo lo es todo para el pintor.
Después de esta etapa (1998-99) de copiar, como ejercicio profesional, para responder algunos pedidos y por necesidades económicas, entré con fuerza con obras personales y fue el comienzo de una motivación para consolidar mi trabajo.
¿Cómo fue ese arranque en tu carrera como excelente pintor?
-Tenía un lienzo en blanco en mi habitación. Un día me levanto y no sabía qué hacer. Yo tenía los condimentos para tener el sello de mi obra, obra que busco hoy en día…Lo que pasa es que soy un inconformista con lo que hago, porque la obra nace y se transforma como la vida. Hay cuadros en mi trayectoria que reflejaban lo que me pasaba en ese momento y es que el verdadero arte es así.
¿Qué haces con los cuadros que no te complacen?
-Cuando pinto un cuadro lo termino. No soy de esos pintores que borré un cuadro. No soy indeciso. Lo doy todo en mi obra. Soy seguro cuando pinto mis creaciones y no hago parches. Una obra de arte es como un ser humano y su personalidad. Cuando termino una pintura esta tiene su “personalidad” y ya no se puede cambiar, porque tiene reflejado un estado de ánimo, un “ángel” plasmado por mí.
¿Por qué disfrutas de la figura humana en tus creaciones?
-Porque es la parte figurativa que requiere de conocimientos más amplios: dibujo, color, contraste y todo lo que tiene que ver con las luces, sombras. Disfruto de las manchas, las veladuras de color, los empastes, los golpes de pincel, los efectos de brocha. Es por eso que mi obra es una mezcla de figuración con expresionismo.
¿Qué colores prefieres para pintar?
-Prefiero la gama fría y cálida, donde está la una, esta la otra. Esta en dependencia de cada cuadro.
¿Cuál es el cuadro más hermoso que has pintado en tu vida?
-Son varios, pero para mi es muy difícil contestar tu pregunta. Cada etapa de mi vida como creador tiene un cuadro hermoso.
Pero siempre hay una obra que admiramos más, como pasa en el mundo de la música, la literatura, la arquitectura…
-Te puedo decir que en el año 2000 expuso una obra “La transfiguración del Angelote”, que fue el lienzo que tenía en mi habitación y no sabía como pintarlo, que ahora se encuentra en una exposición en Nueva York, EE.UU. Ese es un cuadro hermoso y a partir de el mi carrera en el mundo de la plástica no ha parado.
Quizás ese ángel influyó de manera especial sobre ti….
Desde ese momento hubo una influencia mística en mi obra. Yo no pinto solo por pintar, si no por decir algo en mis creaciones…
¿Qué es lo que no te gusta pintar?
-No soporto el paisaje, aunque lo he hecho y he pintado una palma real, una hoja, el cielo…Me gusta el cielo. Lo que hago realmente en mi caso es tomar los elementos del paisaje para incorporarlos a los seres humanos y los reflejo como elementos simbólicos en mis obras. Es hacerlos míos para dar una idea nueva como hace el pintor belga René Magritte, quien influyó en mi porque tomaba los símbolos del paisaje y los hacia suyo, los convertía en símbolos propios de su obra.
Te puedo decir que en mi caso yo trabajo con la paloma, que representa a la paz, pero en mi obra ese significado yo lo transformo para reflejar, con esa misma paloma, la pureza.
Recuerdo que, cuando los ataques terroristas del 11 de Septiembre de 2001 contra las ciudades de Nueva York y Washington y los ataques con el ántrax, pinté el cuadro “La sorpresa del cartero”, que es una paloma que brota de una misiva y en esa misma obra plasmé un pensamiento optimista para la humanidad: “Moja en néctar las palabras de la desolación, olvida y has una vida nueva y brinda por los nuevos ánimos”.
¿Por qué incorporas, a veces, tu figura dentro de tus cuadros?
-No tiene que ver nada con el hedonismo, porque es una necesidad artística. Cuando hice la exposición “Transfiguraciones de una naturaleza imprevista” yo tenía un objetivo, que lo mantengo hasta hoy, y es la mezcla naturaleza conocida, mi naturaleza interior y el ser humano mezclado y como parte de ella.
Recuerdo ahora a un pensador que dijo: “vamos a hablar de los hombres, pero voy a hablar de mi que es lo que tengo más cerca”. Lo hago así porque yo soy el pintor que vive su obra y la mística funciona en mi como un desenlace de mi mano. El primer autorretrato lo hice por una necesidad de unir naturaleza y ser humano.
No hay naturaleza sin ser humano, porque este es parte de ella. En “Y mi condena” estoy gritando porque hago lo que me gusta, y seguiré apareciendo porque soy un personaje más de los escenarios que creo. Pero lo hago de forma intermitente. Mi caso no es igual al de Frida Kahlo.
¿En tu obra cada cuadro es diferente, aunque algunos tienen elementos comunes?
-Mis cuadros son muy distintos, uno de otro, porque necesito ilustrar siempre algo nuevo, una idea renovadora, que tenga que plasmar en cada momento.
¿Cómo es el escenario donde pintas?
-Me gusta pintar en soledad. Es cuando estoy viviendo mi cuadro y para eso, en ocasiones, necesito oír música, pero no tolera a nadie detrás de mí. Mi momento creador es como un monologo conmigo mismo. Es un momento de “teatralidad”, de magia en mi creación.
A veces las noticias resaltan subastas de cuadros de pintores famosos en millones de dólares, ¿qué piensa al respecto?
-Evidentemente en el mundo actual hay extravagancias por parte de instituciones que desean ganar dinero y por otro lado de gente que tiene tanto capital que no sabe qué hacer con el. Pero creo que el verdadero arte nunca se puede evaluar en efectivo, aunque muchas personas viven una vida banal y pagan millones de dólares por un tener un Vincent van Gogh, pero algunos de ellos no les preocupa esa obra de arte.
En mi caso existen coleccionistas privados que tienen obras mías, porque valoran mi talento. Pero mi satisfacción es que lo que he hecho ha sido con escuela, oficio y seriedad. Mis cuadros son visiones, ventanas al mundo con pequeñas historias y convivencias formales.












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