La familia Cruz Samada se incorporó completa al movimiento 26 de julio y trabajó en la clandestinidad lo que permitió con sus acciones que el poblado de Cueto alcanzara la definitiva independencia el 27 de diciembre de 1958.
Dos hembras y siete varones eran todos miembros de una célula en la zona de Barajagua y tenían diferentes funciones, Israel era el financiero, Carlos que era el mayor de todos se desempeñaba como jefe de acción y sabotaje, Mario era el responsable de Propaganda y el resto de los hermanos eran miembros que cumplían misiones.
Teresa la madre confeccionaba alforjas que luego llenaban de armas y eran cargadas por las mujeres debajo de sus faldas. Indalecio el padre apoyaba a tal punto que ante la preocupación de la madre el padre le dijo: deja que los muchachos hagan lo que crean posible.
A sus 79 años Rolando Cruz Samada uno de los integrantes de esta familia narró:
“El movimiento 26 de julio en Cueto se funda en el año 1955, para esa fecha yo tenía 15 años y mi hermano era el Jefe del movimiento en el pueblo y mi otro hermano era su segundo. Nosotros formamos una célula de muchachos jóvenes de Cueto, entre ellos estaba Rubén Cassaus y empezamos a hacer algunas cosas por la libre, ya después nos llamaron para que nosotros nos integráramos de forma oficial”.
“Yo me convertí en un momento determinado en casi un ayudante personal de mi hermano, eso me permitió conocer muchas cosas. Es decir, estuve al tanto de todas las actividades que se realizaron en el pueblo como por ejemplo, la huelga por la muerte de Frank País, que no la organizó nadie fue espontánea, la población se sumó por haber visto a un compañero tan valioso asesinado”.
“Había un núcleo fuerte de mujeres, se hacían alforjas para cargar armas y era excesivo el peso que algunas muchachas de esas soportaron en algunas oportunidades, porque eran las armas, las balas y las dinamitas, a una de ellas al bajar del tren, siempre la estábamos esperando, se le rompió un tacón del zapato por el peso que traían pero, además, llegaban por lo general con un gran dolor de cabeza, por las emanaciones de la pólvora que no se siente pero se va acumulando en el organismo y le causaba dolores de cabeza, náuseas”.
“Mi madre era la que por lo general hacía las alforjas, eran como unos bolsillos grandes, de tela fuerte, y se amarraban con una soguita en la cintura, arriba se ponían unas faldas anchas que se usaban, entonces las muchachas ponían las armas en el vientre y con esas alforjas iban hasta Santiago de Cuba a buscar armas, a llevar documentos, también ella misma trasladó algunos papeles”.
“Algunas de las actividades más sonadas que hizo el movimiento allí fue el día 13 de marzo de 1958 cuando se conmemoraba el primer aniversario por la muerte de José Antonio Hecheverría cuando las muchachas que habían en el Movimiento 26 de Julio propusieron hacer una misa para recordarlo. Estaba Cuca Gendy, Adita Samada, Excelsa Samada y varias más,”.
“Efectivamente se organizó la Misa, fuimos temprano para el Templo, en aquel momento había un sacerdote español, muy buena persona, Ramiro Riva, me acuerdo de él siempre, y le hablamos y dijo que sí; el día pactado cuando llegamos al templo ya habían policías a sus lados, rodearon todo e, incluso, dentro ya habían soldados con armas largas, con fusiles”.
“Teníamos el propósito de cuando se finalizara la actividad sacar una bandera cubana y cantar el Himno Nacional pero al ver que la situación estaba allí demasiado tensa, no se hizo, aquello parecía que era una bola de dinamita con la mechita ya pegada porque la tensión que existió fue muy grande”.
“Habían otras personas, por ejemplo, mi hermano era masón y así varias gentes que no eran creyentes o que eran de otras iglesias y, sin embargo estaban allí”.
“Se dio la Misa, las mujeres iban vestidas con los colores de la bandera del 26, blusas rojas y sayas negras y viceversa. Era un desafío, le estábamos dando una bofetada al régimen”.
“Se leyó por Cuca Gendy una Proclama que había hecho el Arzobispo de Santiago de Cuba llamando a los fieles a la paz, ante la situación que vivía el país, el sacerdote cuando terminó su Misa, salió rápidamente para la sacristía, que estaba pegada a la casita donde él vivía”.
“Después que terminó aquello, comenzamos a salir, en ese entonces la policía tenía una máquina y empezó a tirársela arriba a algunas personas, entre ellos a mi hermano Monse, a Efraín, y a otros jóvenes y lo hacían para asustarlos”.
“Mi hermano trabajaba en la farmacia Bustamante y a las pocas horas de haberse producido la Misa recibió una llamada anónima diciendo que Monse se perdiera porque lo iban a matar, ese fue el primero de los hermanos de nosotros que tuvo que salir inmediatamente del pueblo, se buscó un medio y se trasladó del lugar para una Finca en los montes de San Luis, otros compañeros también fueron amedentrados y eso causó un cambio de táctica para el movimiento, aunque fue una contribución grande porque ya sabíamos que contábamos con el apoyo del pueblo”.
“La actividad fue una expresión de solidaridad del pueblo en contra de aquel régimen que sonó fuera del entorno de Cueto”.
“Otra de las actividades fue en el año 1958 donde por orden de Frank País se hizo un ataque al cuartel de La Nicaro, un cuartel de guarda jurado pero que había guardias del Ejército y se conoció que habían llegado unos fusiles nuevos para reforzar aquel combate y se tomó la decisión de atacar el cuartel para tomar las armas”.
“Todo el proceso de la organización de ese ataque fue realizado por el movimiento de Cueto, allí estuvo Demetrio Monseni Villa (que después fue el que dirigió el ataque, fue Comandante del Ejército Rebelde, jefe de la columna 20 del Ejército del Segundo Frente Oriental) estuvo en mi casa en las coordinaciones porque había que esperar la llegada por Santiago de Cuba de ropa, botas, armas, todo eso por ferrocarril y nosotros lo trasladaríamos para un lugar determinado”.
“Cuando se iba a realizar el ataque recibimos en varios grupos alrededor de 22 o 24 compañeros de Santiago de Cuba para integrarse, había uno que venía con un pañuelo en la boca, así lo íbamos identificando, mi hermano se encargaba de trasladarlos”.
“Se preparó y realizó el ataque, fue herido un hermano del Comandante Daniel, Freddy Ramos Latour que se pasó varios días escondido en un monte sin atención médica después lo llevaron a mi casa para mandar y se mandó a buscar a Mino, a Marcelino González Serrano que era del movimiento y en mi casa fue atendido, era la primera cura, una bala se había alojado en la espalda, luego mi cuñada lo trasladó hasta Santiago de Cuba y, allí, se lo entregó a la familia, fue una operación donde el movimiento de Cueto se vió implicado”.
“En el 1958 tuvimos que salir de Cueto porque la presión era mucha. Llegó Proenza, el papá de Manrique que era un matador Nato, fue el que asesinó a Alcides Pino, a Rafael Orejón que fue el primer mártir de las Pascuas sangrientas y fue de los que participó en el asesinato de Rubén Cassaus. A los pocos días de terminada la guerra fue juzgado”.












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