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Debemos actuar y no sólo hablar

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El desarrollo tecnológico ha posibilitado tratar mejor las enfermedades mentales. Foto: Amauris Betancourt (Archivo)“El dogma de la enfermedad mental es una amenaza para el progreso”
Nick Craddock. Profesor del Departamento de Psicología y Neurología.
Escuela de Medicina de la Universidad de Cardiff.


El 10 de occtubre de cada año se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, esta iniciativa pretende recordar la importancia de la salud mental en la vida de todos, y sirve para llamar la atención sobre el aumento de las enfermedades mentales en nuestra sociedad, así como la falta de medios en la atención a las personas que sufren este tipo de trastornos y sus familias en muchas regiones del mundo.



Este día supone una oportunidad para reclamar los derechos de las personas con enfermedad mental y sus familiares, así como para denunciar la situación de discriminación que todavía se mantiene ante estos enfermos.

Dice Nick Craddock: “Si bien muchas personas apoyan la necesidad de comprender mejor la salud mental, incluso individuos sumamente inteligentes o de actitudes abiertas, con frecuencia sostienen opiniones dogmáticas, aunque desinformadas, sobre la enfermedad mental. Este pensamiento se extiende a científicos biólogos, ganadores del Premio Nobel e incluso miembros de paneles de otorgamiento de subsidios”.

El Día Mundial de la Salud Mental tiene por objeto sensibilizar a la población acerca de los problemas de salud mental. Su celebración contribuye a fomentar un debate más abierto sobre dichos trastornos y a promover la inversión en servicios de prevención, sensibilización y tratamiento.

Muchos países cuentan con menos de un especialista en esta área de la medicina por cada millón de habitantes. Es más, una parte considerable de esos limitados recursos va a parar a los grandes hospitales psiquiátricos y no llega a los servicios que se prestan en la comunidad; lo que no sucede en Cuba, que cuenta con una red de atención de salud mental en la Atención Primaria de Salud (APS).

En la mayor de las Antillas existen Centros Comunitarios de Salud Mental en todos los municipios, que brindan una variada gama de alternativas terapéuticas. Nuestras cifras de psiquiatras por habitantes se corresponden con las de países desarrollados.

Pero en otras partes del mundo, como ya he señalado, existen diferentes y dolorosas realidades. Las cifras disponibles muestran que la mayoría de los niños que necesitan atención no reciben el tratamiento necesario. Está claro que el tratamiento temprano de niños y adolescentes evitaría los comportamientos antisociales cuando sean adultos.

El suicidio es un problema de salud generalizado y es una de las primeras causas de muerte en la mayoría de los países. El abuso de sustancias en edades cada vez más tempranas es otro problema mundial del que Cuba no escapa, aunque la incidencia sea menor.

La elaboración de estrategias apropiadas que enfoquen a la salud mental de niños, adolescentes, adultos y personas de la tercera edad, además del mejoramiento de los servicios especializados puede tener un impacto positivo muy fuerte, son objetivos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Organización Panamericana de la Salud (OPA).

La Asociación Mundial de Psiquiatría (AMP), en Asamblea General realizada en Atenas, Grecia, el 17 de octubre de 1989, adoptó la “Proposición y Puntos de Vista de la AMP sobre los Derechos y la Protección Legal de los Enfermos Mentales”. En ella se postula que las personas que sufren una enfermedad mental deben gozar de los mismos derechos y libertades básicas que otros ciudadanos. No deberán estar sujetas a una discriminación por razones de una enfermedad mental.

Los enfermos mentales tienen el derecho de recibir un trato profesional, humano y digno. Deben ser protegidos contra la explotación, el abuso y la degradación, de acuerdo con las normas éticas de la Declaración de Hawai, revisadas y aprobadas por la Asamblea General de la Asociación Mundial de Psiquiatría en Viena, en 1983. Ella destaca que el psiquiatra debe servir a los supremos intereses del paciente, de acuerdo con los conocimientos científicos y principios éticos aceptados.

Los pacientes psiquiátricos deben ser tratados de acuerdo con las mismas reglas que los otros pacientes con otro tipo de enfermedad, favorecidos por el hecho de que la gran mayoría de aquellos pueden ser tratados de manera informal y voluntaria, en condiciones ambulatorias y sin hospitalización.

Las personas con enfermedad mental pueden ejercer todos los derechos civiles, políticos, sociales y culturales, como está reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Al mismo tiempo toda persona que padezca una enfermedad mental tiene el derecho a vivir y trabajar, en la medida de lo posible, en la comunidad.

Ya están muy lejos los tiempos en que los pacientes psiquiátricos eran llevados a instituciones distantes de las ciudades, donde hasta le colocaban grilletes como si fueran prisioneros. La tendencia de la psiquiatría contemporánea es que estos pacientes permanezcan en su medio habitual, y sea allí donde reciban su atención y tratamiento. La hospitalización es un recurso válido, pero sólo cuando han fallado las intervenciones a nivel comunitario.

La salud mental, al igual que la salud general, no es sólo responsabilidad del sector salud. Se requiere de la participación intersectorial y de los miembros de las comunidades para cambiar pensamientos, actitudes y prácticas inadecuadas hacia estos enfermos, muy enraizadas en la población a través de los tiempos.

El Profesor Nick Craddock nos invita a un nuevo análisis: “Consideremos la suposición común de que toda depresión es consecuencia de la incapacidad para enfrentar la vida, una debilidad de carácter. Si bien esta opinión puede ser válida para la depresión leve, es inadecuada para la depresión severa”.

“Por el contrario, pocas personas se sentirían cómodas haciendo generalizaciones similares acerca de las causas y el manejo de la enfermedad cardiovascular severa (por ejemplo, infarto de miocardio) basándose en sus observaciones de personas que se quedan sin aliento al hacer ejercicio”.

El Día Mundial de la Salud Mental nos convoca a que todos adoptemos actitudes abiertas y que nos basemos en la evidencia y no en los prejuicios. Esto incluye a los administrativos del sector salud, los políticos, a los profesionales, a los investigadores, y a toda la población donde pueden encontrarse seres humanos sensibles.

Es hora de cambiar, positivamente, pensamientos, actitudes y prácticas para no estigmatizar. Por el bien de todos aquellos cuyas vidas se ven afectadas por la enfermedad mental severa, debemos actuar a su favor y no sólo hablar.


Israel Manuel Fagundo Pino
Author: Israel Manuel Fagundo PinoEmail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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