El creciente protagonismo de Bernie Sanders en las primarias de Estados Unidos tensa hoy la cuerda electoral de cara a noviembre hacia extremos opuestos entre demócratas y republicanos, al augurar un posible duelo final entre el candidato progresista y el ultra-conservador Donald Trump.
La victoria del senador autotitulado “socialista democrático” en la consulta del estado de Nevada confirmó la tendencia hacia su nominación por el partido azul registrada en los caucus de Iowa, el 3 de febrero, y los de New Hampshire, el 11, pero también originó sentimientos encontrados, tanto entre aliados como entre enemigos.
El camino triunfal del senador de Vermont y sus radicales propuestas sociales despertó expectativas en amplios sectores sociales, en especial los más pobres, y develó como nunca antes las antípodas entre un posible candidato progresista y otro representativo del más rancio conservadurismo.
Tales avances hacia una nominación azul concretada en un aspirante con esas tendencias contrarias de facto al modelo del establishment imperante en Estados Unidos provocó una ola de reacciones opuestas entre líderes del sistema político, comprendidos los moderados del Partido Demócrata, y sus colegas candidatos, empeñados en cortarle el paso.
Sanders, por su parte, mantiene su fórmula de apoyo en minorías de todos los grupos etarios, excepto los mayores de edad, mientras analistas y medios de prensa lo califican como “apuesta demócrata más probable”, “victoria rotunda”, “favorito en la carrera por la nominación demócrata”, “imparable”, o “claro vencedor”.
La compañía de estudios electorales Edison Research atribuye esa escalada victoriosa del candidato de 78 años al apoyo de jóvenes y latinos (entre ambos representan, un tercio del electorado); blancos con educación universitaria; empleados sindicalizados o no; así como demócratas liberales, moderados y conservadores.
En otras palabras, “una coalición multigeneracional y multirracial que va a barrer el país”, como la describió el propio Sanders antes de iniciar las primarias de Nevada, el primer estado en lo que va de campaña donde la composición racial es diversa (30 por ciento de latinos y 10 por ciento de afroamericanos).
El mensaje de Sanders se basa en temas de justicia social y económica con planes fiscales para redistribuir la riqueza, sobre todo mediante la atención médica universal a todos los estadounidenses, lo cual es también acogido entre un diapasón más amplio de votantes demócratas, liberales o moderados e, incluso, en otros sectores poblacionales.
“Creo en una sociedad civilizada democrática en la que la atención a la salud es un derecho humano”, admite Sanders, quien en Nevada logró un 46,6 por ciento de respaldo, reforzó los avances de Iowa y New Hampshire y dejó atrás al exvicepresidente Joseph Biden (19,2 por ciento); al exalcalde Pete Buttigieg (15,4); y a la senadora también radical Elizabeth Warren (10,3).
Especialistas dentro y fuera del país subrayan la probable continuidad de esa cadena de victorias en los próximos tres itinerarios, en medio de la actual carrera estadounidense de seis meses hacia las convenciones nacionales de ambos partidos y, finalmente, las elecciones del tres de noviembre.
Al senador por Vermont le esperan además otras dos complejas etapas previas a noviembre, en medio de un contradictorio panorama en el que, aunque el 95 por ciento de los demócratas estima las desigualdades económicas como un gran problema del país, el poder político de los súper ricos signa las elecciones.
La primera de esas grandes fases eleccionarias es el Supermartes del tres de marzo en 14 estados de grandes poblaciones latinas que pueden decidir, como California (495 delegados) y Texas (261); y la segunda será la Convención Nacional Demócrata del 13 al 16 de julio en Milwaukee, Wisconsin.
Ese Supermartes, que abarcará un tercio del total de los cuatro mil 750 delegados de la campaña (solo se han puesto en juego hasta ahora unas decenas de los mil 990 necesarios para la nominación), será determinante para conocer quién puede ser el posible contrincante demócrata que enfrentará al presidente y candidato republicano Donald Trump.
Pero aún a la distancia de esos sucesos comiciales y a contrapelo de la creencia generalizada de hace algunas semanas respecto a que esa figura podría ser el exvicepresidente Joseph Biden o el exalcalde de Nueva York y multimillonario Michael Bloomberg, la personalidad de Sanders se impone ya a la cabeza de cualquier lista de pronósticos.
Encuestadoras y medios periodísticos coinciden en que el senador progresista tiene las vías expeditas hacia “una clara pluralidad de delegados a finales de marzo y, algo que sería determinante, pudiera llegar a mayo con una mayoría de delegados”.
Para otros entendidos, el político de Vermont, además de obtener más votos en cada uno de los tres primeros estados, tiene más ímpetus que todos sus rivales y más dinero que ellos, exceptuando a los multimillonarios Bloomberg y Tom Steyer, tercero y séptimo en los sondeos y dos de los 607 estadounidenses dueños de más de mil millones de dólares.
Sin embargo, muchos escollos tendrá que afrontar aún el defensor de cambios contrastantes con las plataformas de cualquier político local de cualquier época, e, incluso, distantes para el más idealista de los ciudadanos de Estados Unidos, un país cuya población nunca ha incluido entre sus opciones a un candidato tan inclinado hacia la izquierda.
De acuerdo con fuentes como el sitio digital www.opensecrets.org, ya se detecta incluso la acción de grupos de presión “anti Sanders” integrados para detener su acometividad hacia la nominación demócrata, mediante la inversión de millones de dólares en publicidad.
Por otro lado, entidades investigativas como la socialdemócrata Tercera Vía (Third Way), consideran que la agenda de Sanders lo torna inelegible para competir por la presidencia de Estados Unidos frente a Donald Trump, quien, pese a su impopularidad formal, se devela como el casi seguro candidato nominado por los Republicanos.
(Con información de Agencia Cubana de Noticias)












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