No hay que ser entendido, ni estadístico profesional en béisbol para percatarse del comienzo feliz que ha tenido el conjunto holguinero en la Sexagésima Serie Nacional de la pelota élite cubana.
Sería un error creer que es un hecho casual y mucho menos fortuito. Tampoco es correcto pensar que el nivel del deporte nacional ha descendido tanto como para justificar el desempeño bueno, regular o malo de uno u otro equipo.
Vayamos por parte. Desde hace casi dos décadas el béisbol holguinero enseñó las "uñas". Las grandes emociones del año 2002 cuando se coronó campeón están frescas no solamente en la memoria de sus parciales.
De entonces a la actualidad, aún en medio de altibajos que lo han tenido todos los equipos provinciales, los Cachorros lograron mantenerse mayoritariamente en posiciones honorables, con independencia de errores técnico-táctico- estratégicos manifiestos, señalados públicamente en su momento.
Tampoco desestimar las exigencias (a veces extremas pero comprensibles) de la afición, sin dudas una de las mejores del país, no solo por su apego raigal a la pelota, sino porque conoce mucho de esta disciplina deportiva.*
Con lastimosa frecuencia, año por año, Holguín ha tenido bajas muy sensibles de peloteros noveles y experimentados que mucho hubieran podido aportar a las aspiraciones del territorio. Aún así los resultados han sido muchas veces plausibles.
¿Qué quiere decir esto? Entre muchas otras cosas significa que, con virtudes y defectos, hay un "semillero" de peloteros en Holguín que año por año conforman un conjunto dispuesto a darlo todo en el terreno para proporcionar un buen espectáculo y un resultado satisfactorio.
Es noticia que, a diferencia de otras series nacionales, los Cachorros han tenido este año una arrancada digna de reconocer. En tres subseries acusan cinco victorias y dos reveses. De esta manera hoy por hoy encabezan la nómina de los mejores equipos del presente certamen. Despojado de escepticismo barato, con las bajas sufridas, los efectos negativos de una pandemia aterradora y la carencia sensible de medios y recursos, quién iba a pensar que Holguín hoy estuviera en la cima y para orgullo nuestro promete resultados aún superiores.
Existen dudas acerca de si el cuerpo de lanzadores resistirá una carrera larga. Eso está por ver. Nadie puede asegurarlo, pero la Dirección del equipo ha dicho que ese picheo bien empleado puede dar mucho más de lo que podamos imaginarnos. Sabido es que el béisbol moderno no admite que un abridor se mantenga en la lomita más de cinco o a lo sumo seis capítulos. Eso no existe ya en el mundo que respeta y sabe lo que vale un brazo.
¿Y la ofensiva? Es inmejorable, mucho más si se trata de un equipo que nunca se ha caracterizado por ser gran bateador. ¿Quién llegó a pensar que hoy Holguín exhiba más de 300 de bateo colectivo, que varios integrantes estén por encima con creces de esa marca, lleguen a los 400 y más? Vivir y ver para creer.
Esa colosal y oportuna ofensiva ha venido como anillo al dedo para respaldar el picheo, al igual que la defensa, aunque es justo reconocer que una fortaleza histórica de los Cachorros ha sido ese decisivo departamento.
Cuando el picheo, la defensa y la ofensiva se combinan y funcionan es muy difícil perder en la pelota. En mi modesta opinión esa carta de triunfo hoy favorece a nuestros Cachorros que tanta alegría están dando a sus seguidores.
Algunos especialistas y aficionados pudieran pensar que es muy temprano para opinar de esta manera, pero a esos con toda la modestia del mundo yo les recuerdo que las cosas hay que decirlas en el momento preciso y ese momento es hoy que podemos decir a viva voz una frase que se ha hecho célebre entre los holguineros: ARRIBA, CABALLEROSSSSS.












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