Tras un montaje exquisito, y a pesar de no ser ampliamente mediática, se inauguró en la noche del viernes 16 de marzo la exposición colectiva ‘Inflación’ en el Centro de Arte de la ciudad de Holguín, donde se mezclan diferentes técnicas y movimientos y buena afluencia de público.
La apertura resultó atractiva para lugareños y extranjeros atraídos por la ocasión, donde la música salida de la pasión de la holguinera Ana Cecilia Bahr llegó a la altura del momento al deslizar con fuerza telúrica el arco sobre las cuerdas de su violín y hacer sublime la muestra, al interpretar las piezas antológicas: “Quiéreme mucho”, del cubano Gonzalo Roig, “Tema de amor del filme "La Gran Rebelión”, de Frank Fernández Tamayo, que hoy cumple 75 años, y “My Way”, inigualable pieza salida de lo profundo de las cuerdas vocales de Frank Sinatra y Paul Anka, aunque viene de la francesa "Comme d'habitude".
En breve y bien pensado inicio, llegaron las palabras de agradecimiento del artista participante, Hennier Delgado, y el acercamiento a la ‘verdad’ de parte del también cultor y profesor de la plástica, Ronald Guillén, también parte de la obra colectiva.
Una vez abiertas las cortinas imaginarias del amplio salón los asistentes se dispersaron en busca de lo más atractivo para sus ojos, pero los más avezados iniciaron por la izquierda, como es lo indicado, y allí mismo, servido un audiovisual de la autoría de Juan Carlos Domínguez Díez, y para seguir un cadena de obras que siguen técnicas y movimientos cultivadas en diferentes momentos de la plástica.
Así el ojo entrenado o neófito se discurre sobre obras concebidas por diferentes técnicas: acrílico y óleo sobre lienzo, impresión digital, escultura, el ya mencionado audiovisual, así como instalación.
En cuanto a movimientos artísticos, se destacan el expresionismo, abstraccionismo, grafiti sobre lienzo, surrealismo, arte pop y naif.
También la impresión digital de fotografías que marcan el ego de cada artista y, como en esta caso, donde compiten Domínguez Díez y el artista neoyorquino radicado en Nagoya, Japón, Peter Bakerlaar, con propuestas de fino corte a lo cubano del primero, y más universal del segundo.
Se reconocen obras como “Tiempo y espacio” de Juan Carlos Anzardo, una abstracción pintada sobre yute, que su autor mantiene como reliquia personal desde que la concibió en el 2002.
En esta muestra hay dos instalaciones que vistas desde la capacidad del ojo humano sería un montón de latas apiladas, o de una columna de sillas amontonadas unas sobre las otras.
Esta última instalación, llamada Tótem, donde las sillas se inclinan hacia adelante en la medida que alcanzan altura, el autor se inspiró en los ídolos que construían pueblos nativos, pero que traído a la sociedad contemporánea intenta criticar a través de su tótem de sillas aquellos que se encaminan hacia la vida “fácil”, de sentarse simplemente por comodidad, de no enfrentarse a la realidad, o sea, la de atarse al placer de la inactividad, negarse a la comunicación con la realidad objetiva para encontrar soluciones a cada valla a saltar.
Entre la sangre joven y curtida de la plástica holguinera concibieron una exposición balanceada, agradable a la vista, con exquisita técnica, abordando temáticas diversas pero igual de comprometidas con sus ideas, con el momento y el lugar que cada cual vive, intimista, diversa y a la vez universal, porque el arte llegó con la misma fuerza de las almas de estos creadores de lo sublime de la creación humana para expresarnos un mensaje que penetra por nuestros ojos, pero se plantan en nuestras almas, como ese José Martí de la mano de José Manuel Gamayo Cordero, orlado del monte que el Héroe Nacional de Cuba defendió en su obra poética, pero contemporáneo como sus ideas.











Comentarios (0)