Luis Charón Francois, chofer paramédico del holguinero municipio de Antilla, ha dedicado 32 años de su vida al sector de la Salud. Reconocido en diferentes escenarios por su integralidad, a lo largo de su carrera ha sido testigo de innumerables situaciones médicas que han dejado huella en su recorrido profesional.
Su trabajo no se limita a transportar pacientes, conduce siempre con amor y responsabilidad, porque para él no se trata de una simple labor, sino de una misión humana, especialmente cuando se trata de niños: «Triplico el cuidado en la carretera cuando transporto a tan valiosos tesoros. En esos momentos los considero mis hijos».
En su ambulancia ha traslado a muchos pacientes hasta instituciones médicas fuera del municipio, incluso hasta La Habana, y recuerda con especial cariño a dos que necesitaron atención cardiológica.
Charón habla de su ‘numerosa prole’, refiriéndose a los pacientes pediátricos que ha transportado a lo largo de los años. Para él, cada uno de ellos es parte de su familia. La conexión que establece con los niños es profunda, los ve como seres vulnerables que merecen todo el cuidado y el cariño del mundo.
En numerosas ocasiones ha donado recursos valiosos para garantizar el funcionamiento de la ambulancia. Desde tornillos, arandelas hasta piezas costosas, porque «mientras disponga de ellos, este carro no se puede parar».

Su historia es una mezcla de sacrificio y dedicación, marcada por cicatrices que no solo son emocionales, sino también físicas. En 1984 cumplió misión internacionalista en Angola y regresó con una herida en su pierna izquierda, que aún hoy le provoca cierto malestar.
«Ahora mismo llevo tres horas de pie tratando de echar a andar la ambulancia, y la pierna me duele tanto que tengo que descansar a intervalos y sentarme un rato. Pero hasta que no termine y ese motor ronronee, no me voy de aquí».
A pesar de las dificultades y los sacrificios que ha enfrentado, Charón no cambiaría su vida ni su profesión por nada. «Si me dieran la oportunidad de elegir, volvería a ser chofer paramédico», afirma con convicción.
Su compromiso con la salud y el bienestar de los demás es un testimonio de su carácter y su vocación. En cada viaje, en cada paciente, deja una parte de sí mismo, convirtiendo su labor en un acto de amor incondicional.

Con información de Milagros Puig Hernández
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