¿Es posible curar la Capa de Ozono?

Por: Indira Vania López Samé
Protección Capa de ozono

Cada 16 de septiembre todos en el planeta recuerdan una de las mayores advertencias ambientales de las últimas décadas: la necesidad de proteger la Capa de Ozono. Pero esta vez la fecha llega acompañada de una noticia que hace algunos años habría parecido difícil de imaginar: el escudo que protege a la Tierra de gran parte de la radiación ultravioleta dañina continúa mostrando señales de recuperación.

El nuevo boletín de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirma que el agujero de ozono antártico registrado en 2025 fue uno de los más pequeños de las últimas décadas. No significa que el problema haya desaparecido, pero sí demuestra que las acciones internacionales pueden modificar el rumbo de una crisis ambiental.

La Capa de Ozono se encuentra principalmente en la estratosfera y cumple una función esencial para la vida. Absorbe gran parte de la radiación ultravioleta procedente del Sol, reduciendo la exposición de seres humanos, animales, plantas y ecosistemas a niveles perjudiciales.

Cuando esta protección disminuye, aumenta la preocupación por efectos como el cáncer de piel y las cataratas, además de posibles daños sobre cultivos y ecosistemas. Por eso, hablar de ozono no es hablar únicamente de química atmosférica: es hablar de salud, biodiversidad y de las condiciones que hacen posible la vida tal como la conocemos.

El deterioro acelerado de esta capa estuvo relacionado principalmente con sustancias fabricadas por el ser humano, como los clorofluorocarbonos, utilizados durante décadas en refrigeración, aerosoles y otras aplicaciones. La respuesta internacional llegó con el Convenio de Viena de 1985 y, especialmente, con el Protocolo de Montreal de 1987, que estableció la eliminación progresiva de sustancias que destruyen el ozono.

Más de tres décadas después, este acuerdo continúa siendo una de las principales razones detrás de la recuperación observada. Los nuevos datos de la OMM aportan una evidencia concreta, mostrando un progreso óptimo. Es el segundo año consecutivo en que tanto su extensión como su profundidad estuvieron significativamente por debajo del promedio de 1990-2010.

Sin embargo, celebrar estos resultados no significa declarar la victoria. La propia OMM advierte que el comportamiento del agujero puede cambiar considerablemente de un año a otro debido a las condiciones meteorológicas y al transporte atmosférico.

De hecho, en 2025 también se registraron regiones del hemisferio norte con concentraciones de ozono inferiores al promedio. Estos cambios no contradicen necesariamente la recuperación a largo plazo, pero recuerdan que la atmósfera es un sistema complejo y que una tendencia positiva no elimina las variaciones temporales.

Por eso, una de las principales metas para los próximos años debe ser mantener el cumplimiento del Protocolo de Montreal y evitar que sustancias controladas vuelvan a la atmósfera. La vigilancia es especialmente importante porque ya se han detectado emisiones inesperadas de determinados compuestos. La OMM señala que la observación atmosférica permite identificar este tipo de emisiones y proporcionar información para que las autoridades puedan actuar.

También es necesario invertir en investigación y sistemas de observación. Se ha advertido que las estaciones terrestres utilizadas para medir el ozono han disminuido desde comienzos de siglo: de alrededor de 130 estaciones activas a unas 110 actualmente. Mantener estos instrumentos, junto con los satélites y otras tecnologías de medición, resulta fundamental para distinguir una recuperación sostenida de una fluctuación temporal y detectar rápidamente nuevas amenazas.

El futuro también exige mejorar la gestión de refrigerantes y equipos al final de su vida útil, evitar fugas, recuperar y reciclar sustancias cuando sea posible y promover alternativas tecnológicas más seguras y eficientes. La agenda científica internacional para 2026 contempla precisamente cuestiones como las emisiones no identificadas, la evolución futura del ozono, las interacciones entre la Capa de Ozono y el clima, las nuevas tecnologías y la gestión de sustancias almacenadas en equipos y materiales.

Y aunque la recuperación del ozono representa una señal positiva, la protección frente a la radiación ultravioleta continúa siendo necesaria. El nuevo boletín de la OMM subraya que la radiación UV sigue constituyendo un riesgo para la salud, por lo que la recuperación atmosférica no sustituye medidas individuales y colectivas de protección solar.

La Capa de Ozono quizá sea una de las mejores pruebas de que proteger el planeta no consiste solamente en reaccionar cuando el daño ya es evidente. También significa reconocer una amenaza a tiempo, escuchar a la ciencia y sostener una decisión durante décadas. El agujero puede estar reduciéndose, pero la responsabilidad humana no debería hacerlo.